Picudo del chile deja pérdidas de hasta 87% en Chihuahua

Picudo del chile deja pérdidas de hasta 87% en Chihuahua

En el municipio de López, Chihuahua, la temporada de chile terminó muy lejos de lo esperado. Productores que proyectaban cosechar alrededor de 60 toneladas apenas lograron reunir entre 8 y 20 toneladas, según cifras de la Secretaría de Desarrollo Rural estatal. Eso significa una pérdida de hasta 87% respecto a lo previsto, un golpe que no solo afecta el volumen disponible sino también el ingreso directo de las familias que dependen de este cultivo.

El responsable de este desplome es el picudo del chile (Anthonomus eugenii), un pequeño escarabajo que representa una de las plagas más difíciles de controlar en la producción de chile. Su peligrosidad no está en su tamaño, sino en su forma de operar. Las hembras depositan los huevos dentro de los botones florales y de los frutos tiernos, así que las larvas crecen protegidas y alimentadas desde el interior, fuera del alcance de muchos tratamientos convencionales. Cuando la infestación avanza, los frutos se pudren o caen antes de tiempo, lo que reduce tanto la cantidad como la calidad de lo que finalmente se puede vender.

Ahí está la clave para entender por qué esta plaga preocupa tanto a los productores y a las autoridades agrícolas. No se trata de un problema que se resuelva con una sola aplicación de insecticida, porque el insecto pasa buena parte de su ciclo de vida escondido dentro del fruto. Eso obliga a los agricultores a actuar de forma preventiva, monitoreando los cultivos desde etapas tempranas y aplicando estrategias de manejo integrado, ya que esperar a ver el daño visible casi siempre significa llegar tarde.

Las implicaciones económicas de una pérdida de esta magnitud van más allá de una mala temporada. Cuando una cosecha cae de 60 toneladas esperadas a apenas 8 o 20, los productores no solo dejan de ganar lo que tenían planeado, sino que probablemente ya invirtieron en semilla, riego, mano de obra y otros insumos calculando un volumen que nunca llegó. Esa diferencia entre lo gastado y lo obtenido es la que realmente pone en riesgo la continuidad de muchas unidades productivas, sobre todo las de menor escala que no cuentan con márgenes para absorber un mal ciclo.

También hay una dimensión regional que vale la pena considerar. Chihuahua es un estado con fuerte peso en la producción agrícola nacional, y el chile forma parte de esa identidad productiva. Cuando una plaga golpea con esta intensidad en una zona específica, el riesgo es que se disperse hacia otras áreas productoras cercanas si no se contiene a tiempo. Por eso, el refuerzo del control fitosanitario que están impulsando las autoridades estatales no responde únicamente a lo ocurrido en López, sino a la necesidad de evitar que un problema local se convierta en uno de alcance más amplio.

Lo que queda claro es que el picudo del chile no es una plaga nueva ni desconocida para los productores mexicanos, pero sigue siendo capaz de generar pérdidas severas cuando las condiciones le favorecen. La combinación de su biología (desarrollo protegido dentro del fruto) con la dificultad de detectarlo a tiempo hace que el margen de error en su manejo sea muy pequeño, y los resultados de esta temporada en López son una muestra concreta de lo que puede pasar cuando esa ventana de control se cierra.

Fuentes: AgroLatam

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