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  • El cacao se encarece ante nuevas dudas sobre la oferta

    El cacao se encarece ante nuevas dudas sobre la oferta

    El cacao volvió a sacudir al mercado internacional durante los últimos días de agosto. El contrato de diciembre en Nueva York cerró el 28 de agosto en 6,648 dólares por tonelada, después de subir 7.69% en una sola sesión. Un día antes, el precio diario de la Organización Internacional del Cacao se ubicó en 6,205 dólares por tonelada. El movimiento confirma que el mercado dejó atrás, al menos por ahora, los niveles mucho más bajos observados meses antes.

    El repunte no significa que haya regresado la crisis extrema de 2024. En diciembre de ese año, los futuros llegaron a 12,931 dólares por tonelada. Sin embargo, la subida reciente muestra que los compradores vuelven a pagar una prima por el riesgo de que la oferta africana sea menor de lo esperado durante el ciclo 2026/27.

    El cambio se entiende mejor al revisar lo ocurrido durante 2024/25. La producción mundial aumentó 8.3% y alcanzó 4.7 millones de toneladas, según la Organización Internacional del Cacao. Al mismo tiempo, las moliendas cayeron 3.8% hasta 4.6 millones de toneladas. El resultado fue un superávit de 48,000 toneladas, después de un déficit de 492,000 toneladas en 2023/24.

    Esa combinación quitó presión sobre los precios. Hubo más cacao disponible y menos consumo industrial. Los precios excepcionalmente altos también redujeron los márgenes de los procesadores y obligaron a la industria a adaptarse. En otras palabras, el mercado encontró cierto equilibrio porque la oferta mejoró mientras la demanda se moderó.

    Ahora la atención está cambiando de nuevo hacia la producción. Ghana, uno de los mayores productores mundiales, espera una caída de al menos 16% en su cosecha 2026/27. Su regulador atribuye el deterioro a lluvias excesivas durante mayo y junio, enfermedades, el ciclo productivo de los árboles y la posible influencia de El Niño. También persisten problemas como plantaciones envejecidas y pérdida de superficie agrícola por minería ilegal.

    Costa de Marfil, otro jugador importante, enfrenta otra señal de alerta. La llegada de su cosecha principal podría retrasarse entre 8 y 10 semanas. Fuentes de la industria estiman que entre octubre y diciembre llegarían a los puertos unas 900,000 toneladas, frente a 1.1 millones durante el mismo periodo de 2025. El problema no necesariamente implica una pérdida equivalente de producción, pero sí concentra las entregas y aumenta la presión logística.

    El clima añade otra capa de incertidumbre. Actualmente existe una probabilidad superior a 90% de que se desarrolle un El Niño muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte. En los últimos 55 años, todos los episodios fuertes de este fenómeno han reducido la producción mundial de cacao.

    Por eso el mercado vuelve a reaccionar antes de conocer el tamaño definitivo de la cosecha. El cacao ya no enfrenta el mismo déficit que provocó los máximos de 2024, pero tampoco tiene un margen amplio para absorber una nueva caída de la oferta. Si Ghana y Costa de Marfil producen menos de lo previsto, el pequeño superávit reciente puede desaparecer con rapidez. La evolución del precio dependerá ahora menos del pasado inmediato y más de lo que ocurra en los campos africanos durante los próximos meses.

    Fuentes: ICCO, Investing

  • Precios bajos del agave dejan la puerta abierta al picudo

    Precios bajos del agave dejan la puerta abierta al picudo

    El agave mexicano atraviesa uno de sus peores momentos en años recientes, y esta vez el problema no es solo económico. El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) advirtió que la caída sostenida en el precio de esta planta está llevando a muchos productores a dejar de atender sus parcelas, algo que abre la puerta a una plaga que puede volverse muy difícil de controlar, el picudo del agave.

    Para entender por qué está pasando esto hay que regresar a 2019 y 2022, cuando el agave alcanzó precios históricamente altos gracias al auge exportador del tequila. Miles de productores, atraídos por esas ganancias, sembraron nuevas superficies pensando que la tendencia se mantendría.

    El problema es que la demanda de la industria tequilera no creció al mismo ritmo que la producción, así que hoy existe un excedente enorme de agave que nadie está comprando al precio que los productores necesitan.

    Los números son contundentes. En 2023, la tonelada de agave llegó a costar 18,730 pesos, su máximo histórico. Para 2025 el precio promedio ya había bajado a 12,500 pesos (una caída de 29.5%), y las proyecciones del GCMA apuntan a que en 2026 podría desplomarse hasta 4,500 pesos por tonelada, es decir, una baja acumulada de 63.8% frente al pico de 2023.

    El GCMA calcula que la industria terminó 2025 con 17 millones de piñas de agave almacenadas, y que ese inventario podría crecer hasta 50 millones de piñas en 2026 (un salto de 194%). Con reservas suficientes para cubrir 18 meses de demanda, las empresas tequileras simplemente no tienen motivo para comprar más materia prima, lo que deja a los productores sin ingresos suficientes para mantener sus cultivos.

    Ahí es donde entra el riesgo sanitario. Sin manejo adecuado, las plantaciones descuidadas se convierten en un ambiente ideal para que el picudo del agave (Scyphophorus acupunctatus) se reproduzca sin control.

    Esta plaga no solo amenaza los cultivos abandonados, sino que puede extenderse hacia parcelas vecinas que sí están recibiendo seguimiento, poniendo en riesgo a toda la cadena productiva, no solo a quienes decidieron dejar de invertir.

    Guanajuato tiene mucho que perder en este escenario. El estado es el segundo productor nacional de agave tequilero, con más de 401,000 toneladas registradas en 2024, un volumen que generó más de 7,000 millones de pesos. Junto con Jalisco y Michoacán, concentra 81% de toda la producción del país bajo la Denominación de Origen del Tequila. En 2025, además, Guanajuato exportó más de 1.1 millones de litros de tequila, con un valor superior a 13.7 millones de dólares.

    Lo que está en juego, entonces, no es solo el ingreso inmediato de los productores agaveros, sino la salud futura de una agroindustria que sostiene miles de empleos y una parte importante de las exportaciones agroalimentarias del estado.

    Si la plaga avanza sin control mientras los precios siguen deprimidos, el ciclo se vuelve más difícil de romper, porque cada vez habrá menos incentivos económicos para invertir en el manejo fitosanitario que evitaría el problema.

    Por ahora solo tenemos una advertencia, pero el margen para actuar antes de que la plaga se vuelva incontrolable depende de decisiones que muchos productores, sin ingresos suficientes, difícilmente pueden tomar.

    Fuente: Líder Empresarial