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    WhatsApp informa mejor pero limita el diálogo

    WhatsApp puede llevar información agrícola a muchos productores en poco tiempo. El problema es que llegar a más personas no significa necesariamente generar más aprendizaje, confianza o cambios en campo.

    Un estudio realizado en Bihar, India, analizó cómo 294 extensionistas compartieron tres videos sobre manejo de trigo. Los materiales abordaron fecha de siembra, programación del riego y manejo químico de malezas. Los investigadores siguieron la circulación de los videos y después realizaron encuestas e entrevistas para entender cómo se utilizaban.

    WhatsApp apareció como el principal canal. Los extensionistas recurrieron a esta aplicación en 70% de los casos verificados. La razón principal fue práctica. Permitía distribuir información con rapidez a productores que ya formaban parte de sus redes de contacto. Además, los agricultores podían guardar los videos, verlos después y consultarlos nuevamente cuando fueran necesarios.

    También mostró una capacidad mayor para ampliar el alcance. Los extensionistas que utilizaron principalmente WhatsApp generaron un promedio de 9.0 visualizaciones por video, frente a 4.8 entre quienes mostraban el contenido directamente desde su teléfono. En un caso se registraron 133 visualizaciones mediante un enlace compartido por WhatsApp. Los autores aclaran que estos datos muestran una asociación y no prueban que la aplicación haya causado ese resultado.

    La eficiencia también tuvo un límite. Compartir cada video mediante WhatsApp tomó en promedio 63 minutos del tiempo del extensionista, lo que representó cerca de 7 minutos por visualización obtenida. Más importante aún, solo 31% de los agricultores que recibieron los videos respondió con alguna pregunta o comentario. Los propios investigadores consideran que esa cifra podría estar sobreestimada.

    Ahí aparece la principal implicación del estudio. WhatsApp facilita la distribución del información en el agro, pero no garantiza conversación. Los extensionistas entrevistados señalaron que muchos agricultores veían el contenido sin responder. Eso dificultaba saber si habían entendido la recomendación, si podían aplicarla a sus condiciones o si tenían razones para rechazarla. Sin diálogo también se reducían las oportunidades para recibir retroalimentación y fortalecer relaciones de confianza.

    El acceso tampoco fue igual para todos. Según los entrevistados, las mujeres, los productores con menor nivel educativo y los hogares con menos recursos tenían menos posibilidades de utilizar WhatsApp. Además, la herramienta funcionaba mejor con agricultores que ya conocían al extensionista. Los productores tendían a desconfiar de videos enviados por personas u organizaciones desconocidas.

    Por eso el estudio no plantea sustituir la extensión presencial. Propone entender WhatsApp como un complemento. Puede servir para ampliar el acceso, enviar recordatorios y conservar materiales de consulta, mientras las conversaciones y demostraciones presenciales aportan adaptación, preguntas, confianza y contexto local. Los autores resumen la idea con una comparación utilizada por un extensionista de Bihar. WhatsApp funciona como un acompañamiento útil, pero no como el plato principal de la extensión agrícola.

    Fuentes: Australian National University Open Research Repository