Categoría: Comercio

  • EE.UU. detiene a su personal y paraliza al aguacate

    EE.UU. detiene a su personal y paraliza al aguacate

    Este miércoles 5 de agosto, el gobierno de Estados Unidos suspendió temporalmente las actividades de su personal en Michoacán. La medida surgió por una amenaza contra intereses estadounidenses en la entidad, aunque hasta ahora ni la Embajada de Estados Unidos ni las autoridades mexicanas han detallado en qué consistió esa amenaza.

    La suspensión golpea directamente a la industria aguacatera del estado, porque paraliza el trabajo de los Oficiales Regulatorios del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), quienes son los encargados de verificar que los empaques michoacanos cumplan con el Plan de Trabajo Operativo necesario para exportar la fruta.

    La Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (APEAM) confirmó la situación mediante un comunicado oficial. Ahí explicó que, por ahora, solo se autoriza procesar la fruta que fue recibida el martes 4 de agosto bajo supervisión estadounidense. El aguacate que se descargue este miércoles podrá ingresar a los empaques, pero no podrá procesarse ni embarcarse hacia el mercado estadounidense, algo similar a lo que ocurre normalmente los domingos. Ante esto, cada empaque tendrá que decidir por su cuenta si vale la pena seguir con los cortes en el campo durante esta jornada.

    La directiva y el director general de APEAM ya viajaron a la Ciudad de México para reunirse con autoridades federales y buscar formas de reducir el impacto económico. Esto no es un simple trámite administrativo, porque cada día sin exportación representa fruta que se queda sin salida, jornales que igual hay que pagar y compromisos comerciales que corren el riesgo de incumplirse.

    Lo que hace distinta esta pausa es su origen. Estados Unidos ha emitido antes advertencias de no viajar a Michoacán por la inseguridad general del estado (de hecho, la entidad sigue clasificada en el nivel más alto de riesgo, el Nivel 4). Sin embargo, esta vez no se trata solo de una recomendación para turistas o ciudadanos estadounidenses, sino de un freno directo a las labores oficiales de inspección, que es justamente el mecanismo que permite exportar aguacate a ese país.

    Este tipo de suspensiones no son nuevas. En febrero de 2022, una amenaza contra un inspector detuvo los envíos por una semana. En junio de 2024, la retención de dos inspectores en un bloqueo cerca de Paracho paralizó las exportaciones durante varios días, con pérdidas estimadas entonces en 52 millones de dólares por semana, según cálculos de productores consultados en su momento. El patrón se repite porque el sistema de exportación depende de que el personal extranjero pueda moverse con libertad y seguridad dentro del territorio michoacano, algo que no siempre está garantizado.

    La implicación de fondo es que el aguacate mexicano funciona bajo una especie de contrato de confianza binacional, donde la seguridad de los inspectores estadounidenses pesa tanto para el negocio como la calidad de la fruta misma. Cada vez que ese contrato se pone en duda, aunque sea por un incidente aislado, todo el sector paga el costo, desde el productor hasta el consumidor en Estados Unidos, que podría ver menos oferta y precios más altos en los próximos días. Por ahora, ni la Embajada ni APEAM han dado una fecha para que las operaciones regresen a la normalidad.

    Fuente: APEAM

  • 90% del aguacate mexicano a EE.UU. ya tiene sello forestal

    90% del aguacate mexicano a EE.UU. ya tiene sello forestal

    Durante años, el aguacate mexicano cargó con una reputación incómoda. Detrás de cada aguacate que llegaba a un supermercado en Estados Unidos podía haber un pedazo de bosque talado en Michoacán, el estado que concentra la mayor parte de la producción del país.

    De hecho, un reporte de 2023 de la organización Climate Rights International, llamado “Unholy Guacamole”, documentó cómo esta cadena de exportación había impulsado deforestación, escasez de agua y violencia en comunidades locales.

    Sin embargo, en apenas dos años, un programa de certificación llamado Pro-Forest Agriculture (PFA) logró que más del 90% del aguacate mexicano exportado a Estados Unidos provenga de huertos verificados como libres de deforestación reciente. El programa nació en 2024 gracias a la organización mexicana Guardián Forestal, con el respaldo del gobierno de Michoacán, y hoy ya cubre los seis estados productores de aguacate del país, con más de 53,000 huertos monitoreados en una superficie superior a 200,000 hectáreas.

    La forma en que funciona es lo interesante. En lugar de depender de inspecciones tradicionales, el sistema combina imágenes satelitales, inteligencia artificial y análisis geoespacial para detectar si un huerto se estableció sobre tierra deforestada después de 2018 o si tiene sanciones ambientales pendientes. Con esa información, las empresas exportadoras pueden decidir, con datos concretos, de qué huertos comprar y de cuáles no.

    Aquí es donde entra la parte que realmente aceleró el proceso, que son los propios compradores. Cadenas como Costco se comprometieron en 2025 a reducir la deforestación en su cadena de suministro de aguacate, y en mayo de 2026 Sprouts Farmers Market anunció que todo el aguacate mexicano que compra debe venir de proveedores certificados por PFA. Incluso las cuatro grandes comercializadoras señaladas en 2024 por seguir comprando a huertos deforestados (Calavo Growers, Fresh Del Monte, Mission Produce y West Pak Avocado) ya participan en el programa.

    Esto muestra algo que va más allá del aguacate. Cuando los grandes compradores exigen trazabilidad, la industria se mueve rápido, incluso más rápido que muchas regulaciones gubernamentales. El poder de compra de unas cuantas cadenas comerciales terminó funcionando como una especie de política ambiental de facto, aplicada de forma voluntaria pero efectiva.

    Sin embargo, todavía queda un punto pendiente. La certificación no es obligatoria y eso significa que el aguacate proveniente de huertos con deforestación reciente aún puede entrar a Estados Unidos, siempre que se venda a través de empresas que no adoptaron el esquema. Por eso, en junio, más de 50 organizaciones ambientales y de alimentación pidieron públicamente a más supermercados estadounidenses que exijan proveedores certificados por PFA.

    En otras palabras, el modelo ya demostró que puede funcionar a gran escala en poco tiempo, pero su éxito total depende de que el resto de la cadena comercial (los supermercados que todavía no se han pronunciado) decida sumarse. Mientras eso no ocurra, una parte del mercado seguirá abierta para el aguacate ligado a la tala reciente de bosques mexicanos.

    Fuente: Perishable News

  • Los mayores retos para el comercio agrícola norteamericano

    Los mayores retos para el comercio agrícola norteamericano

    Jalisco acaba de poner en marcha un plan que podría cambiar el futuro del mango mexicano. La Agencia de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria de Jalisco (ASICA) lidera un programa integral que busca mejorar el estatus fitosanitario del cultivo, con foco especial en la mosca de la fruta, que hoy es la principal barrera para exportar sin restricciones.

    ASICA no trabaja sola. Se coordina con la Asociación de Exportadores de Mango de México (EMEX), la Secretaría de Agricultura de Jalisco y las Juntas Locales de Sanidad Vegetal. Esta alianza es relevante porque el problema de la mosca de la fruta no se resuelve solo con sanidad vegetal (también hay que atender productividad, nutrición del cultivo y organización de los productores). Es un enfoque más completo que atacar la plaga de forma aislada.

    El proyecto piloto arranca en 2026 sobre aproximadamente 1,500 hectáreas en Tomatlán, una de las zonas mangueras más importantes del estado. Ahí se instalarán estaciones cebo, se intensificará el trampeo (monitoreo constante de la plaga) y se aplicarán tratamientos localizados con drones. La meta tiene fechas concretas: Para 2027 se espera identificar huertos temporalmente libres de mosca y para 2028 buscar el reconocimiento oficial como zona de baja prevalencia. Después vendría el paso más ambicioso, que es la declaración de zona libre.

    Aquí está el corazón del asunto. Cuando una zona logra estatus fitosanitario superior, deja de depender tanto de tratamientos cuarentenarios como el hidrotérmico, que Estados Unidos exige actualmente para el mango mexicano. Ese tratamiento tiene un costo, un tiempo de proceso y puede afectar la calidad de la fruta. Si Jalisco reduce esa dependencia, los exportadores ahorran dinero y ganan velocidad, lo que se traduce en mejor posición frente a competidores de otros países que ya avanzan en la misma dirección (Guatemala, por ejemplo, también apunta a exportar mango libre de mosca de la fruta).

    Lo interesante es que el presupuesto inicial es bajo (unos 650,000 pesos mexicanos solo para las estaciones cebo), pero el proyecto se sostiene combinando recursos estatales, federales y de los propios productores, además del apoyo técnico y tecnológico de ASICA. Esto muestra que no se trata de una inversión aislada, sino de un esfuerzo colectivo donde cada actor pone algo.

    También hay una dosis de realismo en el discurso oficial. El director de ASICA reconoce que eliminar por completo las plagas es prácticamente imposible, porque forman parte del equilibrio de los ecosistemas agrícolas. La meta es mantenerlas por debajo del umbral que causa daño económico, y eso exige vigilancia permanente, no una solución de una sola vez.

    Además, advierte que el cambio climático puede generar nuevas plagas o modificar el comportamiento de las que ya existen, lo que obliga a mantener esa vigilancia de forma sostenida en el tiempo.

    Si el plan funciona como se espera, el impacto no sería solo fitosanitario. Se abriría la puerta a nuevos mercados internacionales y Jalisco reforzaría su posición como una de las principales regiones productoras de mango en México.

    Este un ejemplo de cómo la sanidad agrícola, cuando se planifica con visión de mediano plazo, termina siendo también una estrategia comercial.

    Fuente: Portal Frutícola