Categoría: Producción

  • Perú apuesta por nuevas uvas ante un mercado más exigente

    Perú apuesta por nuevas uvas ante un mercado más exigente

    La industria peruana de uva de mesa ya no se parece a la de hace una década. El cambio más visible está en las variedades cultivadas. Hace diez años cerca del 90% de la superficie correspondía a variedades tradicionales. Hoy el 85% está ocupado por variedades licenciadas. El giro es relevante porque ha permitido ajustar mejor la oferta a lo que buscan los mercados internacionales en sabor, calibre y vida de postcosecha.

    Ese recambio varietal ocurrió mientras Perú aumentaba con fuerza su presencia exportadora. En la campaña 2025/26 el país cerró con 86.4 millones de cajas exportadas, lo que significó un crecimiento de 4% frente a la temporada anterior. Además, alcanzó 23,748 hectáreas certificadas para exportación. Si se observa un periodo de diez años, el volumen enviado al exterior creció cerca de 120%.

    El dato más relevante aparece cuando se compara ese avance con el valor generado. Durante el mismo periodo, el valor FOB (el valor de una mercancía exportada hasta que queda cargada a bordo del medio de transporte en el puerto de salida) de las exportaciones aumentó alrededor de 200% y superó los US$2,000 millones en la última campaña.

    El valor creció mucho más rápido que el volumen físico. Esto sugiere que la transformación de la industria no se ha limitado a producir y enviar más fruta. También ha estado vinculada con una oferta capaz de responder mejor a las condiciones comerciales de los destinos internacionales.

    El mapa de compradores también está cambiando. Estados Unidos sigue siendo el principal mercado para la uva peruana. China, en cambio, ha perdido participación. Hace una década concentraba cerca del 20% de los envíos, pero su peso ha disminuido en parte porque aumentó su propia producción y también su capacidad exportadora. Al mismo tiempo, México ha ganado terreno como destino relevante.

    Este cambio obliga a Perú a depender menos de una sola ruta comercial. Provid trabaja junto con SENASA en nuevas aperturas fitosanitarias para ampliar destinos. La diversificación puede ser importante porque la competencia internacional no permanece estática. Un mercado que hoy absorbe grandes volúmenes puede reducir su demanda relativa si desarrolla producción propia o cambia su posición dentro del comercio mundial.

    El siguiente reto no viene solamente del mercado. Para la campaña 2026/27, el riesgo climático asociado a El Niño puede limitar el crecimiento exportador. Aunque la superficie cultivada seguirá aumentando, las temperaturas por encima de lo normal podrían impedir que ese crecimiento se traduzca en un aumento proporcional del volumen. La razón está en el efecto de esas condiciones sobre la fisiología de las plantas y sobre las curvas de cosecha. Por eso, el crecimiento del área ya no puede leerse por sí solo como una garantía de mayores exportaciones en la siguiente campaña.

    La industria peruana llega a este escenario con más superficie, mayor valor exportado y una estructura varietal muy distinta a la de hace diez años. Sin embargo, el avance futuro dependerá de algo más que seguir plantando. También será necesario sostener la adaptación varietal, ampliar mercados y gestionar mejor los efectos del clima. En ese contexto, la coordinación entre países productores del hemisferio sur adquiere mayor peso, ya que compartir información puede ayudar a anticipar cambios que afectan a toda la categoría.

    Fuente: FreshPlaza

  • Más agua en Sinaloa reactiva el debate maíz-frijol

    Más agua en Sinaloa reactiva el debate maíz-frijol

    Las presas de Sinaloa llegaron a agosto con un panorama que hace un año parecía lejano. Los embalses acumulan cerca de 5,600 millones de metros cúbicos, un volumen que más que duplica los 2,241.7 millones registrados en la misma fecha del año anterior. Ese cambio no es un detalle menor, porque en un estado donde el riego define qué se puede sembrar y dónde, tener más agua disponible abre opciones que antes estaban cerradas.

    El contexto en el que llega esta recuperación importa tanto como el dato mismo. El maíz, cultivo histórico de la región, viene arrastrando precios bajos y dudas sobre su rentabilidad. Esa combinación empuja a los productores a hacer números distintos para el ciclo otoño-invierno 2026-2027, y ahí es donde el frijol empieza a sonar como alternativa. Sin embargo, ningún análisis disponible hasta ahora asegura que esto se traduzca en un aumento real de hectáreas sembradas con la leguminosa. El agua es una condición necesaria, pero no suficiente.

    Conviene detenerse en algo que suele perderse quando se habla de porcentajes promedio. El 35% de almacenamiento general de las presas sinaloenses esconde diferencias enormes entre un embalse y otro. Mientras las presas Aurelio Benassini y Eustaquio Buelna superan el 70% de su capacidad, la Miguel Hidalgo apenas llega al 19% y la Josefa Ortiz de Domínguez ronda el 14%. Estas dos últimas son clave para el norte de Sinaloa, así que la mejora general del sistema no significa que todos los productores tengan el mismo margen para decidir qué sembrar. Algunos podrán planificar con holgura, otros seguirán limitados por la disponibilidad local de agua.

    El otro factor que puede inclinar la balanza son las lluvias de agosto y septiembre. El Consejo Mexicano del Frijol identifica una franja de actividad de precipitaciones que va desde Sonora y Sinaloa hasta Nayarit, Jalisco y Michoacán, vinculada a la Sierra Madre Occidental y al Pacífico centro. Si esas lluvias siguen alimentando las cuencas, los embalses podrían llegar al momento de programar el ciclo agrícola en una posición todavía mejor que la actual, lo cual ampliaría el margen para decidir cuánta superficie sembrar y con qué cultivo.

    Aun así, el agua por sí sola no convierte al frijol en la opción más rentable. Los productores también deben considerar los precios esperados al momento de cosechar, los costos de implantación, la disponibilidad de semillas y las posibilidades reales de venta. Si el maíz sigue ofreciendo márgenes estrechos y el frijol mantiene mejores perspectivas comerciales, es probable que parte de la superficie cambie de cultivo. Pero si la relación de precios se mueve en sentido contrario, el escenario puede revertirse con la misma rapidez con la que se armó.

    Lo que está en juego es que Sinaloa es una pieza central de la producción agrícola mexicana, así que cualquier cambio importante en su patrón de siembra puede sentirse más allá de las propias parcelas. Más hectáreas de frijol podrían mover la oferta nacional de ese grano, mientras que una reducción del maíz tendría efectos sobre uno de los cultivos más relevantes del estado.

    Por ahora, lo concreto es que los productores sinaloenses tienen un margen de decisión bastante más amplio que el que tenían hace un año. Las próximas semanas de lluvia dirán cuánta agua termina llegando realmente a los campos, y los precios de mercado decidirán después si ese margen se convierte, efectivamente, en más hectáreas de frijol.

    Fuente: Agrolatam

  • Michoacán cierra temporada de aguacate con menos volumen

    Michoacán cierra temporada de aguacate con menos volumen

    Michoacán terminó la temporada 2025/26 con una cosecha de 1.46 millones de toneladas de aguacate, según cifras del gobierno del estado. La cifra representa una caída de 27% frente a las 2 millones de toneladas reportadas en la temporada anterior, de acuerdo con un informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA).

    El dato llega justo una semana después de que Estados Unidos reanudara sus actividades oficiales en Michoacán, incluidas las inspecciones necesarias para exportar aguacate cruzando la frontera. Esa reanudación importa porque Michoacán es uno de los dos únicos estados mexicanos autorizados por el Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal (APHIS) de Estados Unidos para exportar aguacate al mercado estadounidense. Sin esa autorización activa, ningún volumen puede cruzar hacia el norte, así que cada pausa o reactivación en las inspecciones repercute de forma directa en el comercio.

    Durante la temporada pasada, Michoacán envió más de 85% de su producción a Estados Unidos, es decir 1.25 millones de toneladas. Esa cifra convirtió al ciclo en un récord para las importaciones estadounidenses de aguacate mexicano, con un incremento de 32% frente a la campaña anterior. Aquí aparece un contraste que vale la pena entender bien. La producción total michoacana bajó, pero el volumen exportado a Estados Unidos subió con fuerza en el ciclo previo. Esto sugiere que el mercado estadounidense absorbió una proporción cada vez mayor de una cosecha que, en términos absolutos, fue menor este año.

    ¿Por qué importa esta caída de 27%? Michoacán no es un productor más dentro del mapa aguacatero mexicano, es la pieza central. El estado concentra más de 70% de la superficie plantada de aguacate en todo el país, que suma 672,000 acres distribuidos en 30 entidades. Cuando la cosecha michoacana baja, el efecto no se queda en el estado, se siente en toda la cadena de abasto que depende de este cultivo, desde los empacadores hasta los distribuidores en Estados Unidos.

    El aguacate tampoco es un negocio menor para México. La industria mueve 56,000 millones de dólares. Con ese peso económico, cualquier variación de doble dígito en la cosecha de su principal región productora tiene consecuencias que van más allá del campo. Afecta precios, disponibilidad y las decisiones de compra de las cadenas de supermercados que dependen del aguacate mexicano durante todo el año.

    De cara a la temporada 2026 y 2027, la pregunta que queda abierta es si la menor cosecha fue un evento puntual o el inicio de una tendencia. La reactivación de las inspecciones estadounidenses despeja al menos una parte de la incertidumbre operativa, pero no resuelve la duda sobre qué tan estable será el volumen que Michoacán pueda ofrecer en los próximos ciclos. Mientras tanto, el hecho de que el estado siga siendo uno de solo dos autorizados para exportar a Estados Unidos confirma que buena parte del abasto aguacatero de ese mercado sigue dependiendo de una sola región mexicana.

    Fuente: FreshFruitPortal

  • Por qué Estados Unidos produce menos fruta cada año

    Por qué Estados Unidos produce menos fruta cada año

    Estados Unidos importa hoy mucha más fruta fresca que hace quince años, mientras su propia producción retrocede. Tomando el 2010 como punto de partida, las importaciones subieron 69%, y en ese mismo periodo la producción nacional cayó 32%. Ambas curvas se cruzaron en 2013 y desde entonces no han vuelto a acercarse, según un análisis de la American Farm Bureau Federation (AFBF).

    Lo primero que hay que aclarar es lo que no explica este fenómeno. No se trata de que los estadounidenses estén comiendo menos fruta ni de que la demanda se haya estancado. La población de ese país creció cerca de 10% en el mismo lapso, una cifra muy por debajo del salto que tuvieron las importaciones. Es decir, hay más gente comiendo fruta, pero cada vez más de esa fruta llega desde afuera.

    Entonces, ¿qué cambió realmente? El costo de producir fruta dentro de Estados Unidos. Entre 2020 y 2025, los plaguicidas subieron 25%, el combustible 31%, los fertilizantes 37% y la mano de obra casi 50%. Como resultado, el gasto en efectivo promedio de las granjas de cultivos especiales superó los 466,000 dólares en 2023, un incremento de 47% respecto a 2021.

    Este encarecimiento golpea con más fuerza a la fruta que a otros productos agrícolas, porque el cultivo frutícola tiene muy pocos mecanismos para absorber los golpes. Las frutas son perecederas, las ventanas de cosecha son cortas, casi no existe la opción de almacenarlas por mucho tiempo y, a diferencia de otros commodities, no hay un mercado de futuros que permita cubrirse ante una caída de precios. Cuando los costos suben y no hay forma de compensar ni de esperar a que mejoren las condiciones, muchos productores simplemente reducen superficie o abandonan el cultivo.

    Ese vacío lo están llenando las importaciones. De acuerdo con cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), en 2023 las importaciones cubrieron 59% de la disponibilidad de fruta fresca en ese país, cuando en 2007 representaban 50%. La producción nacional, en contraste, quedó en apenas 41%.

    Buena parte de ese crecimiento en importaciones sigue respondiendo a algo lógico, que es llenar huecos estacionales genuinos, en las épocas del año en que Estados Unidos simplemente no puede producir cierta fruta.

    Sin embargo, el análisis de la AFBF identifica que la fruta importada está llegando cada vez más temprano y quedándose cada vez más tiempo en el mercado. Los economistas del USDA llaman a esto “market window creep”, es decir, un desplazamiento gradual de la ventana de mercado. Y este fenómeno concentra la competencia justamente en las semanas tempranas y tardías de la temporada, que son las que históricamente le habían dado a los productores locales los mejores precios, los que en buena medida sostenían la rentabilidad de todo el ciclo.

    La conclusión del reporte no es que el comercio internacional sea el problema. De hecho, reconoce que el intercambio sigue siendo necesario para abastecer al mercado estadounidense durante todo el año. El punto de fondo es otro, y es que una base de producción doméstica cada vez más reducida deja al abastecimiento de fruta en Estados Unidos más expuesto a factores externos, como el clima en los países proveedores, la inestabilidad política en esas regiones o eventos de seguridad alimentaria que puedan ocurrir fuera de sus fronteras.

    Fuente: Fresh Fruit Portal

  • Escasez de mango en Sinaloa dejó pedidos sin surtir

    Escasez de mango en Sinaloa dejó pedidos sin surtir

    La temporada de exportación de mango en la región de Rosario, en Sinaloa, cerró con los empaques trabajando apenas al 40% de su capacidad. La razón principal no fue un problema de mercado, sino de producción.

    Roberto Crespo Durán, director de campo de Empaque Don Jorge y expresidente de la Asociación de Agricultores del Río Baluarte, explicó que una baja floración en las huertas limitó la cantidad de fruta disponible desde el origen. Es decir, el cuello de botella no estuvo en la demanda ni en la logística, sino en algo que se define meses antes, cuando el árbol decide cuánta flor produce.

    Ese detalle es importante porque significa que ni los precios altos ni la demanda fuerte pudieron compensar lo que ya se había perdido en el huerto. Crespo Durán fue claro en que la oferta simplemente no alcanzó para surtir los pedidos, y que la situación fue especialmente crítica en Estados Unidos, y también en Europa, Canadá y Japón. Cuando un mercado no logra recibir la fruta que pidió, no se trata solo de una venta perdida para un exportador, sino de una señal de que ese proveedor pierde terreno frente a otros orígenes que sí pudieron cumplir.

    A esto se sumó un arranque tardío. Los empaques comenzaron a trabajar hasta la última semana de mayo, cuando lo normal es iniciar entre el 10 y el 15 de ese mes. Ese retraso hizo que la temporada de Sinaloa coincidiera con las de Jalisco y Nayarit, y esa coincidencia saturó el mercado estadounidense en un momento puntual.

    El resultado fue contradictorio con lo que cabría esperar de una producción escasa. Los precios, que llegaron a rondar entre 8 y 12 pesos por kilo, cayeron justo cuando más oferta simultánea entró al mismo destino. Esto muestra que la escasez y los precios bajos pueden convivir si el problema no es solo cuánta fruta hay, sino cuándo llega y con quién compite en el anaquel.

    La inseguridad en la región agregó otra capa de complicación operativa. En Escuinapa, afectó directamente la certificación de empaque, un paso necesario para exportar. En el resto de los municipios, obligó a recortar las horas de trabajo de los ingenieros certificadores, lo que redujo el ritmo al que la fruta podía procesarse y salir hacia los mercados. Como resultado, los empaques operaron con apenas el 60% del personal habitual, un dato que confirma que la caída no fue solo de fruta disponible, sino también de capacidad instalada para moverla.

    La combinación de estos factores llevó a un cierre anticipado. Muchos empaques ya habían detenido labores desde hace un par de semanas, cuando lo habitual es que la temporada se extienda hasta finales de agosto o incluso hasta la primera o segunda semana de septiembre. Crespo Durán la describió como una de las temporadas más cortas que ha visto.

    Lo que deja esta temporada es una lección sobre cómo se acumulan los problemas en una cadena de exportación. Un evento biológico como la baja floración marca el límite superior de lo que se puede vender, sin importar qué tan buena sea la demanda. Luego, el calendario de cosecha determina si esa fruta compite bien o mal en el mercado de destino. Y finalmente, las condiciones operativas en la región de origen deciden si esa fruta, ya limitada, puede procesarse y salir a tiempo.

    Cuando los tres factores se alinean en contra, como ocurrió este año en Rosario, el resultado es una temporada corta, con pedidos sin cumplir y precios que no reflejan la escasez real de la fruta.

    Fuente: Noroeste

  • Clima y peso golpean la fresa de exportación mexicana

    Clima y peso golpean la fresa de exportación mexicana

    La temporada de exportación de fresa mexicana cerró con una caída del 14% en volumen, y detrás de esa cifra hay una combinación de factores que vale la pena desmenuzar. Según Juan José Flores García, director general de Aneberries, el problema no fue uno solo sino una suma de presiones que golpearon al sector desde distintos frentes.

    El primero, y el más determinante, fue el clima. Lluvias fuera de temporada y temperaturas frías (aunque sin llegar a heladas) afectaron tanto la disponibilidad como la calidad de la fruta desde el inicio de la temporada. Esto llevó a que se cultivara menos superficie de la habitual, lo que explica en buena medida por qué cayó el volumen exportado.

    Es importante notar que esta reducción productiva no es un evento aislado, sino que se suma a una contracción que ya venía ocurriendo, ya que el área cultivada pasó de alrededor de 20 mil hectáreas en temporadas anteriores a cerca de 15 mil hectáreas. Esa reducción, según el propio Flores García, incluso ha aliviado presión sobre la mano de obra del sector.

    El segundo factor fue el tipo de cambio. El comportamiento del peso frente al dólar no fue favorable para los productores, lo que presionó los retornos financieros de la temporada. Cuando el peso se aprecia, el productor que vende en dólares recibe menos pesos por cada dólar exportado, así que su margen se reduce aunque el precio en el mercado estadounidense se mantenga estable. Esta combinación de menor volumen y menor rentabilidad por tipo de cambio ayuda a entender por qué la temporada fue calificada como retadora.

    Un tema que suele mezclarse con estos resultados, es la investigación por presunto dumping de fresa mexicana en Estados Unidos. Flores García fue enfático en que la caída del 14% no tiene relación con este proceso, sino que responde exclusivamente a las condiciones climáticas ya mencionadas. La investigación, de cualquier forma, sigue su curso y actualmente se encuentra en una etapa privada y confidencial, donde el Departamento de Comercio de Estados Unidos ya designó a dos empresas mexicanas como representantes.

    Se esperan resultados entre mediados y finales de agosto, y de ahí el caso podría avanzar a una cuarta etapa frente a la Comisión de Comercio Internacional (ITC). Esta distinción es relevante porque separa dos conversaciones que suelen mezclarse en la opinión pública, una es la disputa comercial y otra es el desempeño real de la cosecha.

    De cara a la siguiente temporada, Flores García fue cauteloso y evitó dar cifras concretas, ya que el sector apenas está en etapa de siembra. Sin embargo, sí anticipó que la superficie cultivada se mantendría similar a temporadas anteriores, con un crecimiento que no superaría los dos dígitos.

    Un punto que destacó como prioridad estratégica es la genética de las plantas, ya que gran parte de las que se cultivan en México provienen de California, con una proporción menor de España y de origen local. Contar con material de propagación de buena calidad permite resistir enfermedades, soportar climas adversos y optimizar el uso de agua, lo cual se vuelve cada vez más relevante ante temporadas con eventos climáticos irregulares como la que se acaba de cerrar.

    La producción central se concentra en Michoacán, Guanajuato y Jalisco, mientras que en la región norte, San Quintín y Ensenada son los principales polos productivos. A pesar de los retos climáticos, cambiarios y comerciales, Flores García se mostró confiado en que México seguirá siendo un proveedor clave de berries frescas para Norteamérica.

    Fuente: HortiDaily

  • Mujeres en agricultura no buscan ventajas sino equidad

    Mujeres en agricultura no buscan ventajas sino equidad

    Una investigación encargada por la organización Women in Horticulture, y realizada por la agencia independiente Scarlatti, acaba de poner sobre la mesa un dato que resume el problema completo. El 80% de las mujeres encuestadas en el sector dijo haber vivido discriminación por su género en algún momento de su carrera. Entre los hombres, esa cifra fue de solo 28%. El estudio se basó en 244 respuestas de encuesta y 34 entrevistas a profundidad con hombres y mujeres que trabajan en horticultura.

    Lo interesante no es solo el número, sino lo que hay detrás de él. Las mujeres entrevistadas describieron situaciones muy concretas. Tener que llegar sobrepreparadas para que las tomaran en serio. Ver cómo sus ideas eran ignoradas hasta que un colega hombre las repetía. Quedar excluidas del uso de maquinaria que sabían operar perfectamente. Y recibir comentarios sobre su apariencia, su capacidad o incluso su embarazo, algo que sus compañeros varones simplemente no enfrentan.

    Dana Carver, vocera de Scarlatti, explica que las mujeres no están pidiendo una ventaja adicional, sino la misma oportunidad que cualquier otra persona. Y ahí está la clave, porque ese tipo de petición es mucho más fácil de aceptar para una industria que teme verse obligada a dar trato preferencial.

    Aquí aparece un punto esencial. Cuando se preguntó a las mujeres qué tipo de apoyo preferían, las respuestas se dividieron casi a la mitad. Seis de cada quince mujeres consideraron útil algún apoyo dirigido específicamente a ellas, como programas de mentoría o mayor visibilidad de oportunidades. Otras seis, en cambio, rechazaron por completo cualquier programa exclusivo para mujeres, ya que temen que esto refuerce la idea de que ellas avanzan gracias a ayuda y no por mérito propio.

    Más allá de esa división, hubo un consenso amplio. El 52% de las mujeres encuestadas coincidió en que la mayor diferencia vendría de algo mucho más simple, hacer visibles las oportunidades de desarrollo y crecimiento que ya existen. Esta cifra supera por mucho a cualquier apoyo con enfoque exclusivamente femenino, lo cual sugiere que el problema no es tanto la falta de programas, sino la falta de acceso claro a la información y a las rutas de ascenso.

    El estudio también encontró algo que conviene entender bien. Hombres y mujeres comparten barreras similares para avanzar en su carrera, como la falta de confianza en sí mismos o la ausencia de rutas claras dentro de sus organizaciones. Pero el género aparece como el tercer obstáculo más importante para las mujeres (39%), mientras que para los hombres representa apenas un 3%. La razón más citada por ellas es que su opinión no se valora igual que la de sus colegas hombres.

    La implicación para la industria es clara. Carver lo resume diciendo que eliminar una barrera no es un favor hacia las mujeres, sino simplemente una buena decisión de negocio. Las empresas que actúen primero para corregir estas desigualdades tendrán acceso preferente a un talento comprometido que hoy podría estar buscando espacios más justos fuera del sector agrícola.

    Fuente: FreshFruitPortal

  • Reino Unido enfrenta su peor cosecha en 40 años

    Reino Unido enfrenta su peor cosecha en 40 años

    Reino Unido está a punto de cerrar su peor cosecha de cereales desde que existen registros comparables (1984). La causa no es un solo fenómeno aislado, sino la combinación de dos condiciones extremas que rara vez se juntan con la intensidad actual, una sequía histórica y varias olas de calor sucesivas durante 2026. El resultado fue un golpe directo al desarrollo de tres cultivos centrales para el abastecimiento interno del país, el trigo, la cebada de primavera y la avena.

    Para entender la magnitud del problema conviene mirar los números. Inglaterra vivió el junio más caluroso de su historia, y junto con Gales, atravesó el julio más seco jamás registrado. Esa combinación (calor y falta de agua al mismo tiempo) redujo el potencial de los cultivos justo en la etapa en que más necesitan humedad para llenar el grano.

    Con más de la mitad del trigo ya cosechado, el rendimiento promedio se ubica en 6.8 toneladas por hectárea, bastante por debajo del promedio de la última década. Si esta tendencia se mantiene, la producción total de cereales y oleaginosas del país llegaría a 19.5 millones de toneladas, la cifra más baja en más de cuatro décadas, incluso tomando en cuenta que la colza tuvo un desempeño mejor al esperado.

    El reporte, elaborado por la Energy and Climate Intelligence Unit (ECIU) con datos del Agriculture and Horticulture Development Board (AHDB), estima pérdidas de hasta 2.5 millones de toneladas respecto de lo que se proyectaba antes de la sequía. Esto no es solo un dato agronómico, también tiene un costo económico directo. Se calcula que los productores británicos podrían perder hasta 390 millones de libras esterlinas, en un momento donde ya enfrentan mayores costos de producción y menor disponibilidad de agua para riego.

    La situación llegó al plano político. La National Farmers’ Union (NFU) advirtió que algunos alimentos podrían presentar problemas de abastecimiento en los próximos meses, y pidió al gobierno incentivos fiscales para que las explotaciones agrícolas puedan ampliar su capacidad de almacenamiento de agua. Más de cien organizaciones fueron todavía más allá, y solicitaron al nuevo primer ministro que la seguridad alimentaria se trate con la misma prioridad estratégica que la energía o la defensa nacional.

    Ahora bien, ¿por qué esto le importa a alguien fuera de Europa? Reino Unido no es uno de los grandes exportadores mundiales de cereales, así que su impacto directo sobre la oferta global es limitado. Pero la noticia funciona como una señal de alerta más amplia, porque confirma un patrón que también se repite en otras regiones agrícolas del mundo, los eventos climáticos extremos afectan cada vez con mayor frecuencia la producción de alimentos. De hecho, el propio informe de la ECIU señala que cuatro de las cinco peores cosechas británicas desde 1984 ocurrieron en esta misma década.

    Para América Latina el escenario abre dos caminos distintos. Por un lado, una menor oferta europea de granos podría sostener los precios internacionales y crear oportunidades comerciales para exportadores como Argentina y Brasil. Por otro lado, la misma volatilidad climática que golpeó a Reino Unido es una advertencia sobre lo que puede pasar en la región si no se invierte en riego eficiente, manejo de suelos y variedades más resistentes. El clima ya no es una variable secundaria en la ecuación agrícola, se está convirtiendo en uno de los factores que definirá cuánta comida hay disponible y a qué precio en los próximos años.

    Fuente: Agrolatam

  • Uva mexicana enfrenta su reto climático más grande

    Uva mexicana enfrenta su reto climático más grande

    La temporada 2026 de uva de mesa en México terminó muy lejos de lo que se esperaba. En lugar de las 19 a 20 millones de cajas proyectadas, los exportadores se quedaron cortos, y Sergio Lugo, director de Mexico Table Grapes y de la Asociación Sonorense de Productores de Uva de Mesa, describió el ciclo como difícil y muy complejo.

    Su explicación va directo al origen del problema: El clima se comportó de forma completamente distinta a lo previsto.

    Todo comenzó en invierno, cuando temperaturas más cálidas de lo normal impidieron que los viñedos acumularan las horas frío necesarias para su desarrollo. Después, cuando el cultivo requería calor para avanzar, llegaron temperaturas bajas en su lugar. Y en marzo, justo durante la floración y la brotación (etapas críticas para la planta), se registró una ola de calor extremo que alcanzó casi 40°C.

    Este desorden climático adelantó la cosecha de forma inusual. Mientras que normalmente el corte arranca en la última semana de abril, este año comenzó a mediados de mes, entre dos y tres semanas antes de lo habitual según la variedad. Esto concentró una parte enorme de la producción en mayo, mes que casi duplicó su volumen típico (de alrededor de cinco millones de cajas a casi diez millones).

    Las variedades Sweet Globe, Sweet Celebration y Flame fueron las más golpeadas en términos de rendimiento. Además, el calor de marzo afectó la calidad de una parte de la fruta, sobre todo en Sweet Globe y Sweet Celebration, lo que ya llevó a los productores a trabajar junto con obtentores para mejorar el desempeño de estas variedades.

    El adelanto de la cosecha también trajo consecuencias comerciales. Cuando arrancó la temporada mexicana, Estados Unidos (su principal destino) ya recibía una fuerte oferta de Chile y de Jalisco, lo que presionó los precios de las variedades tempranas de Sonora hacia abajo. El mercado terminó por equilibrarse, pero para entonces ya se había comercializado gran parte de la cosecha sonorense en condiciones desfavorables.

    A esto se sumó que las exportaciones semanales nunca superaron los 2.8 millones de cajas, por debajo del consumo base estimado en Estados Unidos, que ronda los 3 millones de cajas semanales. En otras palabras, la industria no logró abastecer su propio mercado objetivo ni siquiera en su mejor momento de la temporada.

    De cara al futuro, el sector ya está reaccionando con un cambio de fondo en las variedades que planta. Flame, que llegó a representar hasta 10 millones de cajas exportadas, hoy se ubica cerca de 3.7 millones, y su participación seguirá cayendo. En su lugar crece la superficie de Sweet Globe, Sweet Celebration, Timson, Cotton Candy, Summer Royal y Ruby Rose.

    Para la próxima temporada, entre 70-75% de la superficie total estará ocupada por variedades propias o nuevas, dejando a las tradicionales apenas entre 25-30%.

    La apuesta no se limita a las variedades. Los productores también exploran agricultura protegida, ajustes en el manejo agronómico y pruebas de campo, además de dar seguimiento cercano a expertos en clima. Para Lugo, el cambio climático ya es una realidad y representa el próximo gran desafío para toda la industria de la uva de mesa, no solo en México, sino en todo el hemisferio.

    Fuente: FreshFruitPortal.com