Categoría: Energéticos

  • El agro latinoamericano enfrenta un nuevo riesgo energético

    El agro latinoamericano enfrenta un nuevo riesgo energético

    El diésel volvió a convertirse en una variable crítica para el agro latinoamericano. Estados Unidos evalúa distintas opciones para contener los precios internos del combustible y entre ellas apareció la posibilidad de limitar sus exportaciones. La medida todavía no está definida y la Casa Blanca negó que exista una decisión para aplicar una prohibición general. El secretario de Energía, Chris Wright, también rechazó un veto total y advirtió que podría reducir la actividad de las refinerías y terminar presionando otros combustibles.

    Para América Latina, la discusión es relevante porque alrededor de un tercio de su demanda de diésel se cubre con producto estadounidense. La dependencia no es igual en todos los países. S&P Global estima que Chile obtiene de Estados Unidos el 88% del diésel que importa. México es el mayor destino del diésel estadounidense por volumen y recibió cerca de 220,000 barriles diarios durante 2025. Brasil tiene mayor capacidad propia de refinación y producción, por lo que cuenta con una protección relativa mayor.

    El problema para el campo no comienza ni termina en la estación de servicio. El diésel mueve tractores, cosechadoras, camiones, equipos de riego y buena parte de la logística que conecta las zonas productivas con centros de acopio, plantas industriales y puertos. Si el combustible sube de manera sostenida, aumentan las labores por hectárea y también los fletes. Esa presión puede reducir los márgenes agrícolas y elevar el costo de colocar alimentos y materias primas en los mercados de exportación.

    El momento aumenta la sensibilidad. Los inventarios estadounidenses de diésel se mantienen por debajo de los niveles habituales y el mercado internacional enfrenta menor disponibilidad por las disrupciones vinculadas con Irán, Ucrania y Rusia. S&P Global reportó a mediados de septiembre existencias estadounidenses de diésel ultrabajo en azufre cercanas a 97 millones de barriles, frente a un promedio de cinco años de 113 millones. Al mismo tiempo, las refinerías estaban elevando su producción y las exportaciones seguían en niveles muy altos.

    Eso explica por qué una restricción estadounidense no implicaría solamente buscar otro vendedor. Los compradores latinoamericanos tendrían que competir por cargamentos procedentes de India, Medio Oriente y otros mercados. El cambio puede sumar distancia marítima, mayores costos de transporte y precios de importación más altos. Para países con poca capacidad de refinación, la vulnerabilidad sería mayor.

    La presión también llegaría en un momento de fuerte dinamismo comercial. El Banco Interamericano de Desarrollo informó que las exportaciones de bienes de América Latina y el Caribe crecieron 15.7% interanual durante el primer trimestre de 2026. Parte de ese avance provino de productos agroindustriales como soya, café y carnes. El propio organismo advirtió que mayores precios del transporte y los fertilizantes pueden elevar los costos de producción y comercialización.

    Por ahora, el escenario central sigue siendo de incertidumbre y no de una prohibición confirmada. Pero la discusión expone una dependencia que va más allá del precio del combustible. Una reducción del suministro estadounidense tendría capacidad de recorrer toda la cadena agrícola regional, desde la maquinaria y el transporte interno hasta los puertos y la competitividad de las exportaciones.

    Fuentes: AgroLatam