Etiqueta: riego agrícola

  • El riego genera 60% del valor con solo 27% del área

    El riego genera 60% del valor con solo 27% del área

    En 2025, el temporal cubrió casi tres de cada cuatro hectáreas sembradas en México. Su peso en el campo fue enorme. Aun así, no tuvo el mismo peso en el valor generado. El temporal reunió 72.9% del área sembrada, pero aportó 40.1% del valor agrícola. El riego hizo lo contrario. Con 27.1% del área, generó 59.9% del valor.

    La brecha se ve mejor en el área cosechada. Cada hectárea bajo riego generó en promedio 94,213 pesos. En temporal, el promedio fue de 23,322 pesos. Es una relación de poco más de cuatro a uno.

    Ese dato requiere una lectura cuidadosa. No quiere decir que toda hectárea con riego valga cuatro veces más. Tampoco compara el mismo cultivo bajo dos formas de manejo. El promedio reúne productos muy distintos. Por eso mezcla cambios en rendimiento, precio y tipo de cultivo.

    El temporal se apoya en grandes áreas de granos y forrajes. Maíz grano, pastos y praderas, frijol y sorgo grano sumaron cerca de 10 millones de hectáreas cosechadas. Eso equivale a más de 71% del área cosechada de temporal. Su valor por hectárea fue mucho menor que el promedio del riego.

    El riego también tiene granos y forrajes. Sin embargo, su mezcla incluye cultivos de alto valor en áreas más pequeñas. Ahí está una parte clave de la brecha. Chile verde, tomate rojo, aguacate, papa, uva y espárrago ocuparon solo 7.7% del área cosechada bajo riego. Pero juntos aportaron 27.9% del valor de esa modalidad.

    El contraste es claro. El tomate rojo bajo riego generó 747,326 pesos por hectárea cosechada. El espárrago alcanzó 407,819 pesos. La uva llegó a 373,912 pesos. La papa registró 305,246 pesos. El chile verde sumó 285,962 pesos. El aguacate alcanzó 255,634 pesos. Son áreas pequeñas frente a los grandes cultivos de temporal, pero pesan mucho más en valor.

    Los ciclos también muestran esa diferencia. En temporal, Primavera-Verano reunió 8.1 millones de hectáreas cosechadas. Su valor medio fue de 15,529 pesos por hectárea. En riego, los cultivos perennes llegaron a 121,607 pesos por hectárea. Primavera-Verano alcanzó 81,468 pesos. Otoño-Invierno llegó a 74,547 pesos.

    El patrón no nació en 2025. En 2024, el riego tuvo 27.5% del área sembrada y 60.9% del valor. El temporal tuvo 72.5% del área y 39.1% del valor. Un año después, la relación fue casi la misma.

    La diferencia no depende solo del tamaño del área. La señal de fondo es simple. Contar hectáreas no basta para medir el peso económico del campo. El temporal domina el área sembrada del país. El riego concentra menos tierra, pero una mezcla con mayor valor por hectárea. Por eso genera casi 60% del valor agrícola con poco más de una cuarta parte del área.

    Fuente: DGSIAP

  • El riego agrícola presiona acuíferos clave de México

    El riego agrícola presiona acuíferos clave de México

    El agua que sostiene al campo mexicano también está aumentando la presión sobre sus reservas subterráneas. En 2023 se concesionaron cerca de 25,700 millones de metros cúbicos de agua de pozos para uso agrícola. Esa cantidad fue casi el doble de los 13,500 millones destinados al abasto público en todo el país mediante fuentes superficiales y subterráneas.

    El dato no significa que toda la agricultura dependa de los pozos. El agua subterránea representó 37.3% del volumen concesionado al sector. Sin embargo, su uso se concentra en zonas donde la extracción ya supera la capacidad natural de recuperación. Un acuífero se considera sobreexplotado cuando se extrae más de 1.1 veces el agua que logra recargarse.

    La señal más clara aparece en las Unidades de Riego. Estas son áreas de producción pequeñas, dispersas y administradas de forma local. Son distintas de los Distritos de Riego, que reúnen canales, fuentes comunes y usuarios organizados bajo una concesión. México cuenta con unas 50,000 Unidades de Riego que cubren 4.0 millones de hectáreas. En 65% de esa superficie se usa agua subterránea.

    52.4% de la superficie analizada de esas unidades, equivalente a 1.4 millones de hectáreas, está sobre acuíferos sobreexplotados. Otro 25.3% se encuentra sobre acuíferos en equilibrio y 22.3% sobre reservas subexplotadas. El problema tampoco es aislado. De los 653 acuíferos del país, 114 presentan sobreexplotación. La mayor concentración está en el centro y el norte, sobre todo en las regiones Lerma Santiago Pacífico, Cuencas Centrales del Norte y Río Bravo.

    La presión responde a una combinación difícil. En buena parte del norte llueve poco, por lo que la recarga es limitada. Al mismo tiempo, creció la superficie dedicada a cultivos con alta demanda de agua, como alfalfa y nogales. Entre 2001 y 2023, el volumen subterráneo concesionado a la agricultura pasó de 16,900 a 25,700 millones de metros cúbicos. El aumento acumulado fue de 51.7%.

    La relevancia productiva explica por qué no basta con reducir el tema a un exceso de consumo. La agricultura de riego ocupa 30% de la superficie agrícola, pero genera más de 50% de la producción nacional. Limitar el bombeo sin mejorar el manejo podría afectar zonas de alto valor. Mantener la extracción actual también tiene costos. En acuíferos costeros puede entrar agua marina y salinizar el suelo. La sobreexplotación también puede deteriorar la calidad del agua y elevar la concentración de sustancias dañinas. En algunos distritos de Sonora, la salinidad ya redujo la capacidad productiva.

    La tecnificación del riego es necesaria, aunque no resuelve el problema por sí sola. Si el ahorro permite sembrar más superficie, la extracción total puede mantenerse o incluso crecer. Por eso los especialistas plantean acompañar la tecnología con vigilancia de concesiones, control de volúmenes y revisión de apoyos que abaratan el bombeo. También proponen cultivos de cobertura, conservación de rastrojos, restauración de suelos y cosecha de agua para retener humedad y favorecer la infiltración.

    El reto no consiste solamente en usar menos agua por hectárea. Consiste en asegurar que el ahorro ocurra en todo el acuífero. Sin ese control, una mejora dentro de la parcela puede elevar la producción sin detener el abatimiento que amenaza su continuidad.

    Fuente: El Economista