Categoría: Innovación

  • Los desechos del nopal sirven para fertilizan cultivos

    Los desechos del nopal sirven para fertilizan cultivos

    Cada vez que se procesa nopal para venderlo como verdura, una parte importante termina en la basura. Investigadores de la UNAM calcularon que entre el 15-20% de la penca procesada se convierte en recortes que normalmente no tienen ningún uso posterior.

    Ese material, que hasta ahora solo servía para hacer composta o simplemente se desechaba, acaba de mostrar un potencial que va mucho más allá de lo esperado.

    El equipo liderado por Bruno Chávez Vergara, del Instituto de Geología de la UNAM, sometió esos residuos a un proceso de digestión anaerobia (el mismo tipo de descomposición que se usa para generar biogás). De ahí surgen dos productos aprovechables. Uno es electricidad, que ya se usa para abastecer el centro de acopio donde se procesa el nopal. El otro es un líquido llamado digestato, que resultó ser un fertilizante orgánico con propiedades poco comunes en el mercado.

    En pruebas realizadas con avena forrajera en Milpa Alta, justamente en la producción de nopal verdura, este digestato aumentó un 20% la biomasa del cultivo y adelantó hasta un mes el momento en que la planta llegó a su madurez. Esto no es un detalle menor, pues un ciclo de cosecha más corto reduce el tiempo en que el cultivo depende de la lluvia, lo cual resulta especialmente valioso para los agricultores de temporal, que no cuentan con sistemas de riego y suelen estar más expuestos a la falta de agua.

    Lo interesante es que este fertilizante no solo alimenta directamente a la planta, como hacen los agroquímicos convencionales. También nutre a las bacterias y hongos del suelo, ayudando a recuperar una actividad biológica que se pierde después de años de uso intensivo de fertilizantes sintéticos. Es decir, no solo mejora la cosecha de un ciclo, sino que también contribuye a que la tierra recupere condiciones más saludables a largo plazo.

    Esto tiene implicaciones que van más allá del rendimiento agrícola. Milpa Alta concentra cerca de 4,500 hectáreas de nopal y produce más del 90% del volumen que se consume en la Ciudad de México, así que la cantidad de residuo disponible para este proceso es considerable.

    Si la tecnología logra escalarse, no solo se reduciría el desperdicio de un cultivo que genera enormes volúmenes de sobrante, sino que también se ofrecería una alternativa más barata y sostenible a productores que hoy dependen de insumos químicos costosos.

    El reto ahora es encontrar la dosis mínima que mantenga estos beneficios sin encarecer demasiado su aplicación, un punto clave para que pequeños y medianos productores puedan acceder a él. El equipo de investigación ya planea extender las pruebas a maíz y zanahoria, además de evaluar el comportamiento del digestato en zonas de Xochimilco y Tláhuac, donde las condiciones del suelo son distintas a las de Milpa Alta.

    Lo que empezó como un problema de manejo de residuos podría terminar convirtiéndose en una herramienta real para reducir la dependencia de agroquímicos en la Cuenca de México, aprovechando algo que hasta ahora nadie sabía qué hacer con ello.

    Fuentes: El Universal y Agrolatam

  • USDA quiere IA para acelerar la innovación en cultivos

    USDA quiere IA para acelerar la innovación en cultivos

    El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) anunció que buscará apoyo de universidades y otros socios estratégicos para desarrollar herramientas de inteligencia artificial capaces de interpretar la enorme cantidad de datos de germoplasma que la agencia ha acumulado durante años. La iniciativa se enmarca dentro de la Genesis Mission y de la Autoridad de Investigación y Desarrollo Agrícola Avanzado (AgARDA), y se traducirá en un desafío nacional de ciencia y tecnología que se lanzará en lo que resta de este año.

    Para entender la relevancia de esto hay que partir de un problema concreto que enfrenta la investigación agrícola desde hace décadas. Los bancos de germoplasma guardan información genética de miles de variedades de plantas y semillas, pero gran parte de esos datos están dispersos en distintos formatos, entre imágenes, registros de campo y resultados de laboratorio.

    Sin una forma eficiente de cruzar toda esa información, los científicos tardan mucho más tiempo en identificar qué rasgos genéticos hacen que una planta sea más resistente a plagas, sequías o enfermedades. Ahí es donde entra la propuesta del USDA, ya que busca que equipos externos diseñen soluciones prácticas que integren estas fuentes dispersas en un solo sistema analizable mediante IA.

    El doctor Scott Hutchins, subsecretario del área de Investigación, Educación y Economía y científico en jefe del USDA, explicó que la meta es dar a los investigadores herramientas modernas para transformar los datos de plantas en descubrimientos más rápidos. Esta declaración muestra que el cuello de botella actual no es la falta de datos, sino la capacidad de procesarlos con la velocidad que exige un sistema alimentario bajo presión por todos lados.

    Desde el punto de vista práctico, esto podría beneficiar de forma directa a los productores, aunque no de manera inmediata. Si las herramientas de IA logran acelerar la identificación de rasgos genéticos valiosos, el desarrollo de nuevas variedades de cultivos podría acortarse considerablemente frente a los ciclos tradicionales de mejoramiento genético, que suelen tomar varios años. Esto significa que semillas más resistentes a condiciones climáticas extremas o a plagas específicas podrían llegar al mercado en menos tiempo, lo cual representa una ventaja competitiva para quienes dependen de estabilizar cosechas en un contexto de variabilidad climática creciente.

    La Genesis Mission, lanzada en noviembre de 2025 por la Oficina de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca, no es un esfuerzo aislado del USDA, sino parte de una estrategia más amplia que busca conectar a científicos, empresas, universidades y centros de datos para resolver desafíos científicos complejos con apoyo de IA. Los equipos que participen en el desafío tendrán acceso a la Plataforma Americana de Ciencia y Seguridad, una infraestructura compartida construida por el Departamento de Energía que conecta bases de datos, instrumentos científicos y herramientas de IA.

    Aún faltan detalles específicos sobre plazos, financiamiento y criterios de selección del desafío, por lo que el verdadero impacto en el campo dependerá de cómo se implemente esta convocatoria en los próximos meses.

    Lo que sí queda claro es que la agricultura estadounidense está apostando por la inteligencia artificial como motor de innovación varietal, y eso marca una dirección que probablemente otros países y organismos agrícolas observarán de cerca.

    Fuente: USDA