El campo mexicano se digitaliza pero aún avanza lento

El campo mexicano se digitaliza pero aún avanza lento

La tecnología agrícola ya está en el radar del campo mexicano, pero su adopción todavía avanza con mucha desigualdad. El dato más claro es que el país no parte de cero. Según el Censo Agropecuario 2022, México tenía 5,194,342 unidades de producción agropecuaria y forestal, de las cuales 4,629,134 estaban activas. En ellas había 25.7 millones de hectáreas de superficie agrícola. Dentro de esa superficie, 26% era de riego y 74% de temporal.

Esa diferencia es importante. Las tecnologías como sensores de humedad, drones, plataformas de riego, GPS e imágenes satelitales suelen tener más valor donde el productor puede tomar decisiones frecuentes sobre agua, nutrición, sanidad o cosecha. Por eso, el avance tecnológico no se distribuye igual en todo el país ni en todos los cultivos. Tiene más sentido económico en agricultura de riego, hortalizas, berries, frutales, agricultura protegida y sistemas orientados a mercados exigentes.

La base digital existe, pero sigue siendo limitada cuando se mira el uso productivo. La Encuesta Nacional Agropecuaria 2019 estimó que 37.7% de las unidades de producción usaban alguna tecnología de información y comunicación. Dentro de ese grupo, el teléfono celular dominaba con 88.1%. Después aparecían el internet con 7.9%, computadora con 5.6%, GPS con 1.8%, tableta con 1.2% y otra tecnología con 0.4%.

La lectura es que el celular ya domina el campo, pero la agricultura de precisión todavía no, aún cuando lleva décadas siendo impulsada. Usar un teléfono para comunicarse no es lo mismo que usar datos para decidir cuándo regar, dónde fertilizar, qué zona de la parcela tiene estrés o qué parte del cultivo necesita atención. Entre una cosa y otra hay una brecha de conectividad, inversión, capacitación y asistencia técnica.

Aun así, el cambio ya empezó. El Censo Agropecuario 2022 incorporó variables específicas sobre sensor de humedad, sensor de nitrógeno, coloración o verdor, y drones en agricultura a cielo abierto. Esto no significa que su uso sea masivo, pero sí muestra que estas tecnologías dejaron de ser un tema marginal. Ya forman parte de lo que se mide oficialmente para entender cómo produce el campo mexicano.

El caso del agua ayuda a explicar por qué estas herramientas pueden volverse más relevantes. La SADER y el INIFAP han documentado el uso de la plataforma Irrimodel, diseñada para generar recomendaciones de cuándo y cuánto regar. Según la información oficial, esta herramienta puede ahorrar hasta 40% de agua en cultivos de riego. En un país donde la mayor parte de la agricultura depende del temporal, cada mejora en el uso del agua puede tener un peso estratégico.

Los drones también muestran hacia dónde puede moverse el sector. El INIFAP ha trabajado con drones, sensores espectrales e inteligencia artificial para estimar nitrógeno en maíz forrajero. En sus pruebas, un modelo de redes neuronales alcanzó hasta 81% de precisión. Esto permite imaginar una agricultura donde el productor no aplica insumos de forma uniforme, sino con base en señales concretas del cultivo.

La implicación principal es que el agro en México ya usa celular y empieza a conectarse, pero todavía está lejos de sensores, GPS, drones y análisis de datos. La oportunidad está en unirlos. No basta con vender equipos. Hace falta convertir los datos en decisiones simples, útiles y rentables para el productor.

Fuentes: INEGI Censo Agropecuario 2022, INEGI Encuesta Nacional Agropecuaria 2019.

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