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  • Menos merma con tecnología pasiva en frutas y verduras

    Menos merma con tecnología pasiva en frutas y verduras

    Las pérdidas postcosecha siguen siendo uno de los costos más difíciles de contener en el transporte y comercio de frutas y hortalizas. Cada producto que pierde calidad antes de venderse reduce el ingreso de productores, distribuidores y comercios. Nature’s Frequencies intenta atacar esa pérdida con Food Freshness Card, una tarjeta pasiva que busca retrasar el deterioro sin usar químicos, electricidad ni contacto directo con los alimentos.

    La propuesta parte de una idea sencilla. En vez de eliminar hongos, bacterias y otros microorganismos asociados con el deterioro, la tecnología busca reducir la velocidad con la que crecen. Según su inventor, Mike Hassler, el material de la tarjeta interactúa con la energía electromagnética del ambiente mediante un proceso patentado. La empresa compara su funcionamiento con el de una etiqueta pasiva de identificación por radiofrecuencia, que puede interactuar con campos electromagnéticos sin contar con una fuente propia de energía.

    La compañía también menciona investigación científica que ha observado cambios en el crecimiento y la actividad celular de microorganismos expuestos a campos electromagnéticos. Sin embargo, la nota no presenta esa investigación como una validación directa del desempeño comercial de la tarjeta. Esa diferencia es importante porque una cosa es demostrar que un fenómeno puede ocurrir y otra es comprobar cuánto reduce las pérdidas en distintas frutas, hortalizas y condiciones de manejo.

    El principal atractivo para la cadena de suministro está en que la tarjeta no pretende sustituir la refrigeración ni modificar la operación existente. La temperatura, la humedad, la ventilación, la limpieza y el manejo específico de cada producto siguen siendo esenciales. Incluso los productos que generan mucho etileno, como manzanas y plátanos, requieren las prácticas habituales para controlar este gas. La tecnología se plantea como una capa adicional de protección.

    Los datos comerciales reportados por Nature’s Frequencies muestran reducciones de merma de entre 23% y 47% en departamentos de frutas y hortalizas. En un caso, la merma bajó de 2.8% a 1.9%, lo que representó una reducción promedio de 32.9%. En otro, pasó de 3.8% a 2.1%, con una reducción promedio de 45.6%. Las instalaciones suelen utilizar entre 100 y 160 tarjetas distribuidas en áreas de preparación, cámaras frías, exhibidores y zonas de almacenamiento.

    La empresa asegura que el retorno de la inversión suele lograrse entre uno y cuatro meses. Esa velocidad explica por qué una reducción relativamente pequeña en el porcentaje total de merma puede tener un efecto importante en el resultado económico. En productos frescos, donde la vida útil es limitada, recuperar mercancía que antes se descartaba puede convertirse directamente en mayor producto vendible.

    Aun así, los datos citados son comerciales y los minoristas aparecen de forma anónima. La nota tampoco detalla el diseño de las pruebas, el periodo de medición ni las condiciones de comparación. Por eso, el dato más relevante no es asumir que cualquier operación reducirá su merma hasta 47%, sino observar que existe una tecnología que busca prolongar la vida comercial sin alterar la cadena fría.

    Si esos resultados se repiten bajo condiciones controladas y en diferentes productos, la propuesta podría convertirse en una herramienta adicional para reducir desperdicio y proteger márgenes.

    Fuente: The Packer