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  • Europa impone nuevas reglas de envases y el reloj corre

    Europa impone nuevas reglas de envases y el reloj corre

    A partir del 12 de agosto, la Unión Europea comienza a aplicar el Reglamento sobre Envases y Residuos de Envases (conocido como PPWR). Esto no es un simple ajuste técnico. Es una regla única para los 27 países del bloque, que reemplaza el mosaico de normas nacionales que existía antes y que afecta a cualquier producto que llegue a Europa, sin importar de dónde venga. Cajas de cartón, mallas, bandejas, etiquetas y envases para transporte quedan bajo esta nueva lupa.

    El primer golpe llega de inmediato y sin margen de adaptación. Desde el día en que entra en vigor, quedan restringidas las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) en envases que tienen contacto con alimentos.

    Jacqueline Mailly, asesora en temas regulatorios de la Unión Europea, fue clara al advertir que las empresas no tendrán un período de transición para vender el inventario de envases que no cumpla con la norma. Eso significa que, si un exportador tiene bodegas llenas de material no conforme, ese material simplemente deja de servir.

    ¿Por qué Europa endurece tanto esta regulación? Las cifras ayudan a entenderlo. Los envases representan el 50% de la basura marina, el 40% de los residuos plásticos y el 36% de los residuos sólidos urbanos en la Unión Europea. En 2022, cada habitante europeo generó cerca de 186 kilogramos de residuos de envases, y la industria alimentaria concentra dos tercios de todo lo que se vende empacado en el bloque. Con ese panorama, la Comisión Europea decidió que ya no bastaba con recomendaciones sueltas por país.

    Para quienes exportan frutas y hortalizas frescas, hay una fecha que conviene marcar desde ahora, el 1 de enero de 2030. Ese día quedará prohibido el uso de envases plásticos de un solo uso para productos frescos con peso inferior a 1.5 kilogramos, lo que incluye bolsas, mallas, bandejas y recipientes.

    Existen algunas salidas, como envases con menos de 5% de contenido plástico o excepciones que cada país podrá definir cuando el empaque sea necesario para evitar pérdida de agua o daño físico del producto.

    Pero la Comisión Europea ya está revisando esas excepciones para que no se conviertan en un parche desigual entre países, y pidió a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria una opinión científica antes de que termine el año.

    El cumplimiento no se limita al material del envase. La normativa exige documentación técnica, evaluaciones de conformidad y trazabilidad digital, que en muchos casos se resolverá con pasaportes digitales y códigos QR. Esa documentación deberá guardarse durante cinco años para envases desechables y diez años para los reutilizables. Y aquí hay un matiz importante, la definición legal de “fabricante” puede incluir a empresas que ni siquiera producen físicamente el envase, sino que solo lo diseñan o lo comercializan bajo su propia marca.

    Las consecuencias de no cumplir van más allá de una multa. Los países pueden imponer sanciones de hasta 200,000 euros por infracción, retener mercancía en aduana, prohibir la venta del producto o incluso retirarlo del mercado. A eso se suman las exigencias que empiezan a poner directamente los supermercados europeos, que pueden pedir más que lo que exige la ley.

    El mensaje de fondo es que reunir certificaciones y trazabilidad de proveedores toma tiempo, especialmente en empresas con muchas líneas de producto. Quien empiece a ordenar esta información ahora llega con ventaja. Quien lo deje para después corre el riesgo de quedarse fuera de uno de los mercados más importantes para la fruticultura latinoamericana.

    Fuente: Portal Frutícola

  • Francia reactiva dos pesticidas prohibidos entre protestas

    Francia reactiva dos pesticidas prohibidos entre protestas

    El Senado de Francia aprobó una ley que abre la puerta a que dos pesticidas prohibidos regresen al campo francés, aunque de forma condicionada. La votación terminó con 214 votos a favor y 111 en contra, un resultado que muestra que el respaldo existió, pero también que la oposición fue considerable dentro del propio Parlamento.

    Los productos en cuestión son el acetamiprid (vetado en Francia desde 2018) y la flupiradifurona (prohibida desde finales de 2019). Ambos pertenecen a la familia de los neonicotinoides, un grupo de insecticidas señalado durante años por su efecto negativo sobre las abejas y otros polinizadores.

    Lo relevante aquí es que ninguno de los dos estaba realmente fuera de circulación en Europa, ya que la Unión Europea mantiene autorizado el acetamiprid hasta 2033 y la flupiradifurona hasta 2029 (aunque con límites de uso cada vez más estrictos). Es decir, Francia había decidido ir más allá de lo que exige su bloque geopolítico, y esta nueva ley reduce parte de esa distancia.

    La norma no reintroduce los pesticidas de forma automática. Establece que será la agencia sanitaria francesa (Anses) la que podrá autorizarlos, a petición del ministro de Agricultura, “con carácter excepcional” y bajo condiciones específicas.

    Esto significa que el uso no queda liberado sin más, sino sujeto a una evaluación caso por caso, lo que en la práctica traslada la decisión final a un organismo técnico y no directamente al Gobierno.

    El trasfondo de esta ley es una tensión que lleva tiempo instalada en el sector agrícola francés. Los agricultores han reclamado que las normas más estrictas de su país los dejan en desventaja frente a productores de otros lugares que sí usan estos químicos y cuyos productos terminan igualmente en el mercado europeo. El senador centrista Franck Menonville resumió esta idea al hablar de la contradicción de producir menos en Francia mientras aumentan las importaciones de bienes que no cumplen con esas mismas normas. Esa lógica de competitividad fue uno de los argumentos centrales para impulsar la ley.

    Sin embargo, el costo político fue inmediato. La ministra de Transición Ecológica, Monique Barbut, se oponía a la aprobación y anunció que presentará su renuncia al presidente Emmanuel Macron apenas se ratificó la norma en el Senado. A esto se suma que los partidos de izquierda ya adelantaron que llevarán la ley ante el Consejo Constitucional, lo que abre la posibilidad de que el texto sea revisado o incluso frenado antes de aplicarse.

    Lo que está en juego, más allá del debate político, es un choque entre dos formas de entender la agricultura. Por un lado, la necesidad de que los productores compitan en igualdad de condiciones dentro de un mercado europeo abierto. Por otro, la preocupación por el impacto ambiental de químicos que afectan directamente a los polinizadores, esenciales para buena parte de la producción de alimentos.

    La resolución de este conflicto, ya sea en tribunales o en la aplicación práctica de la ley, marcará qué tan dispuesta está Francia a ceder terreno ambiental a cambio de competitividad agrícola.

    Fuente: Euronews