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  • Reglas más claras para exportar entre México y Chile

    Reglas más claras para exportar entre México y Chile

    México y Chile acaban de revisar a fondo su Tratado de Libre Comercio para encontrar nuevas formas de hacer negocios entre ambos países. La reunión se dio en el marco de la Comisión de Libre Comercio, el organismo que administra ese acuerdo bilateral, y en ella los dos gobiernos evaluaron cómo ha funcionado el intercambio comercial, los flujos de inversión y qué barreras siguen frenando a las empresas que quieren operar entre ambos mercados.

    Lo interesante de este encuentro es que no se trata de negociar un tratado nuevo. Es, más bien, un ejercicio de revisión sobre un acuerdo que ya tiene más de veinte años de vigencia, para identificar en qué partes todavía hay margen de crecimiento. Los temas que se pusieron sobre la mesa fueron comercio, inversiones, servicios, economía digital y cadenas de valor, además de mecanismos para mejorar la cooperación entre ambos países.

    Uno de los resultados concretos de esta reunión fue la firma de la Decisión número 11, que actualiza las reglas de origen específicas al Sistema Armonizado 2022. Esto suena técnico, pero su efecto en la práctica es bastante directo. Las reglas de origen son las que determinan si un producto puede considerarse fabricado en México o en Chile, y por lo tanto si puede acceder a los beneficios arancelarios del tratado. Al alinear esa clasificación con el estándar internacional vigente, se reduce la incertidumbre para quienes exportan e importan, y se simplifica el papeleo necesario para comprobar el origen de las mercancías.

    La agenda también incluyó temas sanitarios y fitosanitarios, algo que toca de manera directa al sector agroalimentario. Estos requisitos (certificaciones, protocolos de ingreso, controles sanitarios) suelen ser el verdadero filtro que decide si un producto agropecuario puede entrar o no a un mercado, más allá de lo que digan los aranceles. Como México y Chile son dos economías con fuerte perfil agroexportador, cualquier ajuste en esta área tiene un peso considerable para frutas, carnes, bebidas y otros alimentos que ambos países comercian.

    Otro punto que vale la pena entender es la creación de un mecanismo para intercambiar estadísticas comerciales entre ambos gobiernos. Esto no es un detalle menor, pues permite conocer con mayor precisión cuánto se está aprovechando realmente el tratado, en qué sectores hay oportunidades desaprovechadas, y con esa información tomar decisiones de política comercial más ajustadas a la realidad.

    Quizás el compromiso con mayor potencial a mediano plazo sea el de desarrollar cadenas globales y regionales de valor. La idea detrás de esto es que la relación comercial deje de limitarse a la simple compra y venta de productos terminados, y que las empresas de ambos países puedan participar en distintas etapas de un mismo proceso productivo (procesamiento, transformación, logística, distribución). Para el sector agroindustrial, esto podría traducirse en oportunidades más allá de la exportación tradicional, como inversión en plantas de procesamiento o en servicios logísticos compartidos.

    El verdadero desafío ahora es que estos acuerdos institucionales se conviertan en proyectos concretos de inversión y en operaciones reales entre empresas. Firmar decisiones y crear mecanismos de cooperación es un paso necesario, pero no garantiza por sí solo que el comercio bilateral crezca.

    Para el agro latinoamericano, este proceso merece seguimiento, porque tanto México como Chile tienen una capacidad exportadora relevante, y si las nuevas instancias de cooperación logran traducirse en menos obstáculos comerciales, el sector de alimentos y productos agroindustriales podría ser uno de los principales beneficiados.

    Fuente: Agrolatam

  • La apuesta de Maersk para agilizar la uva chilena a EE.UU.

    La apuesta de Maersk para agilizar la uva chilena a EE.UU.

    Maersk, uno de los operadores de transporte marítimo más grandes del mundo, presentó un nuevo esquema logístico pensado para resolver un problema que lleva años afectando a la fruta chilena que llega a Estados Unidos, que es la falta de capacidad para fumigar en los puertos de entrada.

    La solución nace de un trabajo conjunto con Oppy, empresa proveedora de fruta fresca, y con el Puerto de Wilmington, y busca conectar en un solo flujo las operaciones que hoy suelen estar fragmentadas, es decir el transporte marítimo, la fumigación, el almacenamiento en frío y la distribución terrestre.

    Para entender por qué esto importa hay que partir de un requisito poco visible para el consumidor final, pero determinante para el exportador. La uva de mesa chilena necesita fumigarse antes de ingresar al mercado estadounidense, ya que se trata de un producto regulado desde el punto de vista fitosanitario. Ese paso administrativo tradicionalmente se hacía en origen o en puertos con alta congestión, lo que generaba retrasos, más días de tránsito y un riesgo constante de que la fruta perdiera calidad antes de llegar al anaquel.

    El nuevo modelo que propone Maersk es trasladar ese proceso de fumigación al destino, en lugar de dejarlo atrapado en cuellos de botella portuarios, y lo integra con el resto de la cadena de frío. En palabras de Le Harlin, ejecutivo de Maersk Norteamérica, la propuesta fue diseñada de extremo a extremo (desde las operaciones en Chile hasta la entrega final en territorio estadounidense), coordinando cada eslabón para dar a los clientes mayor visibilidad y control sobre su carga.

    El esquema no se quedó en el papel. Fue probado durante seis meses, periodo en el que se amplió la capacidad de fumigación del Puerto de Wilmington mediante nuevos permisos y mejoras de infraestructura, y se puso a prueba durante toda la temporada 2026 de uva de mesa chilena con servicios marítimos semanales. Según la compañía, el resultado fue una fruta disponible más rápido en el mercado y costos de transporte más bajos frente a las rutas alternativas.

    Aquí es donde el análisis se vuelve relevante para el sector. Wilmington no es uno de los puertos tradicionales de la costa este, y por eso el hecho de que gane capacidad de fumigación no es un dato menor. Le abre al exportador chileno una alternativa real frente a los puertos más congestionados, y de paso ayuda a descongestionarlos, además de facilitar el acceso a los mercados del Atlántico Medio y del Sureste de Estados Unidos, zonas de consumo que antes dependían más de rutas indirectas.

    La otra implicación tiene que ver con el alcance del modelo. Maersk fue clara en señalar que esta mayor capacidad de fumigación no se limitará a la uva, sino que también podrá usarse para otros productos regulados como espárragos, arándanos y cítricos. Esto convierte al piloto en algo más grande que una solución puntual para una fruta y una temporada, ya que sienta las bases de un esquema replicable para buena parte de la fruta chilena que exporta hacia Estados Unidos.

    En un contexto donde la eficiencia logística puede ser la diferencia entre una fruta que llega en condiciones óptimas y otra que pierde valor comercial en el camino, este tipo de alianzas entre navieras, proveedores y puertos apunta a convertirse en un estándar más que en una excepción para la fruta regulada.

    Fuente: Portal Frutícola