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  • El riego agrícola presiona acuíferos clave de México

    El riego agrícola presiona acuíferos clave de México

    El agua que sostiene al campo mexicano también está aumentando la presión sobre sus reservas subterráneas. En 2023 se concesionaron cerca de 25,700 millones de metros cúbicos de agua de pozos para uso agrícola. Esa cantidad fue casi el doble de los 13,500 millones destinados al abasto público en todo el país mediante fuentes superficiales y subterráneas.

    El dato no significa que toda la agricultura dependa de los pozos. El agua subterránea representó 37.3% del volumen concesionado al sector. Sin embargo, su uso se concentra en zonas donde la extracción ya supera la capacidad natural de recuperación. Un acuífero se considera sobreexplotado cuando se extrae más de 1.1 veces el agua que logra recargarse.

    La señal más clara aparece en las Unidades de Riego. Estas son áreas de producción pequeñas, dispersas y administradas de forma local. Son distintas de los Distritos de Riego, que reúnen canales, fuentes comunes y usuarios organizados bajo una concesión. México cuenta con unas 50,000 Unidades de Riego que cubren 4.0 millones de hectáreas. En 65% de esa superficie se usa agua subterránea.

    52.4% de la superficie analizada de esas unidades, equivalente a 1.4 millones de hectáreas, está sobre acuíferos sobreexplotados. Otro 25.3% se encuentra sobre acuíferos en equilibrio y 22.3% sobre reservas subexplotadas. El problema tampoco es aislado. De los 653 acuíferos del país, 114 presentan sobreexplotación. La mayor concentración está en el centro y el norte, sobre todo en las regiones Lerma Santiago Pacífico, Cuencas Centrales del Norte y Río Bravo.

    La presión responde a una combinación difícil. En buena parte del norte llueve poco, por lo que la recarga es limitada. Al mismo tiempo, creció la superficie dedicada a cultivos con alta demanda de agua, como alfalfa y nogales. Entre 2001 y 2023, el volumen subterráneo concesionado a la agricultura pasó de 16,900 a 25,700 millones de metros cúbicos. El aumento acumulado fue de 51.7%.

    La relevancia productiva explica por qué no basta con reducir el tema a un exceso de consumo. La agricultura de riego ocupa 30% de la superficie agrícola, pero genera más de 50% de la producción nacional. Limitar el bombeo sin mejorar el manejo podría afectar zonas de alto valor. Mantener la extracción actual también tiene costos. En acuíferos costeros puede entrar agua marina y salinizar el suelo. La sobreexplotación también puede deteriorar la calidad del agua y elevar la concentración de sustancias dañinas. En algunos distritos de Sonora, la salinidad ya redujo la capacidad productiva.

    La tecnificación del riego es necesaria, aunque no resuelve el problema por sí sola. Si el ahorro permite sembrar más superficie, la extracción total puede mantenerse o incluso crecer. Por eso los especialistas plantean acompañar la tecnología con vigilancia de concesiones, control de volúmenes y revisión de apoyos que abaratan el bombeo. También proponen cultivos de cobertura, conservación de rastrojos, restauración de suelos y cosecha de agua para retener humedad y favorecer la infiltración.

    El reto no consiste solamente en usar menos agua por hectárea. Consiste en asegurar que el ahorro ocurra en todo el acuífero. Sin ese control, una mejora dentro de la parcela puede elevar la producción sin detener el abatimiento que amenaza su continuidad.

    Fuente: El Economista