El gobierno de Estados Unidos, a través de su Departamento de Agricultura (USDA) invertirá 25 millones de dólares en una nueva instalación para dispersar moscas estériles en Arizona. El objetivo es simple de entender, aunque su ejecución no lo es tanto, se busca frenar el avance del gusano barrenador del ganado, una plaga que representa una amenaza seria para la industria pecuaria.
La técnica detrás de esto suena casi contraintuitiva, pero funciona desde hace décadas. Se liberan millones de moscas estériles en zonas donde existe riesgo de brote. Al no poder reproducirse, estas moscas reducen poco a poco la población de la plaga sin necesidad de usar químicos masivos. Con esta nueva planta, Arizona se suma a instalaciones que ya operan en Texas, México y Panamá, formando así una red regional pensada para actuar de forma coordinada en toda Norteamérica.
Lo que hace especialmente relevante este anuncio es el contexto en el que llega. La secretaria de agricultura, Brooke Rollins, lo dio a conocer durante una visita al puerto de entrada de Douglas, en Arizona, justo antes de que ese cruce fronterizo reabra el comercio de ganado en pie el 24 de agosto. No es casualidad. Douglas fue elegido como el primer punto en reabrir porque Sonora mantiene, según el USDA, uno de los sistemas de sanidad animal más sólidos de México, con el menor nivel de riesgo sanitario de la región.
Aquí es donde el análisis se vuelve interesante. La reapertura no significa que los controles se relajen, sino todo lo contrario. Cada animal que cruce por Douglas pasará por múltiples revisiones veterinarias, incluidas inspecciones de especialistas del APHIS (el brazo sanitario del USDA). Si un animal no cumple los criterios, será rechazado de inmediato. Y si se detecta cualquier enfermedad, las importaciones se suspenderán de forma automática. Es decir, la puerta se abre, pero con un filtro mucho más estricto que antes.
Para los productores, esta noticia tiene un peso económico directo. El comercio de ganado entre México y Estados Unidos había enfrentado restricciones por el temor al gusano barrenador, y su reactivación (aunque gradual) representa un alivio para quienes dependen de ese flujo comercial. El legislador Juan Ciscomani, de Arizona, lo dejó claro al señalar que la industria ganadera del estado no podía seguir esperando ante la amenaza de la plaga.
En el fondo, lo que está construyendo el USDA es una barrera de contención que combina infraestructura física (la planta de moscas estériles) con protocolos administrativos (las inspecciones reforzadas). Ninguna de las dos piezas funciona sola. Si solo se libera a las moscas sin vigilar la frontera, el riesgo de reinfestación sigue presente. Y si solo se inspecciona sin atacar la plaga en su origen, la presión sanitaria nunca disminuye.
Lo que viene ahora es observar si este modelo, aplicado primero en Douglas, se replica en otros puertos fronterizos. Si el sistema demuestra ser efectivo, es probable que veamos anuncios similares en otros cruces, ampliando poco a poco la reapertura del comercio ganadero entre ambos países.
Fuente: Ganaderia

