Categoría: Tecnología

  • Un nuevo estándar conecta tractores e implementos agrícolas

    Un nuevo estándar conecta tractores e implementos agrícolas

    Carbon Robotics presentó Carbon Autonomy Ready, un programa que busca facilitar la conexión entre los implementos agrícolas y los tractores autónomos. La iniciativa establece una especificación técnica y un proceso de integración para que distintos fabricantes adapten sus equipos a la plataforma Carbon Autonomy. Great Plains Manufacturing, especializada en maquinaria de siembra y manejo de suelos, será la primera empresa participante.

    El anuncio atiende una dificultad clave para ampliar la autonomía agrícola. Un tractor puede desplazarse sin conductor, pero eso no basta para ejecutar bien una labor. También debe saber qué ocurre con el implemento que lleva detrás y modificar su operación cuando cambian las condiciones del terreno. Si ambos equipos no comparten información, la autonomía queda limitada al movimiento del tractor y no abarca la tarea agronómica completa.

    La integración con Great Plains busca cerrar esa brecha mediante Implement Command, su sistema para controlar funciones de los implementos. Los tractores que utilicen Carbon Autonomy recibirán datos del equipo en tiempo real. Con esa información podrán vigilar y ajustar de forma automática la profundidad de trabajo, la presión descendente y la nivelación. Son cambios que normalmente realizaría un operador desde la cabina para mantener el desempeño de la maquinaria.

    Este punto cambia el alcance de la propuesta. El objetivo no consiste solo en repetir una ruta previamente definida. La plataforma debe interpretar la información que genera el implemento y responder durante la operación. Así, el tractor y la herramienta funcionan como un sistema coordinado. Esto podría reducir la intervención manual durante jornadas largas y favorecer una ejecución más constante, siempre que la integración responda bien ante las distintas condiciones del campo.

    El programa también plantea una vía más abierta para adoptar maquinaria autónoma. Carbon Robotics afirma que cualquier fabricante de implementos podrá participar. En lugar de obligar al productor a reemplazar todo su equipo o depender de una sola marca, la propuesta busca incorporar una selección más amplia de maquinaria ya existente. Esa compatibilidad permitiría elegir implementos de acuerdo con el cultivo, el suelo, el tamaño de la unidad productiva y las preferencias de operación.

    La implicación económica está en el aprovechamiento de los activos. Carbon Robotics considera que la autonomía puede extender las horas de trabajo, elevar el uso de los tractores y ayudar ante la falta de operadores calificados. Esto resulta relevante durante labores con ventanas de tiempo estrechas, como la preparación del suelo y la siembra. Sin embargo, el anuncio presenta una ruta de integración y no demuestra todavía ahorros generalizados ni compatibilidad inmediata con todos los equipos.

    El primer resultado se mostrará en Farm Progress Show 2026. La demostración incluirá un Great Plains HT1100 Terra Max con sensores integrados y un kit de Carbon para implementos. Más que sumar otra máquina autónoma al mercado, el programa intenta resolver cómo hacer que tractor e implemento actúen juntos. Su avance dependerá de que más fabricantes adopten la especificación y de que esa conexión produzca ajustes confiables en condiciones reales. Esto convierte la interoperabilidad en la condición central para que la autonomía pase de una función aislada a una herramienta agrícola más flexible.

    Fuentes: The Agrifood Data

  • La nueva IA de John Deere conversa con datos del campo

    La nueva IA de John Deere conversa con datos del campo

    John Deere quiere convertir los datos de campo en decisiones fáciles de consultar. La empresa presentó JD, un asistente de inteligencia artificial integrado en Operations Center, su plataforma de gestión agrícola. La herramienta reúne la información generada en la operación y permite hacer preguntas mediante una conversación. Su propuesta no consiste en producir más datos, sino en ayudar a entender los que ya existen.

    JD puede elaborar planes de mantenimiento a partir del uso histórico de la maquinaria. También puede comparar el consumo de combustible de un tractor nuevo con registros anteriores, revisar rendimientos según la semilla utilizada y relacionar la operación con pronósticos del tiempo. En lugar de recorrer bases extensas o preparar análisis por separado, el productor puede plantear una pregunta y recibir una respuesta basada en sus propios registros.

    Ese detalle define tanto el valor como el límite inicial del sistema. El asistente trabaja con la información almacenada en Operations Center. Según John Deere, no busca datos públicos ni construye respuestas con el caso hipotético de otra explotación. Además, el productor puede impedir por completo que organizaciones externas accedan a su información. Esto busca atender una preocupación clave en la agricultura digital, pues los datos reflejan decisiones productivas, desempeño de equipos y resultados del negocio.

    La novedad responde a un problema que ha crecido con la tecnificación del campo. Las máquinas recopilan información sobre labores, consumo y rendimiento, pero disponer de esos registros no garantiza que se usen bien. Analizarlos exige tiempo y capacidad técnica. Por ello, una parte de su valor queda atrapada en sistemas que documentan mucho, aunque no siempre facilitan una decisión oportuna.

    La inteligencia conversacional puede reducir esa distancia. Si funciona como se plantea, el agricultor ya no tendría que comenzar por identificar tablas, cruzar variables y traducirlas a una conclusión. Podría comenzar con la duda concreta que necesita resolver. Así, el avance no está solo en automatizar el análisis. También está en cambiar la puerta de entrada a la información, desde la navegación por datos hacia una pregunta expresada en lenguaje cotidiano.

    Sin embargo, JD todavía no es un producto desplegado de forma general. John Deere abrirá un programa voluntario para usuarios iniciales y recopilará durante varios meses información de control de calidad antes de su lanzamiento completo. Por ahora, el acceso estará limitado a la aplicación de Operations Center. Esto indica que la utilidad anunciada aún deberá comprobarse en condiciones reales y con preguntas diversas.

    La empresa también prevé ampliar sus capacidades. Entre las funciones futuras están el análisis predictivo, la consulta de manuales técnicos, la optimización de flujos de maquinaria, la creación de planes de trabajo y el acceso desde monitores en cabina. Es importante separar estas posibilidades de las funciones actuales, porque todavía forman parte del desarrollo previsto.

    La implicación de fondo es clara. La competencia en agricultura digital comienza a moverse desde quién reúne más datos hacia quién ayuda a convertirlos en acciones comprensibles. Para John Deere, integrar el asistente en una plataforma conectada con su ecosistema de maquinaria le da una posición relevante. Para el productor, el beneficio dependerá de tres factores sencillos, la calidad de los registros disponibles, la precisión de las respuestas y la capacidad de usar esas respuestas para decidir a tiempo.

    Fuente: Farm Progress

  • Una nueva app busca ordenar las cuentas de la apicultura

    Una nueva app busca ordenar las cuentas de la apicultura

    Calcular cuánto cuesta producir miel parece una operación básica, pero en la práctica puede ser muy distinta de un apiario a otro. La Universidad Autónoma Chapingo y la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural entregaron API COSTOS CHAPINGO a la Organización Nacional de Apicultores con la intención de ordenar ese problema. La aplicación reúne costos, ingresos y escenarios productivos para que cada unidad apícola pueda analizar su situación económica con datos organizados.

    La herramienta surge después de más de 15 años de investigación del CIESTAAM sobre estimación de costos de producción de este sector. Su desarrollo también reunió especialistas de varias áreas de Chapingo, estudiantes de posgrado y productores. Esa combinación es relevante porque el cálculo de costos en apicultura depende de muchas variables que no siempre se registran de la misma manera. Entre ellas están el terreno, el mantenimiento de las colmenas, las áreas de procesamiento, la alimentación de las abejas, la mano de obra y los traslados. También influyen el número de colmenas y su ubicación.

    El problema no es que los productores desconozcan esos gastos. El reto está en concentrarlos y analizarlos con un criterio consistente. Cuando la información permanece dispersa entre registros manuales, estimaciones y cálculos propios, resulta más difícil saber cuánto cuesta realmente producir un kilogramo de miel. API COSTOS CHAPINGO busca reducir esa dispersión al colocar la información económica en un mismo espacio digital.

    Esto puede cambiar la forma en que se evalúa una unidad de producción. Si los costos y los ingresos se registran de manera ordenada, el productor tiene una base más clara para comparar escenarios y observar cómo ciertas decisiones afectan el resultado económico. La aplicación no elimina las diferencias entre apiarios, porque esas diferencias son parte de la actividad. Lo que hace es ofrecer una estructura común para capturarlas y analizarlas.

    Por ahora, el alcance es acotado. La herramienta está validada para productores apícolas de la zona centro, específicamente del Estado de México y la Ciudad de México. Productores de Texcoco comenzarán a utilizarla y está previsto trabajar posteriormente en una versión para la zona sur. Además, la aplicación fue desarrollada para dispositivos Android y será gratuita. Chapingo prevé ponerla a disposición de los productores mediante su sitio institucional.

    Ese proceso gradual importa porque una herramienta de costos solo resulta útil si refleja las condiciones reales de quienes la utilizan. El proyecto además obtuvo un registro formal ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor con titularidad de la Universidad Autónoma Chapingo. La validación regional permite probar su funcionamiento antes de ampliar su alcance. Al mismo tiempo, deja claro que todavía no se presenta como una solución nacional terminada.

    API COSTOS CHAPINGO representa así un paso hacia una gestión económica más ordenada de la apicultura. Su aporte principal no está en sustituir la experiencia del productor, sino en darle una forma más consistente a la información que ya genera. En una actividad donde múltiples factores modifican el costo final, contar con registros comparables puede hacer más visible qué está ocurriendo dentro de cada unidad productiva y facilitar decisiones basadas en datos.

    Fuentes: Hoja de Ruta Digital

  • El campo mexicano se digitaliza pero aún avanza lento

    El campo mexicano se digitaliza pero aún avanza lento

    La tecnología agrícola ya está en el radar del campo mexicano, pero su adopción todavía avanza con mucha desigualdad. El dato más claro es que el país no parte de cero. Según el Censo Agropecuario 2022, México tenía 5,194,342 unidades de producción agropecuaria y forestal, de las cuales 4,629,134 estaban activas. En ellas había 25.7 millones de hectáreas de superficie agrícola. Dentro de esa superficie, 26% era de riego y 74% de temporal.

    Esa diferencia es importante. Las tecnologías como sensores de humedad, drones, plataformas de riego, GPS e imágenes satelitales suelen tener más valor donde el productor puede tomar decisiones frecuentes sobre agua, nutrición, sanidad o cosecha. Por eso, el avance tecnológico no se distribuye igual en todo el país ni en todos los cultivos. Tiene más sentido económico en agricultura de riego, hortalizas, berries, frutales, agricultura protegida y sistemas orientados a mercados exigentes.

    La base digital existe, pero sigue siendo limitada cuando se mira el uso productivo. La Encuesta Nacional Agropecuaria 2019 estimó que 37.7% de las unidades de producción usaban alguna tecnología de información y comunicación. Dentro de ese grupo, el teléfono celular dominaba con 88.1%. Después aparecían el internet con 7.9%, computadora con 5.6%, GPS con 1.8%, tableta con 1.2% y otra tecnología con 0.4%.

    La lectura es que el celular ya domina el campo, pero la agricultura de precisión todavía no, aún cuando lleva décadas siendo impulsada. Usar un teléfono para comunicarse no es lo mismo que usar datos para decidir cuándo regar, dónde fertilizar, qué zona de la parcela tiene estrés o qué parte del cultivo necesita atención. Entre una cosa y otra hay una brecha de conectividad, inversión, capacitación y asistencia técnica.

    Aun así, el cambio ya empezó. El Censo Agropecuario 2022 incorporó variables específicas sobre sensor de humedad, sensor de nitrógeno, coloración o verdor, y drones en agricultura a cielo abierto. Esto no significa que su uso sea masivo, pero sí muestra que estas tecnologías dejaron de ser un tema marginal. Ya forman parte de lo que se mide oficialmente para entender cómo produce el campo mexicano.

    El caso del agua ayuda a explicar por qué estas herramientas pueden volverse más relevantes. La SADER y el INIFAP han documentado el uso de la plataforma Irrimodel, diseñada para generar recomendaciones de cuándo y cuánto regar. Según la información oficial, esta herramienta puede ahorrar hasta 40% de agua en cultivos de riego. En un país donde la mayor parte de la agricultura depende del temporal, cada mejora en el uso del agua puede tener un peso estratégico.

    Los drones también muestran hacia dónde puede moverse el sector. El INIFAP ha trabajado con drones, sensores espectrales e inteligencia artificial para estimar nitrógeno en maíz forrajero. En sus pruebas, un modelo de redes neuronales alcanzó hasta 81% de precisión. Esto permite imaginar una agricultura donde el productor no aplica insumos de forma uniforme, sino con base en señales concretas del cultivo.

    La implicación principal es que el agro en México ya usa celular y empieza a conectarse, pero todavía está lejos de sensores, GPS, drones y análisis de datos. La oportunidad está en unirlos. No basta con vender equipos. Hace falta convertir los datos en decisiones simples, útiles y rentables para el productor.

    Fuentes: INEGI Censo Agropecuario 2022, INEGI Encuesta Nacional Agropecuaria 2019.

  • Menos merma con tecnología pasiva en frutas y verduras

    Menos merma con tecnología pasiva en frutas y verduras

    Las pérdidas postcosecha siguen siendo uno de los costos más difíciles de contener en el transporte y comercio de frutas y hortalizas. Cada producto que pierde calidad antes de venderse reduce el ingreso de productores, distribuidores y comercios. Nature’s Frequencies intenta atacar esa pérdida con Food Freshness Card, una tarjeta pasiva que busca retrasar el deterioro sin usar químicos, electricidad ni contacto directo con los alimentos.

    La propuesta parte de una idea sencilla. En vez de eliminar hongos, bacterias y otros microorganismos asociados con el deterioro, la tecnología busca reducir la velocidad con la que crecen. Según su inventor, Mike Hassler, el material de la tarjeta interactúa con la energía electromagnética del ambiente mediante un proceso patentado. La empresa compara su funcionamiento con el de una etiqueta pasiva de identificación por radiofrecuencia, que puede interactuar con campos electromagnéticos sin contar con una fuente propia de energía.

    La compañía también menciona investigación científica que ha observado cambios en el crecimiento y la actividad celular de microorganismos expuestos a campos electromagnéticos. Sin embargo, la nota no presenta esa investigación como una validación directa del desempeño comercial de la tarjeta. Esa diferencia es importante porque una cosa es demostrar que un fenómeno puede ocurrir y otra es comprobar cuánto reduce las pérdidas en distintas frutas, hortalizas y condiciones de manejo.

    El principal atractivo para la cadena de suministro está en que la tarjeta no pretende sustituir la refrigeración ni modificar la operación existente. La temperatura, la humedad, la ventilación, la limpieza y el manejo específico de cada producto siguen siendo esenciales. Incluso los productos que generan mucho etileno, como manzanas y plátanos, requieren las prácticas habituales para controlar este gas. La tecnología se plantea como una capa adicional de protección.

    Los datos comerciales reportados por Nature’s Frequencies muestran reducciones de merma de entre 23% y 47% en departamentos de frutas y hortalizas. En un caso, la merma bajó de 2.8% a 1.9%, lo que representó una reducción promedio de 32.9%. En otro, pasó de 3.8% a 2.1%, con una reducción promedio de 45.6%. Las instalaciones suelen utilizar entre 100 y 160 tarjetas distribuidas en áreas de preparación, cámaras frías, exhibidores y zonas de almacenamiento.

    La empresa asegura que el retorno de la inversión suele lograrse entre uno y cuatro meses. Esa velocidad explica por qué una reducción relativamente pequeña en el porcentaje total de merma puede tener un efecto importante en el resultado económico. En productos frescos, donde la vida útil es limitada, recuperar mercancía que antes se descartaba puede convertirse directamente en mayor producto vendible.

    Aun así, los datos citados son comerciales y los minoristas aparecen de forma anónima. La nota tampoco detalla el diseño de las pruebas, el periodo de medición ni las condiciones de comparación. Por eso, el dato más relevante no es asumir que cualquier operación reducirá su merma hasta 47%, sino observar que existe una tecnología que busca prolongar la vida comercial sin alterar la cadena fría.

    Si esos resultados se repiten bajo condiciones controladas y en diferentes productos, la propuesta podría convertirse en una herramienta adicional para reducir desperdicio y proteger márgenes.

    Fuente: The Packer

  • El nuevo salto tecnológico de la maquinaria china

    El nuevo salto tecnológico de la maquinaria china

    Durante años, la maquinaria agrícola china se ganó un lugar en el mundo gracias a un solo argumento, el precio. Tractores simples y baratos le abrieron mercado en países donde el costo inicial pesa más que cualquier otro factor de compra. Pero eso está cambiando en 2026.

    La industria china ahora avanza hacia equipos de mayor potencia, cosechadoras híbridas, electrificación y automatización, buscando competir en terrenos que hasta hace poco parecían reservados para fabricantes occidentales y japoneses.

    Las cifras ayudan a entender el tamaño de este movimiento. Los fabricantes chinos ya controlan cerca del 90% de su propio mercado doméstico de maquinaria agrícola, aunque su presencia en los equipos de alta gama todavía es baja. Al mismo tiempo, las exportaciones no dejan de crecer, ya que en 2025 China vendió al exterior más de 9,700 millones de dólares en maquinaria agrícola, con un aumento interanual superior al 30%. Estos números muestran una industria que dejó de depender solo de su mercado interno y que ahora usa esa capacidad productiva para ganar espacio en Asia, África y también en América Latina.

    La señal más clara de este cambio está en los tractores. China ya presentó desarrollos híbridos que llegan a potencias máximas cercanas a los 1,200 HP, algo que hace pocos años parecía muy lejano para su imagen internacional. A esto se suman nuevas fábricas preparadas para producir decenas de miles de tractores de más de 100 HP cada año.

    Lo mismo sucede con las cosechadoras, donde ya existen modelos híbridos que combinan motores diésel con sistemas eléctricos y superan los 600 HP. Lo interesante no es solo la potencia, sino que China está trasladando al agro el conocimiento que acumuló en industrias como baterías y electrónica de potencia, sectores donde ya tiene escala internacional.

    Para América Latina, este avance puede traducirse en más opciones para productores y contratistas en países como Brasil, Argentina, México o Colombia, donde la renovación de equipos siempre es una decisión sensible por su costo. Sin embargo, tener una buena máquina no garantiza tener éxito comercial. En el campo, lo que realmente define una compra es contar con repuestos disponibles, técnicos capacitados, financiación y respuesta rápida durante las campañas críticas. Si una cosechadora se detiene varios días por falta de una pieza, cualquier ventaja de precio pierde sentido rápidamente.

    El valor de reventa también entra en esta ecuación. Los fabricantes tradicionales tienen mercados de usados consolidados y redes comerciales que llevaron años construir, algo que las marcas chinas todavía deben desarrollar si quieren competir en los segmentos más altos del mercado latinoamericano.

    Este movimiento ocurre además en un contexto donde Asia gana peso como centro de producción agrícola mundial, con India ampliando su propia capacidad exportadora. China llega a esa competencia con una combinación poco común, un mercado interno enorme, capacidad de fabricación y experiencia reciente en reducir distancias tecnológicas con rivales internacionales.

    La verdadera prueba para estas máquinas no estará en las presentaciones técnicas, sino en cómo respondan después de miles de horas de trabajo real en el campo latinoamericano.

    Fuente: Agrolatam

  • En México se fabricará el primer biofungicida basado en RNA

    En México se fabricará el primer biofungicida basado en RNA

    México acaba de convertirse en el primer país del mundo en aprobar un biofungicida basado en RNA. La empresa detrás del desarrollo es GreenLight Biosciences, fundada por el mexicano Andrey Zarur, y el gobierno tardó apenas nueve meses en dar luz verde al registro (un plazo que normalmente toma mucho más tiempo en este tipo de productos). La compañía instalará una planta en la Ciudad de México con una inversión de entre 50 y 100 millones de dólares, generará 500 empleos y comenzará operaciones a partir de 2027.

    Un biofungicida de este tipo no funciona como los químicos tradicionales. En lugar de rociar un compuesto que ataca de forma general, utiliza moléculas de ARN que “desactivan” un gen específico que el hongo necesita para sobrevivir. Es, en otras palabras, un tratamiento de precisión, dirigido únicamente al patógeno que se quiere controlar, sin afectar a otros organismos ni dejar residuos en el suelo, el agua o los frutos.

    La diferencia en eficacia es lo que más llama la atención. Según Zarur, con solo dos litros de producto por hectárea se logra controlar el hongo en más del 99%, mientras que los fungicidas químicos convencionales apenas alcanzan un 80% de control. Esto no solo representa un avance ambiental, también implica menores pérdidas para los productores y menos exposición a sustancias químicas para los trabajadores del campo y las comunidades cercanas.

    La empresa comenzará con dos productos. DarkMite está diseñado para controlar ácaros, una plaga que hoy genera pérdidas superiores a los 20,000 millones de pesos al año y que enfrenta un gasto en plaguicidas químicos de más de 10,000 millones de pesos anuales. Oifirax, por su parte, ataca el oídio, un hongo que afecta cultivos como la uva y que provoca daños por más de 10,000 millones de pesos al año. Los primeros cultivos beneficiados serán aguacate, fresa, uva y pepino, y más adelante se sumarán maíz y algodón.

    Lo que hace especialmente relevante este proyecto es el momento en el que llega. Zarur señaló que la biodiversidad mundial se ha reducido en 60% en los últimos 30 años, y una de las causas es el uso masivo de pesticidas químicos. Un producto que se descompone de forma natural y que ataca solo al organismo objetivo responde directamente a ese problema, sin sacrificar efectividad.

    También hay una lectura económica de fondo. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, subrayó que la decisión de producir en México no responde al nearshoring ni a la incertidumbre arancelaria, sino a la intención de generar una industria de alto valor agregado basada en conocimiento. Si esto se cumple, México dejaría de ser solo un país que ensambla tecnología ajena para convertirse en uno que la desarrolla y la exporta, algo poco común en el sector agrícola latinoamericano.

    El reto ahora será escalar la producción y demostrar que los resultados de laboratorio se sostienen en campo abierto, a gran escala y durante varias temporadas agrícolas. Si eso ocurre, este biofungicida podría marcar el inicio de una nueva generación de insumos agrícolas hechos en México, con menor impacto ambiental y mayor eficacia que los productos que buscan reemplazar.

    Fuente: El Economista

  • Granja vertical de fresa gestionada con inteligencia artificial

    Granja vertical de fresa gestionada con inteligencia artificial

    En Richmond, Virginia, ya opera la primera granja vertical interior de fresas a gran escala del mundo. La instalación, llamada Plenty Richmond, abrió el 24 de septiembre de 2024 y pertenece a la empresa Plenty Unlimited Inc. Lo que la hace distinta no es solo el hecho de cultivar fresas bajo techo, sino la escala en la que lo hace y la tecnología que usa para lograrlo.

    La granja está diseñada para producir cerca de 2,000 toneladas de fresas al año, todo esto en un espacio menor a una hectárea. Para conseguirlo, las plantas crecen en torres de 9 metros de altura, dentro de un área controlada de menos de 3,800 metros cuadrados. Ese es el primer punto que vale la pena entender. La agricultura vertical no compite por más tierra, compite por usar mejor el espacio que ya existe, apilando el cultivo en lugar de extenderlo.

    El segundo punto es el consumo de recursos. La instalación utiliza 97% menos tierra que un cultivo convencional y consume hasta 90% menos agua. Esto no es un detalle cualquiera, porque significa que la producción deja de depender tanto de las condiciones climáticas o de la disponibilidad de tierra fértil. Las fresas se producen todo el año, sin las variaciones que impone una temporada agrícola tradicional.

    Detrás de este resultado hay una década de investigación en un sistema de cultivo modular (aún pendiente de patente), diseñado para adaptarse a distintos tipos de cultivo. A eso se suma el papel de la inteligencia artificial, que analiza más de 10 millones de puntos de datos al día en 12 salas de cultivo. Con esa información, el sistema ajusta constantemente el entorno (luz, temperatura, riego) para cada etapa del crecimiento de la planta. En otras palabras, la IA no solo vigila el cultivo, lo administra en tiempo real.

    Otro factor que explica por qué este proyecto tiene peso en la industria es la alianza con Driscoll’s, empresa con más de un siglo de experiencia en berries y con genética propia patentada. Esa combinación (la infraestructura de Plenty más la genética de Driscoll’s) busca asegurar que la fruta mantenga el sabor y la calidad que el mercado espera, incluso fuera de temporada. Las primeras fresas de esta alianza ya están disponibles desde principios de 2025.

    El proyecto también tiene un componente económico relevante. La granja generará inicialmente más de 60 empleos, con planes de crecer hasta 300 puestos, dentro de una inversión proyectada de 300 millones de dólares en un campus agrícola de 50 hectáreas. Además, su ubicación permite abastecer a más de 100 millones de consumidores que están a un día de distancia por carretera.

    Lo que este caso deja ver es hacia dónde puede moverse parte de la producción de berries en los próximos años. Con menos tierra cultivable disponible y una población mundial en crecimiento, modelos como este ofrecen una alternativa para producir más fruta, con menor uso de recursos, sin depender del clima.

    No sustituye a la agricultura tradicional, pero sí muestra que la tecnología puede volver viable una producción constante, cercana a los grandes centros de consumo y con calidad predecible durante todo el año.

    Fuente: AgTech América