Una investigación encargada por la organización Women in Horticulture, y realizada por la agencia independiente Scarlatti, acaba de poner sobre la mesa un dato que resume el problema completo. El 80% de las mujeres encuestadas en el sector dijo haber vivido discriminación por su género en algún momento de su carrera. Entre los hombres, esa cifra fue de solo 28%. El estudio se basó en 244 respuestas de encuesta y 34 entrevistas a profundidad con hombres y mujeres que trabajan en horticultura.
Lo interesante no es solo el número, sino lo que hay detrás de él. Las mujeres entrevistadas describieron situaciones muy concretas. Tener que llegar sobrepreparadas para que las tomaran en serio. Ver cómo sus ideas eran ignoradas hasta que un colega hombre las repetía. Quedar excluidas del uso de maquinaria que sabían operar perfectamente. Y recibir comentarios sobre su apariencia, su capacidad o incluso su embarazo, algo que sus compañeros varones simplemente no enfrentan.
Dana Carver, vocera de Scarlatti, explica que las mujeres no están pidiendo una ventaja adicional, sino la misma oportunidad que cualquier otra persona. Y ahí está la clave, porque ese tipo de petición es mucho más fácil de aceptar para una industria que teme verse obligada a dar trato preferencial.
Aquí aparece un punto esencial. Cuando se preguntó a las mujeres qué tipo de apoyo preferían, las respuestas se dividieron casi a la mitad. Seis de cada quince mujeres consideraron útil algún apoyo dirigido específicamente a ellas, como programas de mentoría o mayor visibilidad de oportunidades. Otras seis, en cambio, rechazaron por completo cualquier programa exclusivo para mujeres, ya que temen que esto refuerce la idea de que ellas avanzan gracias a ayuda y no por mérito propio.
Más allá de esa división, hubo un consenso amplio. El 52% de las mujeres encuestadas coincidió en que la mayor diferencia vendría de algo mucho más simple, hacer visibles las oportunidades de desarrollo y crecimiento que ya existen. Esta cifra supera por mucho a cualquier apoyo con enfoque exclusivamente femenino, lo cual sugiere que el problema no es tanto la falta de programas, sino la falta de acceso claro a la información y a las rutas de ascenso.
El estudio también encontró algo que conviene entender bien. Hombres y mujeres comparten barreras similares para avanzar en su carrera, como la falta de confianza en sí mismos o la ausencia de rutas claras dentro de sus organizaciones. Pero el género aparece como el tercer obstáculo más importante para las mujeres (39%), mientras que para los hombres representa apenas un 3%. La razón más citada por ellas es que su opinión no se valora igual que la de sus colegas hombres.
La implicación para la industria es clara. Carver lo resume diciendo que eliminar una barrera no es un favor hacia las mujeres, sino simplemente una buena decisión de negocio. Las empresas que actúen primero para corregir estas desigualdades tendrán acceso preferente a un talento comprometido que hoy podría estar buscando espacios más justos fuera del sector agrícola.
Fuente: FreshFruitPortal

