Etiqueta: Baja California

  • El arándano cambia de líderes entre estados productores

    El arándano cambia de líderes entre estados productores

    El mercado mexicano de arándano cambió de forma clara entre 2024 y 2025. No porque un solo estado haya disparado su producción, sino porque volumen y precio se movieron en direcciones muy distintas entre las principales zonas productoras.

    En 2024, Baja California era el estado con mayor valor de producción. Sus 5,795 toneladas generaron 1,522 millones de pesos. Un año después produjo 4,924 toneladas y su valor cayó a 846 millones. Eso representa una baja de 15.0% en volumen y de 44.4% en valor.

    La diferencia se explica también por el precio. El valor promedio por tonelada en Baja California pasó de unos 262,687 pesos a 171,836 pesos, una reducción de 34.6%. Además, la superficie cosechada creció de 308 a 338 hectáreas. Es decir, hubo más área cosechada, pero menos fruta. El rendimiento calculado cayó de 18.8 a 14.6 toneladas por hectárea, una disminución de 22.6%.

    Este contraste ayuda a entender por qué Baja California perdió tanto peso económico. En 2024 aportaba solo 7.2% del volumen nacional, pero concentraba 30.7% del valor. Esa diferencia reflejaba un precio promedio muy superior al del resto de los grandes productores. En 2025 su participación bajó a 5.7% del volumen y 17.3% del valor. La caída, por tanto, no fue solo productiva. También se redujo la ventaja de precio que sostenía su posición.

    Ese cambio abrió espacio para Jalisco. El estado ya era el mayor productor en 2024, con 28,565 toneladas, pero ocupaba el segundo lugar por valor. En 2025 elevó su cosecha a 32,371 toneladas, un avance de 13.3%, mientras la superficie cosechada se mantuvo casi sin cambio.

    Ese dato es relevante porque el crecimiento no vino de ampliar el área. El rendimiento pasó de 13.8 a 15.6 toneladas por hectárea. Aunque el precio promedio por tonelada bajó 3.6%, el mayor volumen permitió que el valor estatal creciera 9.3%, hasta 1,472 millones de pesos. Con ello, Jalisco pasó a encabezar el valor del arándano nacional.

    Sinaloa siguió una ruta diferente. Su producción cayó 6.9%, de 26,287 a 24,478 toneladas. Sin embargo, el precio promedio subió de 22,000 a 36,769 pesos por tonelada, un aumento de 67.1%. Ese salto compensó con amplitud la menor cosecha y llevó el valor de producción de 578 a 900 millones de pesos, un crecimiento de 55.6%.

    El efecto conjunto fue una redistribución del peso económico entre estados. Baja California pasó del primer al cuarto lugar por valor. Jalisco tomó el primero. Michoacán quedó segundo y Sinaloa avanzó al tercero. Sinaloa incluso redujo su participación en el volumen nacional, de 32.6% a 28.4%, pero elevó su participación en el valor de 11.7% a 18.4%.

    A nivel nacional, la producción de arándano aumentó 7.1%, de 80,537 a 86,284 toneladas. Sin embargo, el valor total bajó 1.5%, de 4,958 a 4,884 millones de pesos. El precio promedio nacional descendió cerca de 8.1%.

    Por eso, el cambio de liderazgo no se entiende solo mirando toneladas. En 2025, producir más ayudó a Jalisco, pero el precio fue decisivo para Sinaloa y castigó con fuerza a Baja California. El mapa económico del arándano cambió porque cada estado combinó de forma distinta productividad, volumen y precio.

    Fuente: DGSIAP

  • El mapa del trigo mexicano cambió de forma radical

    El mapa del trigo mexicano cambió de forma radical

    El liderazgo del trigo en México cambió en 2025. En 2024, Sonora produjo 1,582,947 toneladas de trigo grano. Eso fue 59.8% del volumen nacional. Para 2025, su producción bajó a 407,017 toneladas. La caída fue de 74.3%.

    Guanajuato siguió la ruta contraria. Pasó de 200,684 a 413,843 toneladas. El crecimiento fue de 106.2%. Así superó a Sonora por 6,827 toneladas y con ello se convirtió en el principal productor del país.

    El cambio no se entiende solo al mirar el volumen. En Sonora, la superficie sembrada pasó de 250,069 a 59,555 hectáreas. Eso representa una reducción de 76.2%. Sin embargo, el rendimiento promedio subió de 6.3 a 6.8 toneladas por hectárea. El avance fue de 8.0%. Los datos nos arrojan una señal clara: El fuerte descenso estatal estuvo ligado, sobre todo, a una superficie mucho menor; es decir, no ocurrió por un deterioro del rendimiento promedio.

    Guanajuato muestra el movimiento opuesto. Su superficie sembrada aumentó de 36,989 a 63,133 hectáreas. El crecimiento fue de 70.7%. A la vez, el rendimiento pasó de 5.4 a 6.6 toneladas por hectárea. La mejora fue de 20.8%. Hubo entonces dos fuerzas a favor. Se sembró más superficie y se obtuvo más por hectárea. Esa mezcla permitió duplicar el volumen. La participación de Guanajuato pasó de 7.6% a 24.1%. La de Sonora cayó de 59.8% a 23.7%.

    Cajeme permite ver la magnitud del ajuste dentro de Sonora. En 2024 produjo 424,506 toneladas. Esa cifra equivalía a 16.0% de todo el trigo grano de México. En 2025 apenas alcanzó 23,452 toneladas. La reducción fue de 94.5%. Su superficie sembrada cayó de 65,015 a 3,183 hectáreas. La baja fue de 95.1%. Aun así, su rendimiento subió 12.9%. La lectura vuelve a ser la misma. Cajeme no produjo menos por un menor rendimiento promedio. La gran diferencia estuvo en la superficie reportada para el cultivo.

    El efecto aparece en todo el país. La producción nacional pasó de 2,648,390 a 1,718,732 toneladas. La caída fue de 35.1%. La superficie sembrada bajó 36.3%. El rendimiento promedio nacional solo retrocedió 1.5%. La diferencia entre esas cifras es importante. El volumen se contrajo mucho más por la reducción de superficie que por un cambio general en el rendimiento.

    También hubo un golpe en el valor. El valor nacional reportado cayó 45.2%. Pasó de 16,896 millones a 9,260 millones. El valor promedio por tonelada bajó 15.5%. Guanajuato produjo 106.2% más, sin embargo, su valor aumentó 68.2%, mientras que Sonora perdió 79.1% de su valor.

    La nueva distribución también aparece detrás de los líderes. Baja California aportó 195,710 toneladas en 2025. Sinaloa produjo 192,383. Sus participaciones fueron de 11.4% y 11.2%. Michoacán llegó a 153,472 toneladas y representó 8.9%. En 2024, Sonora por sí solo concentraba casi seis de cada diez toneladas. En 2025, ningún estado llegó a una cuarta parte del total.

    El mapa triguero quedó menos concentrado en un solo estado. También quedó más repartido entre varias zonas productoras.

    Fuente: DGSIAP

  • Gobierno mexicano impulsa crédito para el jitomate

    Gobierno mexicano impulsa crédito para el jitomate

    Entre el 3 de junio y el 14 de agosto de este año, el gobierno de México canalizó más de 248 millones de pesos hacia productores de jitomate. El dato lo confirmó la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), que detalló que ese monto se repartió en 48 créditos gestionados a través de los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) y entregados mediante distintos bancos e intermediarios financieros.

    Por ahora, la entrega se ha concentrado en cuatro estados, Baja California, Sonora, Estado de México y Oaxaca, que encabezan la lista de beneficiarios en esta primera etapa. Eso no significa que el resto del país quede fuera, sino que estas entidades fueron las primeras en recibir los recursos dentro de un esquema que apenas comienza a desplegarse.

    Este financiamiento no aparece de forma aislada. Forma parte del Acuerdo Nacional para el Ordenamiento de la Producción, Abasto, Comercialización y Precio Justo del Jitomate, un pacto voluntario firmado por la presidenta Claudia Sheinbaum junto con representantes de productores, comercializadores, centrales de abasto y tiendas de autoservicio. La idea detrás de este acuerdo es coordinar a todos los actores de la cadena para evitar que el mercado del jitomate se mueva de forma errática, algo que afecta tanto a quien lo cultiva como a quien lo compra en el mercado.

    Lo interesante aquí es quién está detrás de la ejecución. No es solo SADER la que participa, también está la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) y FIRA como brazo financiero. Esa combinación no es casual. Hacienda aporta la parte fiscal y de financiamiento, Profeco vigila que los precios lleguen justos al consumidor y FIRA pone el dinero en movimiento a través de la banca. Es, en otras palabras, un intento de atacar el problema del jitomate desde varios frentes a la vez, en lugar de limitarse a repartir crédito y esperar que el mercado se ordene solo.

    También suman fuerzas equipos técnicos como el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA), el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), las Escuelas de Campo y el programa Sembrando Vida. Esto sugiere que el acuerdo no se limita a inyectar liquidez, sino que busca acompañar a los productores con conocimiento técnico y sanitario, además de incluir a productores de pequeña escala que participan en programas sociales como Sembrando Vida.

    Para un productor de jitomate, esto puede traducirse en acceso a capital que antes era más difícil de conseguir, ya sea para renovar infraestructura, comprar insumos o sostener la producción durante temporadas complicadas. Para el consumidor, la apuesta es que un sector mejor financiado y coordinado con la autoridad de protección al consumidor derive en precios más estables en el mercado.

    El hecho de que el acuerdo sea voluntario también dice algo. En lugar de imponer reglas desde arriba, el gobierno optó por sentar a la mesa a todos los eslabones de la cadena, desde quien siembra hasta quien vende en el supermercado. Si este modelo funciona con el jitomate, no sería extraño verlo replicado en otros cultivos donde la volatilidad de precios también genera fricciones entre productores y consumidores.

    Fuente: Redagrícola