Categoría: Fitosanidad

  • Alerta agrícola en México por la langosta voladora

    Alerta agrícola en México por la langosta voladora

    México mantiene, durante agosto de 2026, una vigilancia reforzada sobre la langosta voladora centroamericana en varias regiones del país. El Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) realiza tareas de exploración y monitoreo, incluso con drones, en zonas donde las condiciones ambientales podrían favorecer la formación de agrupaciones de este insecto.

    Las áreas señaladas como más susceptibles son Yucatán, Veracruz, la región Chahuites-Tapanatepec (entre Oaxaca y Chiapas), San Luis-Tamaulipas y Tabasco. No se trata de una alerta uniforme para todo el país, sino de una atención focalizada en los territorios donde ya existen antecedentes de presencia de la plaga y disponibilidad de alimento suficiente para sostener poblaciones grandes.

    Entender por qué esta plaga preocupa tanto requiere conocer su comportamiento. La langosta atraviesa dos fases muy distintas. En la fase solitaria, los individuos permanecen dispersos en el terreno, suelen ser verdes y pasan casi inadvertidos. El problema aparece cuando entran en fase gregaria, momento en el que comienzan a concentrarse, cambian de color hacia tonos marrones o rojizos y, si nadie interviene, pueden convertirse en mangas adultas capaces de desplazarse hacia nuevas zonas en busca de comida.

    Ahí está la clave del asunto. Una sola manga puede llegar a consumir hasta 100 toneladas de alimento verde en un día, y la dieta de esta especie incluye alrededor de 400 especies vegetales. Esa combinación (voracidad extrema más una dieta casi ilimitada) explica por qué un foco que parece menor puede convertirse, en pocas semanas, en un problema productivo de gran escala si no se detecta a tiempo.

    El antecedente más reciente que ilustra este riesgo ocurrió en diciembre de 2023, cuando se controlaron alrededor de 40 mangas en Yucatán, con daños concentrados principalmente en pastizales y monte. Ese episodio confirma que la amenaza no es hipotética y que la plaga ya ha mostrado capacidad real de expansión en territorio mexicano.

    La estrategia sanitaria, entonces, no apunta a eliminar la langosta por completo, porque no puede erradicarse definitivamente de las regiones donde ya está establecida. El objetivo es otro y quizás más realista, mantener las poblaciones bajo control mediante detección temprana. Por eso el monitoreo con drones tiene tanto peso en el operativo, ya que permite cubrir superficies extensas y localizar concentraciones que serían difíciles de identificar solo con recorridos terrestres.

    Para los productores de las zonas señaladas, esto tiene implicaciones concretas. Reconocer a tiempo cambios en el comportamiento o en la coloración de los insectos puede marcar la diferencia entre un foco manejable y una manga en movimiento. Cuando las poblaciones todavía están dispersas, las medidas de control resultan más localizadas y efectivas. Cuando ya se agrupan y comienzan a desplazarse, la respuesta necesaria es mucho más compleja y costosa.

    En el fondo, lo que está en juego durante este agosto es la capacidad de anticiparse. Una plaga que puede pasar de ser un problema puntual a una amenaza productiva en cuestión de días necesita que la vigilancia no se relaje, incluso en los momentos en que no hay mangas visibles a gran escala. La detección temprana, más que cualquier otra medida, sigue siendo la principal barrera para evitar pérdidas mayores en los cultivos y la vegetación de las regiones más expuestas.

    Fuente: Agrolatam

  • Sinaloa gana tiempo con lluvias frente a la mosquita blanca

    Sinaloa gana tiempo con lluvias frente a la mosquita blanca

    En Sinaloa, las lluvias recientes lograron algo que muchos productores esperaban con ansias, reducir la presencia de la mosquita blanca justo antes de que arranque el ciclo agrícola otoño invierno 2026/27, previsto para el 1 de septiembre. Así lo confirmó el Comité Estatal de Sanidad Vegetal del Estado (Cesavesin), que ve en este fenómeno climático una condición favorable para una de las regiones agrícolas más importantes de México.

    ¿Por qué la lluvia afecta a un insecto tan pequeño? La explicación es que el impacto físico de las gotas puede desprender a los ejemplares de las plantas, dificultando su establecimiento y creando un ambiente menos propicio para que se reproduzcan. Esto no elimina a la plaga, pero sí reduce temporalmente sus poblaciones en los lotes.

    Leonel Murillo Cárdenas, presidente de Cesavesin, subrayó que estas precipitaciones están jugando a favor de la agricultura del estado. El momento no podría ser más oportuno, ya que ocurre justo en las semanas previas al inicio de una nueva campaña, cuando las condiciones sanitarias del suelo influyen directamente en cómo arrancan los cultivos.

    La relevancia de este insecto (conocido científicamente como Bemisia tabaci) va más allá de lo que muchos imaginan. Puede atacar tomate, tomatillo, chile, berenjena, pepino, calabaza, frijol, soya, maíz y garbanzo, es decir, una parte sustancial de lo que se produce en Sinaloa. Se alimenta de la savia de las plantas y, cuando la infestación es fuerte, provoca pérdida de vigor, amarillamiento y defoliación.

    Pero el verdadero riesgo no está solo en su alimentación, sino en su capacidad de transmitir virus vegetales, entre ellos los begomovirus. Esto significa que incluso una población relativamente pequeña puede volverse peligrosa si existen plantas infectadas cerca que actúen como fuente de contagio.

    Los antecedentes también acompañan esta buena noticia. Durante el ciclo 2025/26, los niveles de plagas se mantuvieron por debajo del umbral de riesgo económico, con una afectación menor al 5%. Este dato importa porque ese umbral es el que permite a los productores decidir cuándo vale la pena intervenir frente al daño potencial de una plaga.

    Sin embargo, conviene no confundir un alivio temporal con una solución definitiva. Si las lluvias pierden fuerza y regresan las temperaturas elevadas, las poblaciones de mosquita blanca pueden recuperarse con rapidez. Por eso, las autoridades fitosanitarias insisten en mantener el monitoreo constante, sobre todo en zonas con antecedentes del insecto o con plantas hospedantes que puedan sostenerlo entre campañas.

    Entre las medidas recomendadas destacan el manejo integrado de plagas, el respeto de las ventanas fitosanitarias y la destrucción oportuna de socas y residuos de cultivos anteriores, que de otro modo funcionan como refugio para el insecto. La idea es evitar que el control dependa únicamente de productos químicos, combinando observación, prácticas culturales y control biológico cuando sea posible.

    En definitiva, Sinaloa llega al inicio del ciclo 2026/27 con un escenario favorable, aunque todavía no garantizado. Si el clima acompaña y el monitoreo funciona a tiempo, el estado podría arrancar la campaña con menos presión sanitaria. Pero si el calor regresa, la mosquita blanca puede volver rápidamente al centro de la conversación agrícola.

    Fuente: Agrolatam

  • APHIS cumple 50 años defendiendo cultivos de la mosca

    APHIS cumple 50 años defendiendo cultivos de la mosca

    Este año, el Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal de Estados Unidos (APHIS, por sus siglas en inglés) llegó a un hito que pocos programas agrícolas logran alcanzar. El Programa contra la Mosca del Mediterráneo (Medfly) cumple 50 años de operación ininterrumpida, y lo hace como una de las defensas más sólidas que existen contra una de las plagas más destructivas para la agricultura mundial.

    El programa nació en 1975, gracias a una colaboración entre Estados Unidos, México y Guatemala. Desde entonces se ha convertido en un modelo de referencia para el manejo de plagas a nivel global, algo especialmente relevante si se considera que este insecto puede infestar más de 350 tipos de frutas y verduras, lo que lo convierte en una amenaza directa para la seguridad alimentaria, el comercio y las economías agrícolas de toda la región.

    La estrategia detrás de este éxito tiene un nombre técnico, que es la técnica del insecto estéril, aunque su funcionamiento es sorprendentemente sencillo de entender. Desde la planta El Pino, en Guatemala (el centro de producción de insectos estériles más grande del mundo), APHIS y sus socios producen 1,200 millones de moscas estériles cada semana. Estas se liberan en zonas estratégicas para interrumpir la reproducción de las poblaciones silvestres, sin necesidad de recurrir a químicos agresivos.

    El resultado de cinco décadas aplicando este método habla por sí solo. California y Florida se han mantenido como zonas libres de mosca de la fruta, mientras que la presión de la plaga también ha disminuido en regiones vecinas. Esto se traduce en menos aplicaciones de pesticidas, cultivos más sanos y relaciones comerciales más estables entre los países involucrados.

    Ahora bien, lo que hace especialmente valioso este programa no es solo su antigüedad, sino lo que representa como modelo de cooperación trinacional sostenida en el tiempo. Mantener un esfuerzo conjunto entre tres países durante medio siglo, con resultados medibles y constantes, no es algo común en la política agrícola internacional. Por eso el programa se ha convertido en una referencia que ha inspirado iniciativas similares en otras partes del mundo, y que ha posicionado a Estados Unidos como un actor clave en materia de bioseguridad agrícola.

    La cifra que mejor resume el impacto económico actual del programa es contundente. Hoy protege más de 18,500 millones de dólares en producción y comercio agrícola estadounidense. Esa cantidad representa cultivos que llegan a los mercados sin la amenaza constante de cuarentenas, pérdidas o restricciones comerciales derivadas de un brote de la plaga.

    Sin embargo, el programa no se sostiene solo con infraestructura y ciencia. APHIS ha sido enfático en señalar que la vigilancia pública también importa. Viajeros, productores y consumidores tienen un papel activo en mantener esta protección, principalmente respetando las restricciones de traslado de productos frescos entre países, una medida simple que evita que la plaga vuelva a establecerse en zonas donde ya fue erradicada.

    Con 50 años de historia, el Programa Medfly demuestra que la prevención sostenida, respaldada por ciencia y cooperación internacional, puede ser más efectiva y económica que enfrentar una infestación ya establecida.

    Fuente: Fresh Fruit Portal

  • Precios bajos del agave dejan la puerta abierta al picudo

    Precios bajos del agave dejan la puerta abierta al picudo

    El agave mexicano atraviesa uno de sus peores momentos en años recientes, y esta vez el problema no es solo económico. El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) advirtió que la caída sostenida en el precio de esta planta está llevando a muchos productores a dejar de atender sus parcelas, algo que abre la puerta a una plaga que puede volverse muy difícil de controlar, el picudo del agave.

    Para entender por qué está pasando esto hay que regresar a 2019 y 2022, cuando el agave alcanzó precios históricamente altos gracias al auge exportador del tequila. Miles de productores, atraídos por esas ganancias, sembraron nuevas superficies pensando que la tendencia se mantendría.

    El problema es que la demanda de la industria tequilera no creció al mismo ritmo que la producción, así que hoy existe un excedente enorme de agave que nadie está comprando al precio que los productores necesitan.

    Los números son contundentes. En 2023, la tonelada de agave llegó a costar 18,730 pesos, su máximo histórico. Para 2025 el precio promedio ya había bajado a 12,500 pesos (una caída de 29.5%), y las proyecciones del GCMA apuntan a que en 2026 podría desplomarse hasta 4,500 pesos por tonelada, es decir, una baja acumulada de 63.8% frente al pico de 2023.

    El GCMA calcula que la industria terminó 2025 con 17 millones de piñas de agave almacenadas, y que ese inventario podría crecer hasta 50 millones de piñas en 2026 (un salto de 194%). Con reservas suficientes para cubrir 18 meses de demanda, las empresas tequileras simplemente no tienen motivo para comprar más materia prima, lo que deja a los productores sin ingresos suficientes para mantener sus cultivos.

    Ahí es donde entra el riesgo sanitario. Sin manejo adecuado, las plantaciones descuidadas se convierten en un ambiente ideal para que el picudo del agave (Scyphophorus acupunctatus) se reproduzca sin control.

    Esta plaga no solo amenaza los cultivos abandonados, sino que puede extenderse hacia parcelas vecinas que sí están recibiendo seguimiento, poniendo en riesgo a toda la cadena productiva, no solo a quienes decidieron dejar de invertir.

    Guanajuato tiene mucho que perder en este escenario. El estado es el segundo productor nacional de agave tequilero, con más de 401,000 toneladas registradas en 2024, un volumen que generó más de 7,000 millones de pesos. Junto con Jalisco y Michoacán, concentra 81% de toda la producción del país bajo la Denominación de Origen del Tequila. En 2025, además, Guanajuato exportó más de 1.1 millones de litros de tequila, con un valor superior a 13.7 millones de dólares.

    Lo que está en juego, entonces, no es solo el ingreso inmediato de los productores agaveros, sino la salud futura de una agroindustria que sostiene miles de empleos y una parte importante de las exportaciones agroalimentarias del estado.

    Si la plaga avanza sin control mientras los precios siguen deprimidos, el ciclo se vuelve más difícil de romper, porque cada vez habrá menos incentivos económicos para invertir en el manejo fitosanitario que evitaría el problema.

    Por ahora solo tenemos una advertencia, pero el margen para actuar antes de que la plaga se vuelva incontrolable depende de decisiones que muchos productores, sin ingresos suficientes, difícilmente pueden tomar.

    Fuente: Líder Empresarial

  • Jalisco tiene un plan contra la mosca de la fruta en mango

    Jalisco tiene un plan contra la mosca de la fruta en mango

    Jalisco acaba de poner en marcha un plan que podría cambiar el futuro del mango mexicano. La Agencia de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria de Jalisco (ASICA) lidera un programa integral que busca mejorar el estatus fitosanitario del cultivo, con foco especial en la mosca de la fruta, que hoy es la principal barrera para exportar sin restricciones.

    ASICA no trabaja sola. Se coordina con la Asociación de Exportadores de Mango de México (EMEX), la Secretaría de Agricultura de Jalisco y las Juntas Locales de Sanidad Vegetal. Esta alianza es relevante porque el problema de la mosca de la fruta no se resuelve solo con sanidad vegetal (también hay que atender productividad, nutrición del cultivo y organización de los productores). Es un enfoque más completo que atacar la plaga de forma aislada.

    El proyecto piloto arranca en 2026 sobre aproximadamente 1,500 hectáreas en Tomatlán, una de las zonas mangueras más importantes del estado. Ahí se instalarán estaciones cebo, se intensificará el trampeo (monitoreo constante de la plaga) y se aplicarán tratamientos localizados con drones. La meta tiene fechas concretas: Para 2027 se espera identificar huertos temporalmente libres de mosca y para 2028 buscar el reconocimiento oficial como zona de baja prevalencia. Después vendría el paso más ambicioso, que es la declaración de zona libre.

    Aquí está el corazón del asunto. Cuando una zona logra estatus fitosanitario superior, deja de depender tanto de tratamientos cuarentenarios como el hidrotérmico, que Estados Unidos exige actualmente para el mango mexicano. Ese tratamiento tiene un costo, un tiempo de proceso y puede afectar la calidad de la fruta. Si Jalisco reduce esa dependencia, los exportadores ahorran dinero y ganan velocidad, lo que se traduce en mejor posición frente a competidores de otros países que ya avanzan en la misma dirección (Guatemala, por ejemplo, también apunta a exportar mango libre de mosca de la fruta).

    Lo interesante es que el presupuesto inicial es bajo (unos 650,000 pesos mexicanos solo para las estaciones cebo), pero el proyecto se sostiene combinando recursos estatales, federales y de los propios productores, además del apoyo técnico y tecnológico de ASICA. Esto muestra que no se trata de una inversión aislada, sino de un esfuerzo colectivo donde cada actor pone algo.

    También hay una dosis de realismo en el discurso oficial. El director de ASICA reconoce que eliminar por completo las plagas es prácticamente imposible, porque forman parte del equilibrio de los ecosistemas agrícolas. La meta es mantenerlas por debajo del umbral que causa daño económico, y eso exige vigilancia permanente, no una solución de una sola vez.

    Además, advierte que el cambio climático puede generar nuevas plagas o modificar el comportamiento de las que ya existen, lo que obliga a mantener esa vigilancia de forma sostenida en el tiempo.

    Si el plan funciona como se espera, el impacto no sería solo fitosanitario. Se abriría la puerta a nuevos mercados internacionales y Jalisco reforzaría su posición como una de las principales regiones productoras de mango en México.

    Este un ejemplo de cómo la sanidad agrícola, cuando se planifica con visión de mediano plazo, termina siendo también una estrategia comercial.

    Fuente: Portal Frutícola