Etiqueta: trigo

  • Nuevas líneas de trigo desafían la sequía en México

    Nuevas líneas de trigo desafían la sequía en México

    El trigo del noroeste de México enfrenta una presión cada vez más tangible. Hay menos agua disponible para riego y, al mismo tiempo, temperaturas altas en etapas en las que el cultivo necesita condiciones frescas. Ese doble estrés ya tiene efectos visibles. En el Valle del Carrizo, en Sinaloa, productores reportaron que el rendimiento promedio cayó de cerca de 6 toneladas por hectárea a poco más de 4 toneladas por hectárea en la última temporada.

    Frente a ese escenario, ensayos realizados por el CIMMYT y sus colaboradores muestran un avance importante. Nuevas líneas experimentales de trigo lograron ventajas de rendimiento de hasta 28% bajo calor y de 15% frente a condiciones combinadas de sequía y altas temperaturas. Las pruebas se realizan en la Estación Experimental Norman E. Borlaug, en Ciudad Obregón, Sonora.

    No es que estos materiales necesiten poca agua. El trigo sigue dependiendo del riego. La diferencia está en su capacidad para conservar una mayor parte de su rendimiento cuando el agua es limitada o cuando el calor aumenta. El objetivo es reducir cuánto pierde el cultivo cuando las condiciones dejan de ser favorables.

    Una de las líneas experimentales produjo 15% más que Borlaug 100 bajo sequía y también bajo calor. Otra alcanzó una ventaja de 28% cuando fue expuesta a altas temperaturas. La variedad Borlaug 100 sirve como referencia por su potencial productivo, estabilidad y adaptación a distintos esquemas de riego.

    También hay avances en materiales con antecedentes bajo diferentes condiciones de agua. Noroeste C2021 registró un promedio de 7.379 toneladas por hectárea. Don Lupe Oro C2020 llegó a 7.140 toneladas por hectárea y CIRNO C2008 alcanzó 6.664 toneladas por hectárea. La diferencia entre Noroeste C2021 y CIRNO C2008 fue cercana a 10.7%.

    El rendimiento no es el único criterio. Los programas de mejoramiento también evalúan resistencia a royas, estabilidad, calidad industrial, peso del grano y adaptación a distintas fechas de siembra y niveles de riego. Esto resulta importante porque el problema no se presenta de una sola forma. El productor puede enfrentar menos agua, más calor o ambos factores al mismo tiempo.

    Las nuevas líneas todavía no están listas para una adopción comercial inmediata. Antes deben pasar por validaciones regionales, registro en el catálogo nacional de variedaddes vegetales y multiplicación de semilla. Algunas podrían llegar a los agricultores en uno o dos años. Otras, que se encuentran en fases más tempranas, podrían requerir entre tres y cuatro años.

    La implicación para el noroeste es relevante. Si el calor acelera el ciclo del trigo, el periodo de llenado del grano puede acortarse y el rendimiento puede caer. Si además hay menos agua para riego, el margen para corregir esa pérdida se reduce. Por eso, una variedad más estable puede convertirse en una herramienta para disminuir riesgo productivo.

    Eso sí, la genética no resolverá sola el problema. Los ensayos apuntan a una combinación de mejores materiales con decisiones sobre fechas de siembra, manejo del suelo y eficiencia del riego. El avance consiste en producir más con el agua disponible y sostener mejor el rendimiento cuando aumenta la temperatura.

    La prueba decisiva llegará fuera de las parcelas experimentales. Si estas ventajas se mantienen en distintas regiones y ciclos, el mejoramiento genético podría ayudar a que el trigo siga siendo viable en ambientes donde el agua y el clima ya están cambiando las reglas de producción.

    Fuente: AgroLatam

  • Trigo mexicano recibe apoyo extra ante clima adverso

    Trigo mexicano recibe apoyo extra ante clima adverso

    A partir del 20 de agosto de 2026, México pondrá en marcha un incentivo de hasta 2,000 pesos por tonelada de trigo panificable comercializado, dirigido a productores de 13 estados que participaron en el ciclo Otoño-Invierno 2025/26.

    El programa, impulsado por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), busca aliviar el ingreso de un sector que enfrentó costos de producción altos, condiciones de mercado exigentes y, en algunas zonas, problemas climáticos durante el ciclo agrícola.

    El esquema funciona con dos componentes. El primero es una base de 1,800 pesos por tonelada, disponible para todos los productores que cumplan los requisitos de elegibilidad. El segundo suma otros 200 pesos por tonelada, pero solo para quienes hayan sido afectados por la falta de horas frío, un fenómeno climático que altera el desarrollo normal del cultivo. Así, el tope de 2,000 pesos no llega a todos por igual, sino que depende de la ubicación y de las condiciones específicas de cada campo.

    La cobertura incluye a productores de Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Coahuila, Durango, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nuevo León, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas y Zacatecas, siempre que estén inscritos en el padrón correspondiente y cumplan las Reglas de Operación del Programa Comercio Justo para el ejercicio fiscal 2026.

    Para entender la magnitud de esta cifra conviene pensarla a escala. Un productor que comercialice 100 toneladas con el incentivo máximo recibiría 200,000 pesos, mientras que uno con 500 toneladas alcanzaría un millón de pesos. Es un monto que, sumado al precio de venta habitual, puede cambiar de forma notable el resultado final de una campaña, sobre todo para quienes operan con márgenes ajustados.

    Este tipo de apoyo no es nuevo. Durante el primer trimestre de 2026 ya se habían pagado incentivos por la cosecha del ciclo anterior (2024/25), beneficiando a 14,684 productores de 14 estados con una inversión superior a 1,755 millones de pesos. En Baja California, por ejemplo, 446 productores ya recibieron 104.5 millones de pesos bajo este tipo de política.

    La relevancia del trigo panificable va más allá del bolsillo de cada agricultor, ya que es la materia prima de la harina y de numerosos productos de consumo diario. Por eso, cuando el sector enfrenta dificultades económicas, el efecto puede sentirse también en la disponibilidad del grano dentro del país.

    El componente extraordinario vinculado al frío insuficiente pone en evidencia algo que suele quedar en segundo plano y es que el clima no solo afecta el volumen cosechado, sino también el ingreso final del productor. Un incentivo mejora el precio que recibe cada tonelada, aunque no elimina la presión de los costos ni asegura por sí solo que la explotación sea rentable.

    El verdadero valor de esta medida se conocerá con el tiempo, en función de cuántos productores logren acceder al programa, qué volumen resulte elegible y qué tan significativo sea el monto frente a los gastos reales de producir trigo en cada región. Para miles de trigueros mexicanos, la pregunta ya no es solo cuánto van a cosechar, sino cuánto dinero les queda después de vender cada tonelada.

    Fuente: Agrolatam

  • USDA recorta stocks de maíz y agita el mercado global

    USDA recorta stocks de maíz y agita el mercado global

    El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) presentó el 12 de agosto su informe WASDE, y el ajuste más comentado fue el recorte en los stocks finales de maíz estadounidense para el ciclo 2026/27.

    El organismo ubicó esas reservas en cerca de 42.0 millones de toneladas, muy por debajo de los 43.9 millones que esperaba el mercado y de los 45.5 millones que el propio USDA había proyectado en julio. Es un dato relevante porque Estados Unidos, Brasil y Argentina compiten directamente en los principales mercados de exportación, y cualquier cambio en la disponibilidad estadounidense puede mover precios, primas y flujos comerciales en toda la región.

    ¿Por qué bajaron los stocks si la cosecha de maíz en realidad creció un poco (hasta 406.7 millones de toneladas, gracias a más área sembrada que compensó un rendimiento menor)? La respuesta está del lado del consumo. El USDA elevó en 75 millones de bushels las exportaciones esperadas de maíz estadounidense (hasta 3,300 millones), apoyado en mayor demanda internacional y en las restricciones que enfrenta la oferta exportable de Ucrania. En otras palabras, el consumo global está creciendo más rápido que la oferta disponible, y eso reduce el colchón de seguridad que tiene el mercado ante cualquier imprevisto climático o logístico.

    La soya y el trigo estadounidenses tuvieron ajustes distintos. La soya mostró una producción mayor (123.0 millones de toneladas) gracias a más área cosechada, mientras que el trigo tuvo una reducción leve en producción, pero con stocks finales 22% por debajo del ciclo anterior.

    A nivel mundial, las reservas de maíz también bajaron levemente (274.7 millones de toneladas), las de soya quedaron sin cambios (124.2 millones) y las de trigo subieron (273.3 millones). Este comportamiento distinto entre productos es clave, porque significa que no habrá una reacción uniforme en los precios; cada mercado seguirá su propia lógica de oferta y demanda.

    Para Sudamérica, el informe trajo señales mixtas. Brasil mejoró su estimación de cosecha de maíz (140 millones de toneladas, frente a 138 millones en julio) y de soya (180.5 millones), aunque esta última quedó por debajo de lo que esperaba el mercado. Argentina mantuvo su maíz en 63 millones de toneladas (8 millones por encima de lo que anticipaban los operadores) y ajustó levemente a la baja su soya, hasta 49.5 millones.

    Aquí es donde se cruzan los intereses regionales. Menos maíz disponible en Estados Unidos y más exportaciones desde ese país podrían, en teoría, abrir espacio competitivo para que Brasil y Argentina coloquen más producto en el mercado internacional. Pero al mismo tiempo, la mayor cosecha brasileña también suma oferta global, lo que puede compensar parte de esa ventaja. En soya ocurre algo similar, ya que una cosecha estadounidense más grande y una producción brasileña elevada mantienen la competencia muy ajustada entre exportadores.

    En definitiva, el panorama que deja este informe combina una gran cosecha en Estados Unidos con un balance de maíz más ajustado de lo previsto, mientras Sudamérica conserva un peso decisivo sobre cuánto grano hay disponible en el mundo. Para productores, cooperativas y exportadores latinoamericanos, lo que viene ahora es seguir de cerca el avance de la cosecha estadounidense, el ritmo real de sus ventas externas y cómo se van confirmando los rendimientos.

    El tipo de cambio, el costo de los insumos, los fletes y la demanda de China también entrarán en juego para definir cuánto de este ajuste del USDA termina reflejándose en los precios que reciben los productores de la región.

    Fuente: Agrolatam

  • Reino Unido enfrenta su peor cosecha en 40 años

    Reino Unido enfrenta su peor cosecha en 40 años

    Reino Unido está a punto de cerrar su peor cosecha de cereales desde que existen registros comparables (1984). La causa no es un solo fenómeno aislado, sino la combinación de dos condiciones extremas que rara vez se juntan con la intensidad actual, una sequía histórica y varias olas de calor sucesivas durante 2026. El resultado fue un golpe directo al desarrollo de tres cultivos centrales para el abastecimiento interno del país, el trigo, la cebada de primavera y la avena.

    Para entender la magnitud del problema conviene mirar los números. Inglaterra vivió el junio más caluroso de su historia, y junto con Gales, atravesó el julio más seco jamás registrado. Esa combinación (calor y falta de agua al mismo tiempo) redujo el potencial de los cultivos justo en la etapa en que más necesitan humedad para llenar el grano.

    Con más de la mitad del trigo ya cosechado, el rendimiento promedio se ubica en 6.8 toneladas por hectárea, bastante por debajo del promedio de la última década. Si esta tendencia se mantiene, la producción total de cereales y oleaginosas del país llegaría a 19.5 millones de toneladas, la cifra más baja en más de cuatro décadas, incluso tomando en cuenta que la colza tuvo un desempeño mejor al esperado.

    El reporte, elaborado por la Energy and Climate Intelligence Unit (ECIU) con datos del Agriculture and Horticulture Development Board (AHDB), estima pérdidas de hasta 2.5 millones de toneladas respecto de lo que se proyectaba antes de la sequía. Esto no es solo un dato agronómico, también tiene un costo económico directo. Se calcula que los productores británicos podrían perder hasta 390 millones de libras esterlinas, en un momento donde ya enfrentan mayores costos de producción y menor disponibilidad de agua para riego.

    La situación llegó al plano político. La National Farmers’ Union (NFU) advirtió que algunos alimentos podrían presentar problemas de abastecimiento en los próximos meses, y pidió al gobierno incentivos fiscales para que las explotaciones agrícolas puedan ampliar su capacidad de almacenamiento de agua. Más de cien organizaciones fueron todavía más allá, y solicitaron al nuevo primer ministro que la seguridad alimentaria se trate con la misma prioridad estratégica que la energía o la defensa nacional.

    Ahora bien, ¿por qué esto le importa a alguien fuera de Europa? Reino Unido no es uno de los grandes exportadores mundiales de cereales, así que su impacto directo sobre la oferta global es limitado. Pero la noticia funciona como una señal de alerta más amplia, porque confirma un patrón que también se repite en otras regiones agrícolas del mundo, los eventos climáticos extremos afectan cada vez con mayor frecuencia la producción de alimentos. De hecho, el propio informe de la ECIU señala que cuatro de las cinco peores cosechas británicas desde 1984 ocurrieron en esta misma década.

    Para América Latina el escenario abre dos caminos distintos. Por un lado, una menor oferta europea de granos podría sostener los precios internacionales y crear oportunidades comerciales para exportadores como Argentina y Brasil. Por otro lado, la misma volatilidad climática que golpeó a Reino Unido es una advertencia sobre lo que puede pasar en la región si no se invierte en riego eficiente, manejo de suelos y variedades más resistentes. El clima ya no es una variable secundaria en la ecuación agrícola, se está convirtiendo en uno de los factores que definirá cuánta comida hay disponible y a qué precio en los próximos años.

    Fuente: Agrolatam