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  • El mapa de la cebada cambia con Guanajuato al frente

    El mapa de la cebada cambia con Guanajuato al frente

    La producción de cebada en México cambió de líder en 2025. Guanajuato alcanzó 246,483 toneladas y desplazó a Hidalgo, que cerró con 204,567 toneladas. Un año antes la posición era inversa. Hidalgo encabezaba el cultivo con 195,413 toneladas, mientras Guanajuato registraba 137,113. La diferencia está en la velocidad del crecimiento. La producción guanajuatense aumentó 79.8%, frente a un avance de 4.7% en Hidalgo.

    El salto de Guanajuato no respondió a un solo factor. La superficie sembrada y cosechada pasó de 29,588 a 39,812 hectáreas, un aumento de 34.6%. Al mismo tiempo, el rendimiento promedio subió de 4.63 a 6.19 toneladas por hectárea, lo que representa un crecimiento de 33.6%. La combinación de más hectáreas productivas y una mayor cantidad obtenida por hectárea explica por qué el volumen final avanzó mucho más que la superficie.

    Con ese resultado, Guanajuato pasó de aportar 16.6% de la cebada nacional en 2024 a 27.4% en 2025. Hidalgo redujo ligeramente su participación, de 23.6% a 22.8%, a pesar de producir más. Esto muestra que perder el liderazgo no implicó una contracción productiva en Hidalgo. Su cosecha creció, pero lo hizo muy por debajo del ritmo registrado en Guanajuato y del avance de otros estados.

    Tlaxcala es el otro movimiento relevante. Su producción aumentó 33.3% y llegó a 171,763 toneladas. Lo hizo incluso con una superficie cosechada 8.4% menor, porque su rendimiento promedio creció 45.5%, de 2.47 a 3.59 toneladas por hectárea. Con ello superó a Puebla y pasó a ocupar el tercer lugar nacional. El crecimiento de Guanajuato y Tlaxcala concentró una parte importante del cambio observado en la estructura productiva del cultivo. Puebla también perdió terreno relativo. Su producción bajó 15.6%, de 133,353 a 112,494 toneladas, aunque la superficie cosechada prácticamente no cambió. En este caso, el ajuste se explica por un rendimiento 15.9% menor, que redujo su participación nacional y facilitó el ascenso de Tlaxcala.

    En el extremo contrario aparece Chihuahua. Su producción cayó 66.8%, de 67,799 a 22,528 toneladas. La superficie cosechada disminuyó 56.1% y el rendimiento promedio retrocedió 24.4%. La reducción simultánea de ambas variables explica la magnitud de la caída y llevó al estado del quinto al sexto lugar entre los principales productores.

    El resultado nacional ayuda a dimensionar estos movimientos. México produjo 899,128 toneladas de cebada en 2025, 8.7% más que las 827,491 toneladas de 2024. Sin embargo, la superficie cosechada bajó 2.6%. El rendimiento nacional pasó de 2.75 a 3.07 toneladas por hectárea, un aumento de 11.6%. Por tanto, el crecimiento del cultivo provino de una mayor productividad promedio y no de una expansión general de la superficie.

    También cambió el valor económico. La cebada generó 5,282.5 millones de pesos en 2025, 5.0% más que el año anterior, un avance menor al del volumen producido. En Guanajuato el valor creció 67.9% hasta 1,459.8 millones de pesos. Hidalgo, en cambio, produjo más toneladas pero su valor cayó 12.4%. Los datos muestran así una redistribución que no solo alteró el liderazgo territorial, sino también la participación de cada estado dentro del valor y el volumen nacional.

    Fuente: DGSIAP

  • Reino Unido enfrenta su peor cosecha en 40 años

    Reino Unido enfrenta su peor cosecha en 40 años

    Reino Unido está a punto de cerrar su peor cosecha de cereales desde que existen registros comparables (1984). La causa no es un solo fenómeno aislado, sino la combinación de dos condiciones extremas que rara vez se juntan con la intensidad actual, una sequía histórica y varias olas de calor sucesivas durante 2026. El resultado fue un golpe directo al desarrollo de tres cultivos centrales para el abastecimiento interno del país, el trigo, la cebada de primavera y la avena.

    Para entender la magnitud del problema conviene mirar los números. Inglaterra vivió el junio más caluroso de su historia, y junto con Gales, atravesó el julio más seco jamás registrado. Esa combinación (calor y falta de agua al mismo tiempo) redujo el potencial de los cultivos justo en la etapa en que más necesitan humedad para llenar el grano.

    Con más de la mitad del trigo ya cosechado, el rendimiento promedio se ubica en 6.8 toneladas por hectárea, bastante por debajo del promedio de la última década. Si esta tendencia se mantiene, la producción total de cereales y oleaginosas del país llegaría a 19.5 millones de toneladas, la cifra más baja en más de cuatro décadas, incluso tomando en cuenta que la colza tuvo un desempeño mejor al esperado.

    El reporte, elaborado por la Energy and Climate Intelligence Unit (ECIU) con datos del Agriculture and Horticulture Development Board (AHDB), estima pérdidas de hasta 2.5 millones de toneladas respecto de lo que se proyectaba antes de la sequía. Esto no es solo un dato agronómico, también tiene un costo económico directo. Se calcula que los productores británicos podrían perder hasta 390 millones de libras esterlinas, en un momento donde ya enfrentan mayores costos de producción y menor disponibilidad de agua para riego.

    La situación llegó al plano político. La National Farmers’ Union (NFU) advirtió que algunos alimentos podrían presentar problemas de abastecimiento en los próximos meses, y pidió al gobierno incentivos fiscales para que las explotaciones agrícolas puedan ampliar su capacidad de almacenamiento de agua. Más de cien organizaciones fueron todavía más allá, y solicitaron al nuevo primer ministro que la seguridad alimentaria se trate con la misma prioridad estratégica que la energía o la defensa nacional.

    Ahora bien, ¿por qué esto le importa a alguien fuera de Europa? Reino Unido no es uno de los grandes exportadores mundiales de cereales, así que su impacto directo sobre la oferta global es limitado. Pero la noticia funciona como una señal de alerta más amplia, porque confirma un patrón que también se repite en otras regiones agrícolas del mundo, los eventos climáticos extremos afectan cada vez con mayor frecuencia la producción de alimentos. De hecho, el propio informe de la ECIU señala que cuatro de las cinco peores cosechas británicas desde 1984 ocurrieron en esta misma década.

    Para América Latina el escenario abre dos caminos distintos. Por un lado, una menor oferta europea de granos podría sostener los precios internacionales y crear oportunidades comerciales para exportadores como Argentina y Brasil. Por otro lado, la misma volatilidad climática que golpeó a Reino Unido es una advertencia sobre lo que puede pasar en la región si no se invierte en riego eficiente, manejo de suelos y variedades más resistentes. El clima ya no es una variable secundaria en la ecuación agrícola, se está convirtiendo en uno de los factores que definirá cuánta comida hay disponible y a qué precio en los próximos años.

    Fuente: Agrolatam