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  • 90% del aguacate mexicano a EE.UU. ya tiene sello forestal

    90% del aguacate mexicano a EE.UU. ya tiene sello forestal

    Durante años, el aguacate mexicano cargó con una reputación incómoda. Detrás de cada aguacate que llegaba a un supermercado en Estados Unidos podía haber un pedazo de bosque talado en Michoacán, el estado que concentra la mayor parte de la producción del país.

    De hecho, un reporte de 2023 de la organización Climate Rights International, llamado “Unholy Guacamole”, documentó cómo esta cadena de exportación había impulsado deforestación, escasez de agua y violencia en comunidades locales.

    Sin embargo, en apenas dos años, un programa de certificación llamado Pro-Forest Agriculture (PFA) logró que más del 90% del aguacate mexicano exportado a Estados Unidos provenga de huertos verificados como libres de deforestación reciente. El programa nació en 2024 gracias a la organización mexicana Guardián Forestal, con el respaldo del gobierno de Michoacán, y hoy ya cubre los seis estados productores de aguacate del país, con más de 53,000 huertos monitoreados en una superficie superior a 200,000 hectáreas.

    La forma en que funciona es lo interesante. En lugar de depender de inspecciones tradicionales, el sistema combina imágenes satelitales, inteligencia artificial y análisis geoespacial para detectar si un huerto se estableció sobre tierra deforestada después de 2018 o si tiene sanciones ambientales pendientes. Con esa información, las empresas exportadoras pueden decidir, con datos concretos, de qué huertos comprar y de cuáles no.

    Aquí es donde entra la parte que realmente aceleró el proceso, que son los propios compradores. Cadenas como Costco se comprometieron en 2025 a reducir la deforestación en su cadena de suministro de aguacate, y en mayo de 2026 Sprouts Farmers Market anunció que todo el aguacate mexicano que compra debe venir de proveedores certificados por PFA. Incluso las cuatro grandes comercializadoras señaladas en 2024 por seguir comprando a huertos deforestados (Calavo Growers, Fresh Del Monte, Mission Produce y West Pak Avocado) ya participan en el programa.

    Esto muestra algo que va más allá del aguacate. Cuando los grandes compradores exigen trazabilidad, la industria se mueve rápido, incluso más rápido que muchas regulaciones gubernamentales. El poder de compra de unas cuantas cadenas comerciales terminó funcionando como una especie de política ambiental de facto, aplicada de forma voluntaria pero efectiva.

    Sin embargo, todavía queda un punto pendiente. La certificación no es obligatoria y eso significa que el aguacate proveniente de huertos con deforestación reciente aún puede entrar a Estados Unidos, siempre que se venda a través de empresas que no adoptaron el esquema. Por eso, en junio, más de 50 organizaciones ambientales y de alimentación pidieron públicamente a más supermercados estadounidenses que exijan proveedores certificados por PFA.

    En otras palabras, el modelo ya demostró que puede funcionar a gran escala en poco tiempo, pero su éxito total depende de que el resto de la cadena comercial (los supermercados que todavía no se han pronunciado) decida sumarse. Mientras eso no ocurra, una parte del mercado seguirá abierta para el aguacate ligado a la tala reciente de bosques mexicanos.

    Fuente: Perishable News

  • Aguacate mexicano de exportación al 90% de certificación

    Aguacate mexicano de exportación al 90% de certificación

    Durante años, el aguacate que llega a Estados Unidos desde México cargó con una etiqueta incómoda, de ser uno de los cultivos más asociados a la pérdida de bosques.

    Eso empieza a cambiar gracias a un programa de certificación llamado Pro-Forest Agriculture (PFA), creado apenas en 2024, pero que ya cubre a más del 90% de las exportaciones de aguacate mexicano hacia Estados Unidos. Y lo logró en menos de dos años.

    El programa nació de una alianza entre la organización ambiental mexicana Guardián Forestal y el gobierno del estado de Michoacán, la región que concentra la mayor parte de la producción. Su funcionamiento es, en esencia, un sistema de vigilancia satelital.

    Usa imágenes satelitales, inteligencia artificial y análisis geoespacial para identificar qué huertas han talado bosque desde 2018 o tienen sanciones ambientales pendientes. Con esa información, empacadoras, procesadoras de guacamole y productoras de aceite de aguacate pueden excluir a esos proveedores de su cadena de suministro.

    Hoy participan de forma voluntaria unas 80 empresas mexicanas, y el sistema de monitoreo ya cubre más de 53 mil huertas repartidas en más de 200 mil hectáreas, en los seis estados donde se produce aguacate a escala relevante.

    Lo interesante aquí no es solo la tecnología, sino quién empujó el cambio. Las cadenas minoristas estadounidenses fueron el motor principal de esta adopción tan rápida. Costco se comprometió en 2025 a reducir la deforestación en su cadena de aguacate y a impulsar a sus proveedores hacia la certificación PFA. Sprouts Farmers Market fue más lejos y en mayo de 2026 anunció que todo su aguacate mexicano debe venir de proveedores certificados. Ese tipo de exigencia, viniendo de compradores grandes, es lo que obliga a toda la cadena (desde el huerto hasta la empacadora) a moverse.

    Hay un antecedente que ayuda a entender por qué esto importa tanto. En 2023, la organización Climate Rights International publicó un reporte llamado “Unholy Guacamole”, donde documentó cómo la producción de aguacate para exportación había alimentado deforestación, escasez de agua y violencia en comunidades locales de Michoacán.

    Un año después, otro reporte de la misma organización señaló que cuatro grandes comercializadoras seguían comprando aguacate de huertas recién deforestadas, pese a tener compromisos corporativos de sostenibilidad. Esas mismas cuatro empresas ahora participan en el programa PFA.

    Esto muestra algo relevante sobre cómo cambian las cadenas de suministro agrícolas. No fue una ley la que movió la aguja, sino la presión combinada de organizaciones civiles, reportes públicos y, sobre todo, decisiones de compra de los grandes minoristas. Cuando una cadena como Costco o Sprouts pone una condición de este tipo, los proveedores no tienen mucho margen para ignorarla si quieren seguir vendiéndoles.

    Aun así, el trabajo no está terminado. La certificación sigue siendo voluntaria, lo que significa que los productores vinculados a deforestación reciente todavía pueden vender en el mercado estadounidense a través de compañías que no han adoptado el sistema PFA.

    En junio pasado, más de 50 organizaciones ambientales y de alimentación pidieron públicamente a más supermercados estadounidenses que exijan esta certificación a sus proveedores. La lógica es simple, mientras no todas las grandes cadenas lo exijan, siempre habrá una puerta abierta para el aguacate ligado a la tala reciente.

    Lo que sí queda claro es que este caso se está usando como modelo. Si un sistema de monitoreo satelital y presión de retail logró transformar en menos de dos años una cadena de suministro tan grande y compleja como la del aguacate mexicano, la pregunta que queda flotando es si algo similar podría replicarse en otros cultivos con problemas parecidos.

    Fuente: Perishable News