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  • Reino Unido enfrenta su peor cosecha en 40 años

    Reino Unido enfrenta su peor cosecha en 40 años

    Reino Unido está a punto de cerrar su peor cosecha de cereales desde que existen registros comparables (1984). La causa no es un solo fenómeno aislado, sino la combinación de dos condiciones extremas que rara vez se juntan con la intensidad actual, una sequía histórica y varias olas de calor sucesivas durante 2026. El resultado fue un golpe directo al desarrollo de tres cultivos centrales para el abastecimiento interno del país, el trigo, la cebada de primavera y la avena.

    Para entender la magnitud del problema conviene mirar los números. Inglaterra vivió el junio más caluroso de su historia, y junto con Gales, atravesó el julio más seco jamás registrado. Esa combinación (calor y falta de agua al mismo tiempo) redujo el potencial de los cultivos justo en la etapa en que más necesitan humedad para llenar el grano.

    Con más de la mitad del trigo ya cosechado, el rendimiento promedio se ubica en 6.8 toneladas por hectárea, bastante por debajo del promedio de la última década. Si esta tendencia se mantiene, la producción total de cereales y oleaginosas del país llegaría a 19.5 millones de toneladas, la cifra más baja en más de cuatro décadas, incluso tomando en cuenta que la colza tuvo un desempeño mejor al esperado.

    El reporte, elaborado por la Energy and Climate Intelligence Unit (ECIU) con datos del Agriculture and Horticulture Development Board (AHDB), estima pérdidas de hasta 2.5 millones de toneladas respecto de lo que se proyectaba antes de la sequía. Esto no es solo un dato agronómico, también tiene un costo económico directo. Se calcula que los productores británicos podrían perder hasta 390 millones de libras esterlinas, en un momento donde ya enfrentan mayores costos de producción y menor disponibilidad de agua para riego.

    La situación llegó al plano político. La National Farmers’ Union (NFU) advirtió que algunos alimentos podrían presentar problemas de abastecimiento en los próximos meses, y pidió al gobierno incentivos fiscales para que las explotaciones agrícolas puedan ampliar su capacidad de almacenamiento de agua. Más de cien organizaciones fueron todavía más allá, y solicitaron al nuevo primer ministro que la seguridad alimentaria se trate con la misma prioridad estratégica que la energía o la defensa nacional.

    Ahora bien, ¿por qué esto le importa a alguien fuera de Europa? Reino Unido no es uno de los grandes exportadores mundiales de cereales, así que su impacto directo sobre la oferta global es limitado. Pero la noticia funciona como una señal de alerta más amplia, porque confirma un patrón que también se repite en otras regiones agrícolas del mundo, los eventos climáticos extremos afectan cada vez con mayor frecuencia la producción de alimentos. De hecho, el propio informe de la ECIU señala que cuatro de las cinco peores cosechas británicas desde 1984 ocurrieron en esta misma década.

    Para América Latina el escenario abre dos caminos distintos. Por un lado, una menor oferta europea de granos podría sostener los precios internacionales y crear oportunidades comerciales para exportadores como Argentina y Brasil. Por otro lado, la misma volatilidad climática que golpeó a Reino Unido es una advertencia sobre lo que puede pasar en la región si no se invierte en riego eficiente, manejo de suelos y variedades más resistentes. El clima ya no es una variable secundaria en la ecuación agrícola, se está convirtiendo en uno de los factores que definirá cuánta comida hay disponible y a qué precio en los próximos años.

    Fuente: Agrolatam