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  • En México se fabricará el primer biofungicida basado en RNA

    En México se fabricará el primer biofungicida basado en RNA

    México acaba de convertirse en el primer país del mundo en aprobar un biofungicida basado en RNA. La empresa detrás del desarrollo es GreenLight Biosciences, fundada por el mexicano Andrey Zarur, y el gobierno tardó apenas nueve meses en dar luz verde al registro (un plazo que normalmente toma mucho más tiempo en este tipo de productos). La compañía instalará una planta en la Ciudad de México con una inversión de entre 50 y 100 millones de dólares, generará 500 empleos y comenzará operaciones a partir de 2027.

    Un biofungicida de este tipo no funciona como los químicos tradicionales. En lugar de rociar un compuesto que ataca de forma general, utiliza moléculas de ARN que “desactivan” un gen específico que el hongo necesita para sobrevivir. Es, en otras palabras, un tratamiento de precisión, dirigido únicamente al patógeno que se quiere controlar, sin afectar a otros organismos ni dejar residuos en el suelo, el agua o los frutos.

    La diferencia en eficacia es lo que más llama la atención. Según Zarur, con solo dos litros de producto por hectárea se logra controlar el hongo en más del 99%, mientras que los fungicidas químicos convencionales apenas alcanzan un 80% de control. Esto no solo representa un avance ambiental, también implica menores pérdidas para los productores y menos exposición a sustancias químicas para los trabajadores del campo y las comunidades cercanas.

    La empresa comenzará con dos productos. DarkMite está diseñado para controlar ácaros, una plaga que hoy genera pérdidas superiores a los 20,000 millones de pesos al año y que enfrenta un gasto en plaguicidas químicos de más de 10,000 millones de pesos anuales. Oifirax, por su parte, ataca el oídio, un hongo que afecta cultivos como la uva y que provoca daños por más de 10,000 millones de pesos al año. Los primeros cultivos beneficiados serán aguacate, fresa, uva y pepino, y más adelante se sumarán maíz y algodón.

    Lo que hace especialmente relevante este proyecto es el momento en el que llega. Zarur señaló que la biodiversidad mundial se ha reducido en 60% en los últimos 30 años, y una de las causas es el uso masivo de pesticidas químicos. Un producto que se descompone de forma natural y que ataca solo al organismo objetivo responde directamente a ese problema, sin sacrificar efectividad.

    También hay una lectura económica de fondo. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, subrayó que la decisión de producir en México no responde al nearshoring ni a la incertidumbre arancelaria, sino a la intención de generar una industria de alto valor agregado basada en conocimiento. Si esto se cumple, México dejaría de ser solo un país que ensambla tecnología ajena para convertirse en uno que la desarrolla y la exporta, algo poco común en el sector agrícola latinoamericano.

    El reto ahora será escalar la producción y demostrar que los resultados de laboratorio se sostienen en campo abierto, a gran escala y durante varias temporadas agrícolas. Si eso ocurre, este biofungicida podría marcar el inicio de una nueva generación de insumos agrícolas hechos en México, con menor impacto ambiental y mayor eficacia que los productos que buscan reemplazar.

    Fuente: El Economista