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  • Las frutas y verduras enfrentan un problema de marca

    Las frutas y verduras enfrentan un problema de marca

    La industria de frutas y verduras frescas en Estados Unidos enfrenta una contradicción que no debemos menospreciar. Las ventas en dólares pueden seguir creciendo durante 2026, pero el volumen vendido permanecería prácticamente sin cambios. De acuerdo con una proyección de Circana citada por The Packer, las ventas podrían subir alrededor de 2% mientras las libras comercializadas se mantienen estables. Eso significa que el crecimiento proviene del precio, no de una mayor demanda.

    Para Ruth Villalonga, el problema no está en la capacidad de producir ni en la calidad de los productos. Está en la forma en que la industria se presenta ante el consumidor. Durante décadas, gran parte del sector se concentró en cultivar, empacar y mover productos con eficiencia, pero dedicó mucha menos atención a construir marcas capaces de crear preferencia antes de que el precio entre en la decisión.

    Esa diferencia es relevante porque vender un producto no es lo mismo que construir demanda. Una promoción en tienda, un nuevo empaque o una recomendación de consumo pueden apoyar las ventas, pero no necesariamente crean una relación duradera con el comprador. Una marca sí busca hacerlo, porque ofrece una razón para elegir un producto y una historia que permanece más allá de una temporada o de una exhibición específica.

    El caso de Avocados From Mexico sirve como ejemplo dentro de la nota. La organización tomó un producto que podía verse como genérico y lo vinculó con ocasiones de consumo, cultura y entretenimiento. La asociación del guacamole con el Super Bowl convirtió al aguacate en parte de una experiencia concreta. La lógica es relevante para otros productos frescos porque muestra que la demanda también puede construirse desde la comunicación.

    La urgencia aumenta por el cambio en el perfil del consumidor. La especialista señala que los compradores más jóvenes y diversos son fundamentales para el futuro de la categoría. También cita que uno de cada cuatro integrantes de la Generación Z es latino. Para este grupo, la conexión cultural y la identificación con una marca tienen mayor peso, mientras los mensajes genéricos corren el riesgo de pasar desapercibidos.

    La implicación para el sector es que la comunicación tendría que dejar de funcionar solo como apoyo promocional. Tendría que convertirse en una herramienta para crear significado alrededor del producto. Eso incluye entender mejor a las comunidades, trabajar con creadores que ya conversan con ellas, generar presencia durante todo el año y contar historias que incluyan a quienes participan desde la producción hasta el punto de venta.

    El reto no exige necesariamente presupuestos enormes. Exige una lógica distinta. Si el volumen permanece plano, aumentar ingresos mediante precio tiene un límite. Para crecer de forma más sólida, la industria necesita que más personas quieran comprar más frutas y verduras. Eso obliga a mirar el mercado no solo desde la oferta disponible, sino también desde las razones que llevan a una persona a elegir, recordar y volver a comprar un producto. La tesis de la columna es sencilla. El sector ha sido muy eficiente para mover producto, pero ahora necesita aprender a construir deseo, preferencia y relación con el consumidor.

    Fuentes: The Packer

  • Por qué Estados Unidos produce menos fruta cada año

    Por qué Estados Unidos produce menos fruta cada año

    Estados Unidos importa hoy mucha más fruta fresca que hace quince años, mientras su propia producción retrocede. Tomando el 2010 como punto de partida, las importaciones subieron 69%, y en ese mismo periodo la producción nacional cayó 32%. Ambas curvas se cruzaron en 2013 y desde entonces no han vuelto a acercarse, según un análisis de la American Farm Bureau Federation (AFBF).

    Lo primero que hay que aclarar es lo que no explica este fenómeno. No se trata de que los estadounidenses estén comiendo menos fruta ni de que la demanda se haya estancado. La población de ese país creció cerca de 10% en el mismo lapso, una cifra muy por debajo del salto que tuvieron las importaciones. Es decir, hay más gente comiendo fruta, pero cada vez más de esa fruta llega desde afuera.

    Entonces, ¿qué cambió realmente? El costo de producir fruta dentro de Estados Unidos. Entre 2020 y 2025, los plaguicidas subieron 25%, el combustible 31%, los fertilizantes 37% y la mano de obra casi 50%. Como resultado, el gasto en efectivo promedio de las granjas de cultivos especiales superó los 466,000 dólares en 2023, un incremento de 47% respecto a 2021.

    Este encarecimiento golpea con más fuerza a la fruta que a otros productos agrícolas, porque el cultivo frutícola tiene muy pocos mecanismos para absorber los golpes. Las frutas son perecederas, las ventanas de cosecha son cortas, casi no existe la opción de almacenarlas por mucho tiempo y, a diferencia de otros commodities, no hay un mercado de futuros que permita cubrirse ante una caída de precios. Cuando los costos suben y no hay forma de compensar ni de esperar a que mejoren las condiciones, muchos productores simplemente reducen superficie o abandonan el cultivo.

    Ese vacío lo están llenando las importaciones. De acuerdo con cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), en 2023 las importaciones cubrieron 59% de la disponibilidad de fruta fresca en ese país, cuando en 2007 representaban 50%. La producción nacional, en contraste, quedó en apenas 41%.

    Buena parte de ese crecimiento en importaciones sigue respondiendo a algo lógico, que es llenar huecos estacionales genuinos, en las épocas del año en que Estados Unidos simplemente no puede producir cierta fruta.

    Sin embargo, el análisis de la AFBF identifica que la fruta importada está llegando cada vez más temprano y quedándose cada vez más tiempo en el mercado. Los economistas del USDA llaman a esto “market window creep”, es decir, un desplazamiento gradual de la ventana de mercado. Y este fenómeno concentra la competencia justamente en las semanas tempranas y tardías de la temporada, que son las que históricamente le habían dado a los productores locales los mejores precios, los que en buena medida sostenían la rentabilidad de todo el ciclo.

    La conclusión del reporte no es que el comercio internacional sea el problema. De hecho, reconoce que el intercambio sigue siendo necesario para abastecer al mercado estadounidense durante todo el año. El punto de fondo es otro, y es que una base de producción doméstica cada vez más reducida deja al abastecimiento de fruta en Estados Unidos más expuesto a factores externos, como el clima en los países proveedores, la inestabilidad política en esas regiones o eventos de seguridad alimentaria que puedan ocurrir fuera de sus fronteras.

    Fuente: Fresh Fruit Portal