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  • Un acolchado que combate malezas y luego desaparece solo

    Un acolchado que combate malezas y luego desaparece solo

    Durante años, quienes cultivan en campo abierto han enfrentado un dilema difícil de resolver. El mulch o acolchado plástico funciona bien para controlar la maleza, pero retirarlo al final de la cosecha es costoso y complicado, sobre todo cuando el material ya se ha fragmentado y ha dejado microplásticos en el suelo.

    Ahora la empresa Ademar está probando en Centroamérica una alternativa que promete resolver justo ese problema, un mulch compostable que se descompone por completo en agua, dióxido de carbono y biomasa, sin dejar rastro de polímeros.

    La solución ya se ha probado en piña convencional y orgánica en la zona norte de Costa Rica, y la compañía la está extendiendo a melón, fresa, tomate, chile dulce, cebolla y lechuga. El material cuenta con la certificación OK Compost y cumple con la norma europea EN 17033, lo cual permite incorporarlo directamente al suelo una vez que termina su función, sin necesidad de retirarlo como ocurre con el acolchado tradicional. Está elaborado con material biodegradable basado en PLA, y su duración varía entre unos meses y más de dos años, según el espesor que se utilice.

    Lo interesante de este avance no es solo que el material desaparezca de forma natural, sino los resultados agronómicos que ha mostrado hasta ahora. Según Laurent Duvergey, responsable de Ademar, las pruebas en piña reportan cuatro beneficios claros, una reducción de la erosión del suelo, un adelanto de más de cuatro semanas en llegar a la fase de forzamiento (algo que se mantiene tanto en el primer como en el segundo ciclo de cosecha), menos problemas de floración natural y un ahorro directo en aplicaciones de herbicidas. Este último punto tiene un peso especial, porque reducir el uso de químicos no solo baja costos, sino que responde a una presión cada vez mayor sobre el sector para disminuir su huella ambiental.

    El caso de la piña orgánica ilustra bien por qué este desarrollo puede ser relevante. En ese tipo de producción, el control químico de malezas está muy limitado, así que el acolchado se vuelve casi indispensable. Sin embargo, muchos productores orgánicos también quieren evitar el plástico convencional, precisamente por la preocupación de dejar residuos en un suelo que se supone debe mantenerse libre de ese tipo de contaminación.

    Ahí es donde aparece la contradicción que menciona Duvergey, el acolchado aporta ventajas agronómicas difíciles de reemplazar, pero su retirada resulta costosa y compleja. Un material que se descomponga solo, sin perder sus propiedades durante el ciclo del cultivo, elimina esa tensión.

    Hay además un beneficio operativo que suele pasar desapercibido, y es que el producto permite mecanizar procesos de siembra gracias a su resistencia, lo cual reduce mano de obra y tiempo en campo. Sumado al ahorro que representa no tener que retirar el material al final del ciclo, la propuesta apunta tanto a la parte ambiental como a la económica, dos frentes que normalmente compiten entre sí en las decisiones de manejo agrícola.

    Tras las pruebas en Costa Rica, Ademar planea expandir su desarrollo hacia otros mercados de Centroamérica y América Latina. Duvergey visitará próximamente Honduras, Guatemala y Colombia para reunirse con clientes y revisar proyectos donde la empresa participa como proveedor de tecnología. Si los resultados se replican en melón y otros cultivos, este tipo de mulch podría convertirse en una herramienta relevante para productores que buscan reducir tanto sus costos como su dependencia de plásticos convencionales.

    Fuente: FreshPlaza