Etiqueta: sostenibilidad

  • California exige menos plástico y agricultores dudan

    California exige menos plástico y agricultores dudan

    California avanza con la Ley SB 54 (Plastic Pollution Prevention and Packaging Producer Responsibility Act), una normativa que busca reducir el plástico de un solo uso en empaques y productos desechables.

    La idea de fondo es simple, quien produce el empaque debe hacerse cargo también de su destino final. Para lograrlo, la ley obliga a los productores a inscribirse en una organización responsable de la gestión de residuos y a reportar información detallada sobre sus materiales.

    El problema es que varios plazos ya se cumplieron y, según relatan productores agrícolas, la implementación está generando más confusión que claridad. Jason Resnick, de Western Growers Association, explicó que la ley traslada los llamados “costos de fin de vida útil” del empaque hacia quienes lo producen. Esto suena razonable en el papel, pero en la práctica agrega una capa de trabajo administrativo que muchas empresas agrícolas no estaban preparadas para asumir.

    Organizaciones como California Citrus Mutual y California Fresh Fruit Association coinciden en que apoyan el objetivo ambiental de la ley, pero cuestionan su diseño. Jacob Villagomez, de Citrus Mutual, señala que cualquier transición de empaques debe equilibrar el beneficio ambiental con la seguridad alimentaria, la calidad del producto y su costo final para el consumidor. Casey Creamer, de Fresh Fruit Association, va más allá y advierte que persiste confusión sobre definiciones y responsabilidades, además de que los plazos avanzaron más rápido que la capacidad del sector regulatorio para explicar cómo cumplirlos.

    A nivel operativo, el impacto se siente todavía más fuerte. Justin Bedwell, de Bari Produce LLC, cuenta que reunir los datos exigidos desde 2023 (peso, tipo de material y otros criterios) tomó horas valiosas durante la temporada alta de cosecha, un momento en el que ese tiempo simplemente no sobra. Y esto es solo el comienzo, porque las exigencias sobre reducción de fuentes, contenido reciclado y tarifas seguirán llegando en los próximos años.

    Aquí aparece uno de los puntos más delicados del debate, el dinero. Circular Action Alliance, la organización elegida para operar el sistema de reciclaje del estado, proyecta un presupuesto de cinco años que va de 9,300 millones a 17,200 millones de dólares, financiado enteramente por los productores californianos de materiales cubiertos por la ley. Bedwell es claro al respecto, ese costo terminará trasladándose al consumidor final, y golpeará con más fuerza a los productores pequeños, que no tienen la misma capacidad de absorber gastos adicionales que las grandes empresas.

    CalRecycle, la agencia estatal detrás de la ley, defiende el proceso. Melanie Turner, su vocera para SB 54, sostiene que el nuevo sistema es mejor que el anterior, donde los costos y la contaminación terminaban recayendo en familias, contribuyentes y gobiernos locales sin capacidad real de decidir sobre el diseño del empaque. Según ella, el programa avanza como “un dial, no un interruptor”, dando a los productores flexibilidad para rediseñar empaques e invertir en reciclaje de forma gradual.

    Lo que queda claro es que nadie discute el objetivo ambiental. La tensión está en el ritmo de implementación y en si existen alternativas de empaque que funcionen tan bien como el plástico para proteger productos perecederos, sin encarecer aún más la cadena de suministro agrícola.

    Fuente: The Packer

  • Un acolchado que combate malezas y luego desaparece solo

    Un acolchado que combate malezas y luego desaparece solo

    Durante años, quienes cultivan en campo abierto han enfrentado un dilema difícil de resolver. El mulch o acolchado plástico funciona bien para controlar la maleza, pero retirarlo al final de la cosecha es costoso y complicado, sobre todo cuando el material ya se ha fragmentado y ha dejado microplásticos en el suelo.

    Ahora la empresa Ademar está probando en Centroamérica una alternativa que promete resolver justo ese problema, un mulch compostable que se descompone por completo en agua, dióxido de carbono y biomasa, sin dejar rastro de polímeros.

    La solución ya se ha probado en piña convencional y orgánica en la zona norte de Costa Rica, y la compañía la está extendiendo a melón, fresa, tomate, chile dulce, cebolla y lechuga. El material cuenta con la certificación OK Compost y cumple con la norma europea EN 17033, lo cual permite incorporarlo directamente al suelo una vez que termina su función, sin necesidad de retirarlo como ocurre con el acolchado tradicional. Está elaborado con material biodegradable basado en PLA, y su duración varía entre unos meses y más de dos años, según el espesor que se utilice.

    Lo interesante de este avance no es solo que el material desaparezca de forma natural, sino los resultados agronómicos que ha mostrado hasta ahora. Según Laurent Duvergey, responsable de Ademar, las pruebas en piña reportan cuatro beneficios claros, una reducción de la erosión del suelo, un adelanto de más de cuatro semanas en llegar a la fase de forzamiento (algo que se mantiene tanto en el primer como en el segundo ciclo de cosecha), menos problemas de floración natural y un ahorro directo en aplicaciones de herbicidas. Este último punto tiene un peso especial, porque reducir el uso de químicos no solo baja costos, sino que responde a una presión cada vez mayor sobre el sector para disminuir su huella ambiental.

    El caso de la piña orgánica ilustra bien por qué este desarrollo puede ser relevante. En ese tipo de producción, el control químico de malezas está muy limitado, así que el acolchado se vuelve casi indispensable. Sin embargo, muchos productores orgánicos también quieren evitar el plástico convencional, precisamente por la preocupación de dejar residuos en un suelo que se supone debe mantenerse libre de ese tipo de contaminación.

    Ahí es donde aparece la contradicción que menciona Duvergey, el acolchado aporta ventajas agronómicas difíciles de reemplazar, pero su retirada resulta costosa y compleja. Un material que se descomponga solo, sin perder sus propiedades durante el ciclo del cultivo, elimina esa tensión.

    Hay además un beneficio operativo que suele pasar desapercibido, y es que el producto permite mecanizar procesos de siembra gracias a su resistencia, lo cual reduce mano de obra y tiempo en campo. Sumado al ahorro que representa no tener que retirar el material al final del ciclo, la propuesta apunta tanto a la parte ambiental como a la económica, dos frentes que normalmente compiten entre sí en las decisiones de manejo agrícola.

    Tras las pruebas en Costa Rica, Ademar planea expandir su desarrollo hacia otros mercados de Centroamérica y América Latina. Duvergey visitará próximamente Honduras, Guatemala y Colombia para reunirse con clientes y revisar proyectos donde la empresa participa como proveedor de tecnología. Si los resultados se replican en melón y otros cultivos, este tipo de mulch podría convertirse en una herramienta relevante para productores que buscan reducir tanto sus costos como su dependencia de plásticos convencionales.

    Fuente: FreshPlaza