Categoría: Producción

  • Michoacán lidera el campo nacional mientras Jalisco retrocede

    Michoacán lidera el campo nacional mientras Jalisco retrocede

    El mapa del valor agrícola mexicano cambió con fuerza en 2025. Michoacán quedó en primer lugar con 104,321 millones de pesos, pese a que su propio resultado bajó 6.3% frente a 2024. No llegó a la cima por crecer, sino porque resistió mejor que Jalisco, cuyo valor cayó 29.5% y terminó en 82,670 millones.

    La diferencia está en que el liderazgo mide el valor de lo producido, no solo las toneladas cosechadas. Ese valor combina el volumen de cada cultivo con su precio promedio. Por ello, un estado puede producir cantidades similares y aun así registrar una baja fuerte. Tampoco se trata de utilidad, pues no disponemos de datos de costos ni ganancias de los productores.

    En Jalisco, la pérdida fue de 34,546 millones de pesos. Más de la mitad se concentró en el agave. Este cultivo pasó de aportar 26,872 millones a 7,558 millones, una reducción de 71.9%. Su producción disminuyó 18.1%, pero el valor cayó mucho más. Esto indica que el menor volumen fue solo una parte del cambio y que el precio promedio tuvo un peso decisivo.

    El maíz grano agravó el retroceso jalisciense. Su valor bajó 7,679 millones de pesos, mientras la producción se redujo 7.5%. También hubo pérdidas relevantes en frambuesa, pastos y praderas, tomate rojo, chile verde y sorgo grano. Los avances de la caña de azúcar, el trigo y el mango fueron insuficientes para compensar esas caídas.

    Michoacán también tuvo cultivos a la baja. El limón perdió 3,857 millones de pesos y el agave 3,021 millones. A ellos se sumaron maíz grano, tomate rojo y chile verde. Sin embargo, dos actividades sostuvieron buena parte de su posición. El aguacate aumentó su valor en 3,099 millones y llegó a 44,132 millones, mientras la zarzamora agregó 3,142 millones y alcanzó 7,895 millones. Esa combinación amortiguó el descenso estatal y permitió conservar una base de valor mucho mayor.

    El otro movimiento notable ocurrió en Veracruz. Su valor agrícola creció 30.8% hasta alcanzar 74,235 millones de pesos. Con ello pasó del cuarto al tercer lugar. La naranja aportó el mayor impulso, pues sumó 6,923 millones de pesos aun cuando su volumen apenas aumentó 0.8%. También destacaron la caña de azúcar, con 3,378 millones adicionales, y la piña, con 3,362 millones más. En este último cultivo sí hubo una expansión productiva marcada, de 57.5%.

    Sinaloa siguió la dirección opuesta. Cayó 15.6% y bajó del tercero al quinto lugar, detrás de Chihuahua. Sus mayores pérdidas provinieron del tomate rojo, el maíz grano y el pepino. Solo esos tres cultivos restaron 7,627 millones de pesos, una parte amplia de la baja estatal de 9,203 millones.

    El cambio del podio ocurre además dentro de un año de contracción. El valor agrícola nacional disminuyó 5.1%, de 855,777 a 812,157 millones de pesos. Por eso, el nuevo orden no representa un avance general del campo. Refleja desempeños muy distintos entre estados y cultivos. Michoacán lideró por su capacidad de amortiguar pérdidas, Jalisco cedió por caídas concentradas en productos de gran peso y Veracruz avanzó gracias a varios motores que crecieron al mismo tiempo.

    Fuente: DGSIAP

  • Veracruz amplía su dominio sobre la producción de piña

    Veracruz amplía su dominio sobre la producción de piña

    Veracruz dio un salto extraordinario en la producción de piña durante 2025. El volumen estatal pasó de 841,360 toneladas en 2024 a 1,325,071 toneladas un año después, un aumento de 57.5%. Con ello, su participación en la producción nacional subió de 65% a 76%. En otras palabras, tres de cada cuatro toneladas de piña producidas en México salieron de Veracruz.

    Lo más importante es que este avance no ocurrió porque el estado sembrara mucho más. La superficie sembrada apenas pasó de 38,785 a 38,814 hectáreas, un cambio de 0.1%. La diferencia estuvo en la superficie cosechada, que aumentó de 17,748 a 28,276 hectáreas, equivalente a 59.3%. El rendimiento promedio incluso disminuyó ligeramente, de 47.4 a 46.9 toneladas por hectárea. Por eso, el crecimiento no puede explicarse como un salto de productividad. Veracruz produjo más porque una mayor parte de sus plantaciones llegó efectivamente a cosecha.

    Esa dinámica tiene sentido en un cultivo perenne como la piña. La SADER señala que normalmente transcurren entre 18 y 24 meses desde la siembra hasta la cosecha. Esto significa que la superficie sembrada en un año no se convierte de inmediato en fruta. Una parte permanece en desarrollo y entra en producción después. Los datos de 2025 son consistentes con ese desfase.

    El fenómeno se concentró además en el corazón piñero del estado. Los municipios de Isla, Juan Rodríguez Clara y José Azueta mantuvieron en conjunto exactamente 33,576 hectáreas sembradas entre ambos años. Sin embargo, su superficie cosechada pasó de 13,198 a 23,389 hectáreas. Esos tres municipios aportaron 97.6% de todo el aumento de producción registrado en Veracruz. Su volumen combinado creció de 617,078 a 1,089,345 toneladas.

    El crecimiento también tuvo un efecto económico importante. El valor de la producción veracruzana avanzó de 4,220 a 7,582 millones de pesos, un incremento de 79.7%. El precio promedio ponderado pasó de aproximadamente 5,016 a 5,722 pesos por tonelada, 14.1% más. La combinación de mucho mayor volumen y un mejor precio elevó con fuerza los ingresos generados por el cultivo.

    A escala nacional, México también produjo más piña, pero Veracruz avanzó con mucha mayor velocidad. La producción del país aumentó 35.0%, hasta 1.74 millones de toneladas. Por eso la participación veracruzana ganó casi 11 puntos porcentuales. El dato de 2025 no refleja una expansión territorial del cultivo, sino una utilización mucho más intensa de la superficie piñera ya establecida. Esa diferencia explica por qué Veracruz no solo conservó el liderazgo, sino que amplió de forma notable su distancia frente al resto del país.

    Fuente: DGSIAP

  • Dos berries mexicanas se mueven en sentidos opuestos

    Dos berries mexicanas se mueven en sentidos opuestos

    La frambuesa de Jalisco y la zarzamora de Michoacán cerraron 2025 con una diferencia interesante de analizar. En ambos casos, el volumen cosechado cambió muy poco. Lo que se movió fue el precio. Jalisco produjo 110,471 toneladas de frambuesa, apenas 0.2% más que en 2024, pero su precio promedio cayó 43.1%, de 68,964 a 39,241 pesos por tonelada. Con ello, el valor de la producción estatal bajó de 7,604 a 4,335 millones de pesos.

    Michoacán vivió el movimiento contrario. Su producción de zarzamora aumentó apenas 1.6%, hasta 245,878 toneladas, mientras el precio promedio subió 63.6%, de 19,629 a 32,108 pesos por tonelada. El resultado fue un aumento de 66.1% en el valor de la cosecha, que pasó de 4,752 a 7,895 millones de pesos.

    La primera clave es que no se trata solo de dos estados. Los datos nacionales muestran la misma separación entre cultivos. El precio promedio de la frambuesa mexicana cayó 29.6% en 2025, mientras el de la zarzamora aumentó 47.9%. Es decir, Jalisco y Michoacán amplificaron una señal que ya estaba presente en el mercado nacional.

    La segunda clave está dentro de cada estado. La caída de Jalisco no fue uniforme. En municipios como Zapotlán el Grande, Zapotiltic, Sayula y Tala los precios se mantuvieron relativamente estables o incluso aumentaron. El desplome estatal se concentró sobre todo en Jocotepec, Tuxcueca y Tizapán el Alto. En Jocotepec, por ejemplo, el precio pasó de unos 125,408 a 42,221 pesos por tonelada. Esto indica que parte del cambio responde a la mezcla de precios locales y a una base de comparación excepcionalmente alta en 2024.

    En Michoacán ocurrió algo parecido pero al revés. El aumento estuvo impulsado principalmente por municipios como Los Reyes, Peribán, Tocumbo y Tangancícuaro. Los Reyes casi no modificó su volumen, pero su precio promedio pasó de alrededor de 18,828 a 35,683 pesos por tonelada.

    Las fuentes de mercado ayudan a entender por qué ambos frutos pueden separarse tanto. El USDA señala que cerca de 80% de la frambuesa mexicana se dirige a mercados internacionales, mientras la zarzamora tiene una mayor proporción destinada al consumo interno. Esa diferencia vuelve a la frambuesa más sensible a las ventanas de exportación y a los movimientos de oferta en Norteamérica. El propio USDA estimó que en 2025 México exportó 7% más berries en volumen, pero obtuvo 12% menos valor, señal de presión sobre los retornos del sector.

    Para la zarzamora también hubo señales de ventanas comerciales favorables. A comienzos de 2025 se reportaron precios altos en Europa por disponibilidad limitada de fruta mexicana y, en mayo, compradores de Norteamérica describieron una oferta ajustada con precios elevados. Al mismo tiempo, el USDA identifica una transición hacia variedades de mayor rendimiento y mejor perfil comercial en la zarzamora mexicana, un cambio que puede mejorar la calidad vendible y la capacidad de colocar fruta.

    Fuentes: DGSIAP, USDA Foreign Agricultural Service

  • La naranja de Veracruz vale más sin producir mucho más

    La naranja de Veracruz vale más sin producir mucho más

    En 2025 la naranja veracruzana no aumentó su volumen, pero el mercado estuvo dispuesto a pagar más por ella. De acuerdo con el Cierre Agrícola 2025 de la DGSIAP, Veracruz pasó de 2.58 a 2.60 millones de toneladas, un avance de apenas 0.9%. Sin embargo, el precio promedio subió de 3,268 a 5,900 pesos por tonelada, un aumento de 80.6%. Con ello, el valor de la producción estatal saltó de 8,416 a 15,339 millones de pesos, 82.3% más.

    El municipio de Álamo Temapache muestra el fenómeno con todavía mayor claridad. Su cosecha pasó de 737,386 a 739,580 toneladas, apenas 0.3% más. El precio promedio, en cambio, avanzó de 2,392 a 5,992 pesos por tonelada, lo que equivale a un incremento de 150.5%. Así, el valor generado por la naranja del municipio subió de 1,764 a 4,431 millones de pesos. La producción casi no se movió, pero el ingreso bruto asociado a esa producción se multiplicó.

    La explicación está en una combinación de escasez previa y fuerte demanda industrial. La sequía prolongada de 2024 redujo la disponibilidad de naranja en la región y dejó huertas debilitadas. A principios de 2025, productores de Álamo también señalaban daños por HLB, conocido como dragón amarillo, una enfermedad que reduce productividad y calidad. En febrero de este año, citricultores de Álamo y Tihuatlán reportaban menor cosecha frente a años anteriores y precios de hasta 8,000 pesos por tonelada para naranja tardía. El USDA también describió un entorno de sequía prolongada, altas temperaturas, lluvias erráticas y presencia de HLB en las principales zonas citrícolas de México.

    Esto ayuda a entender por qué un volumen anual estable pudo convivir con precios mucho más altos. La cifra anual suma toda la cosecha, pero el precio responde a la disponibilidad en cada momento. En abril de 2025, al terminar la cosecha principal de naranja Valencia en el norte de Veracruz, la oferta en el centro de acopio de Álamo era limitada. La naranja Mayera de mejor calidad se vendía entre 13,000 y 14,000 pesos por tonelada y la naranja proveniente del norte alcanzaba entre 16,000 y 17,000 pesos.

    Además, Brasil, principal productor y exportador mundial de jugo de naranja, enfrentó en 2024 y 2025 su menor cosecha en más de tres décadas debido al clima adverso y al HLB. Los inventarios globales de jugo estaban cerca de mínimos históricos y los precios internacionales se mantuvieron elevados. Al mismo tiempo, la industria mexicana de jugo siguió orientada principalmente a exportación y el USDA proyectó un aumento de 5% en las exportaciones de concentrado durante el ciclo 2024/25.

    El resultado fue una revalorización de la fruta disponible. Veracruz no necesitó producir mucho más para generar mucho más valor. En Álamo, la recuperación del volumen coincidió con un mercado que pagaba una prima por una materia prima que venía de un periodo de escasez y que seguía siendo demandada por las jugueras. El salto de 2025, por tanto, fue principalmente un fenómeno de precio, impulsado por restricciones de oferta locales y un mercado internacional de jugo excepcionalmente tensionado.

    Fuente: DGSIAP

  • Sinaloa cede terreno y Aguascalientes gana en tomate

    Sinaloa cede terreno y Aguascalientes gana en tomate

    La producción mexicana de tomate retrocedió con fuerza en 2025, pero el dato nacional oculta movimientos muy distintos entre regiones. El volumen pasó de 3.7 millones de toneladas en 2024 a 3.1 millones en 2025, una caída de 16.3%. La superficie cosechada bajó 15.4%, mientras el rendimiento promedio nacional apenas disminuyó 1.0%. Esto indica que el descenso estuvo asociado principalmente con una menor superficie en producción y no con un deterioro generalizado de la productividad.

    Sinaloa explica una parte importante de ese ajuste. El principal productor del país cosechó 501,109 toneladas en 2025, frente a 800,116 toneladas un año antes. La reducción fue de 37.4%, equivalente a casi 299,000 toneladas. Por sí sola, esa pérdida representó cerca de la mitad de la disminución nacional registrada entre ambos años.

    El retroceso sinaloense no se debió únicamente a que se cultivara menos. La superficie cosechada cayó 29.6%, de 13,342 a 9,397 hectáreas, pero el rendimiento también bajó 11.1%, al pasar de casi 60 a 53 toneladas por hectárea. Es decir, hubo menos hectáreas productivas y cada una generó, en promedio, menos jitomate.

    La consecuencia económica fue todavía más severa. El valor de la producción de Sinaloa pasó de 7,988 a 3,701 millones de pesos, una contracción de 53.7%. Esa diferencia muestra que la pérdida de volumen se combinó con un menor valor promedio por tonelada. Al relacionar el valor total con la producción, el promedio implícito pasó de unos 9,983 a 7,386 pesos por tonelada, 26.0% menos.

    El ajuste además estuvo concentrado en zonas específicas de Sinaloa. Elota perdió alrededor de 94,300 toneladas, Escuinapa cerca de 88,700 y Navolato unas 53,700. Culiacán redujo otras 24,700 toneladas. En conjunto, estos cuatro municipios explican la mayor parte de la contracción estatal, lo que muestra que la caída no fue uniforme dentro de Sinaloa y que algunos territorios soportaron una porción mucho mayor del descenso.

    Mientras Sinaloa retrocedía, Aguascalientes avanzó en dirección contraria. Su producción aumentó de 68,732 a 150,758 toneladas, un crecimiento de 119.3%. La expansión no provino de un solo factor. La superficie cosechada aumentó 71.5% y el rendimiento promedio subió 27.9%, hasta 113.3 toneladas por hectárea.

    El valor generado también cambió de escala. Aguascalientes pasó de 614 a 1,929 millones de pesos, un aumento de 214.2%. Además de producir más, el valor promedio implícito por tonelada creció 43.3%. Con ello, su participación en el volumen nacional pasó de 1.8% a 4.8%, suficiente para colocarlo entre los principales productores del país en 2025.

    La comparación no significa que Aguascalientes haya reemplazado a Sinaloa. Sinaloa siguió ocupando el primer lugar nacional y produjo más de tres veces el volumen hidrocálido. Lo relevante es el cambio en el peso relativo de ambos estados. Sinaloa pasó de aportar 21.5% del jitomate nacional a 16.1%, mientras Aguascalientes ganó participación en un año marcado por una fuerte contracción del cultivo.

    Fuente: DGSIAP

  • El maíz nacional se sostuvo con pérdidas en regiones clave

    El maíz nacional se sostuvo con pérdidas en regiones clave

    La producción mexicana de maíz grano prácticamente no cambió entre 2024 y 2025. El país pasó de 24.3 a 24.4 millones de toneladas, un avance de apenas 0.4%. Vista de forma aislada, la cifra sugiere estabilidad. Sin embargo, debajo de ese resultado hubo movimientos regionales importantes y una pérdida económica considerable.

    El valor total de la cosecha bajó de 138,310 a 126,550 millones de pesos. La diferencia fue de 11,761 millones, equivalente a una caída de 8.5%. Esto ocurrió aun cuando la superficie sembrada creció 1.6% y la superficie cosechada aumentó 1.4%. En otras palabras, México destinó más hectáreas al maíz grano y obtuvo casi el mismo volumen, pero ese volumen generó menos dinero.

    Una parte de la explicación está en el rendimiento. A nivel nacional pasó de 3.70 a 3.66 toneladas por hectárea cosechada, una reducción cercana a 1.1%. La otra está en el precio. El precio promedio nacional calculado a partir del valor y el volumen pasó de cerca de 5,686 a 5,183 pesos por tonelada, una disminución de 8.8%. El pequeño aumento de producción no fue suficiente para compensar ese menor valor por tonelada.

    Sinaloa muestra el deterioro productivo más fuerte entre los grandes estados maiceros. Su cosecha cayó de 3.37 a 2.28 millones de toneladas, una reducción de 32.5%. La superficie sembrada disminuyó 18.3% y el rendimiento bajó de 11.58 a 9.56 toneladas por hectárea. Es decir, hubo menos superficie y también menos producción por hectárea. Aun así, su valor cayó solo 14.2%, porque el precio promedio calculado para el estado aumentó de unos 4,573 a 5,808 pesos por tonelada.

    Jalisco presenta una historia distinta. Sembró 2.3% más superficie, pero produjo 7.5% menos. Su rendimiento descendió de 7.27 a 6.58 toneladas por hectárea. A esa baja productiva se sumó una caída de 24.5% en el precio promedio calculado. El resultado fue mucho más severo en términos económicos. El valor de su cosecha pasó de 25,444 a 17,765 millones de pesos, una pérdida de 7,679 millones y una caída de 30.2%.

    Solo Jalisco y Sinaloa perdieron en conjunto cerca de 9,870 millones de pesos en valor. Esa cifra equivale a casi 84% de la reducción neta registrada en todo el país. Al mismo tiempo, otros estados aumentaron su producción y compensaron el retroceso de estas dos entidades. Por eso el total nacional terminó ligeramente arriba.

    Entre ambos estados la producción se redujo en alrededor de 1.38 millones de toneladas. Como el país terminó con 90,814 toneladas adicionales, el resto de las entidades tuvo que aportar en conjunto un aumento neto cercano a 1.48 millones de toneladas para sostener el total nacional.

    La estabilidad nacional, entonces, no describe una estabilidad territorial. El análisis muestra estados que crecieron con dos regiones de gran peso que retrocedieron de forma marcada. También mezcla problemas diferentes. En Sinaloa predominó la caída del volumen, mientras en Jalisco coincidieron menor rendimiento y menor precio.

    El resultado deja una lectura interesante. México produjo prácticamente la misma cantidad de maíz grano, pero la distribución de esa producción cambió y su valor económico se redujo. El 0.4% de crecimiento nacional es real, aunque por sí solo resulta insuficiente para entender lo ocurrido en el campo.

    Fuente: DGSIAP

  • El mapa del trigo mexicano cambió de forma radical

    El mapa del trigo mexicano cambió de forma radical

    El liderazgo del trigo en México cambió en 2025. En 2024, Sonora produjo 1,582,947 toneladas de trigo grano. Eso fue 59.8% del volumen nacional. Para 2025, su producción bajó a 407,017 toneladas. La caída fue de 74.3%.

    Guanajuato siguió la ruta contraria. Pasó de 200,684 a 413,843 toneladas. El crecimiento fue de 106.2%. Así superó a Sonora por 6,827 toneladas y con ello se convirtió en el principal productor del país.

    El cambio no se entiende solo al mirar el volumen. En Sonora, la superficie sembrada pasó de 250,069 a 59,555 hectáreas. Eso representa una reducción de 76.2%. Sin embargo, el rendimiento promedio subió de 6.3 a 6.8 toneladas por hectárea. El avance fue de 8.0%. Los datos nos arrojan una señal clara: El fuerte descenso estatal estuvo ligado, sobre todo, a una superficie mucho menor; es decir, no ocurrió por un deterioro del rendimiento promedio.

    Guanajuato muestra el movimiento opuesto. Su superficie sembrada aumentó de 36,989 a 63,133 hectáreas. El crecimiento fue de 70.7%. A la vez, el rendimiento pasó de 5.4 a 6.6 toneladas por hectárea. La mejora fue de 20.8%. Hubo entonces dos fuerzas a favor. Se sembró más superficie y se obtuvo más por hectárea. Esa mezcla permitió duplicar el volumen. La participación de Guanajuato pasó de 7.6% a 24.1%. La de Sonora cayó de 59.8% a 23.7%.

    Cajeme permite ver la magnitud del ajuste dentro de Sonora. En 2024 produjo 424,506 toneladas. Esa cifra equivalía a 16.0% de todo el trigo grano de México. En 2025 apenas alcanzó 23,452 toneladas. La reducción fue de 94.5%. Su superficie sembrada cayó de 65,015 a 3,183 hectáreas. La baja fue de 95.1%. Aun así, su rendimiento subió 12.9%. La lectura vuelve a ser la misma. Cajeme no produjo menos por un menor rendimiento promedio. La gran diferencia estuvo en la superficie reportada para el cultivo.

    El efecto aparece en todo el país. La producción nacional pasó de 2,648,390 a 1,718,732 toneladas. La caída fue de 35.1%. La superficie sembrada bajó 36.3%. El rendimiento promedio nacional solo retrocedió 1.5%. La diferencia entre esas cifras es importante. El volumen se contrajo mucho más por la reducción de superficie que por un cambio general en el rendimiento.

    También hubo un golpe en el valor. El valor nacional reportado cayó 45.2%. Pasó de 16,896 millones a 9,260 millones. El valor promedio por tonelada bajó 15.5%. Guanajuato produjo 106.2% más, sin embargo, su valor aumentó 68.2%, mientras que Sonora perdió 79.1% de su valor.

    La nueva distribución también aparece detrás de los líderes. Baja California aportó 195,710 toneladas en 2025. Sinaloa produjo 192,383. Sus participaciones fueron de 11.4% y 11.2%. Michoacán llegó a 153,472 toneladas y representó 8.9%. En 2024, Sonora por sí solo concentraba casi seis de cada diez toneladas. En 2025, ningún estado llegó a una cuarta parte del total.

    El mapa triguero quedó menos concentrado en un solo estado. También quedó más repartido entre varias zonas productoras.

    Fuente: DGSIAP

  • El agave mexicano produce más pero vale mucho menos

    El agave mexicano produce más pero vale mucho menos

    El agave mexicano produjo mucho más en 2025, pero esa expansión no se tradujo en más dinero para el campo. Los datos muestran una combinación poco común. La producción nacional pasó de 2,434,208 toneladas en 2024 a 3,005,951 toneladas en 2025. El aumento fue de 23.5%, pero al mismo tiempo, el valor total de la cosecha cayó de 43,174 a 15,799 millones de pesos, es decir, una reducción del 63.4%.

    La clave está en el precio. Si se divide el valor total entre el volumen producido, el precio promedio ponderado pasó de 17,736 pesos por tonelada a 5,256 pesos. Eso representa una caída de 70.4%. En otras palabras, el país produjo alrededor de 571,744 toneladas adicionales de agave, pero recibió cerca de 27,375 millones de pesos menos por esa producción.

    Los datos también muestran que la expansión no ocurrió solo en el volumen final. La superficie sembrada creció 26.6%, al pasar de 242,626 a 307,131 hectáreas. La superficie cosechada aumentó 25.0%, de 32,778 a 40,975 hectáreas. Esto indica que durante 2025 hubo una base productiva mayor. Sin embargo, no podemos afirmar que esa expansión haya provocado por sí sola la caída de precios, pues también entran en juego datos de demanda, inventarios y condiciones comerciales.

    Jalisco concentra el golpe económico más fuerte. En 2024 produjo 1,209,788 toneladas de agave con un valor de 26,872 millones de pesos. En 2025 su producción bajó 18.0% hasta 991,674 toneladas, pero el valor cayó mucho más, hasta 7,558 millones. La pérdida fue de 19,315 millones de pesos en un solo año. Su precio promedio implícito pasó de 22,212 a 7,621 pesos por tonelada.

    Guanajuato muestra otra cara del mismo fenómeno. Su producción pasó de 401,550 a 807,533 toneladas, un crecimiento de 101%. También duplicó la superficie sembrada y aumentó 135% la superficie cosechada. A pesar de ello, el valor de su producción bajó de 7,084 a 2,946 millones de pesos. Su precio promedio implícito cayó de 17,642 a 3,648 pesos por tonelada, una reducción de 79.3%.

    Michoacán refuerza esa misma lectura. Su producción aumentó 37.6%, de 353,866 a 487,041 toneladas, mientras el valor cayó 55%, de 5,461 a 2,440 millones de pesos. Las pérdidas sumadas de Jalisco, Guanajuato y Michoacán equivalen a 97% de la caída neta nacional de valor, aunque algunos estados tuvieron resultados distintos y compensaron una pequeña parte del descenso.

    El contraste ayuda a dimensionar el problema. Jalisco produjo menos y perdió una parte muy importante de su valor. Guanajuato produjo más del doble y también terminó con mucho menos valor. Por eso, el dato central no es únicamente que México produjo más agave. Es que el crecimiento físico de la cosecha coincidió con una fuerte pérdida de valor por tonelada.

    Este es un excelente ejemplo de como una cosecha mayor no necesariamente significa un mejor resultado económico. En el caso del agave durante 2025, el volumen avanzó con fuerza, pero el ingreso generado por la producción retrocedió de manera mucho más profunda. Los datos muestran una expansión productiva acompañada por una severa contracción del valor.

    Fuente: DGSIAP

  • Perú apuesta por nuevas uvas ante un mercado más exigente

    Perú apuesta por nuevas uvas ante un mercado más exigente

    La industria peruana de uva de mesa ya no se parece a la de hace una década. El cambio más visible está en las variedades cultivadas. Hace diez años cerca del 90% de la superficie correspondía a variedades tradicionales. Hoy el 85% está ocupado por variedades licenciadas. El giro es relevante porque ha permitido ajustar mejor la oferta a lo que buscan los mercados internacionales en sabor, calibre y vida de postcosecha.

    Ese recambio varietal ocurrió mientras Perú aumentaba con fuerza su presencia exportadora. En la campaña 2025/26 el país cerró con 86.4 millones de cajas exportadas, lo que significó un crecimiento de 4% frente a la temporada anterior. Además, alcanzó 23,748 hectáreas certificadas para exportación. Si se observa un periodo de diez años, el volumen enviado al exterior creció cerca de 120%.

    El dato más relevante aparece cuando se compara ese avance con el valor generado. Durante el mismo periodo, el valor FOB (el valor de una mercancía exportada hasta que queda cargada a bordo del medio de transporte en el puerto de salida) de las exportaciones aumentó alrededor de 200% y superó los US$2,000 millones en la última campaña.

    El valor creció mucho más rápido que el volumen físico. Esto sugiere que la transformación de la industria no se ha limitado a producir y enviar más fruta. También ha estado vinculada con una oferta capaz de responder mejor a las condiciones comerciales de los destinos internacionales.

    El mapa de compradores también está cambiando. Estados Unidos sigue siendo el principal mercado para la uva peruana. China, en cambio, ha perdido participación. Hace una década concentraba cerca del 20% de los envíos, pero su peso ha disminuido en parte porque aumentó su propia producción y también su capacidad exportadora. Al mismo tiempo, México ha ganado terreno como destino relevante.

    Este cambio obliga a Perú a depender menos de una sola ruta comercial. Provid trabaja junto con SENASA en nuevas aperturas fitosanitarias para ampliar destinos. La diversificación puede ser importante porque la competencia internacional no permanece estática. Un mercado que hoy absorbe grandes volúmenes puede reducir su demanda relativa si desarrolla producción propia o cambia su posición dentro del comercio mundial.

    El siguiente reto no viene solamente del mercado. Para la campaña 2026/27, el riesgo climático asociado a El Niño puede limitar el crecimiento exportador. Aunque la superficie cultivada seguirá aumentando, las temperaturas por encima de lo normal podrían impedir que ese crecimiento se traduzca en un aumento proporcional del volumen. La razón está en el efecto de esas condiciones sobre la fisiología de las plantas y sobre las curvas de cosecha. Por eso, el crecimiento del área ya no puede leerse por sí solo como una garantía de mayores exportaciones en la siguiente campaña.

    La industria peruana llega a este escenario con más superficie, mayor valor exportado y una estructura varietal muy distinta a la de hace diez años. Sin embargo, el avance futuro dependerá de algo más que seguir plantando. También será necesario sostener la adaptación varietal, ampliar mercados y gestionar mejor los efectos del clima. En ese contexto, la coordinación entre países productores del hemisferio sur adquiere mayor peso, ya que compartir información puede ayudar a anticipar cambios que afectan a toda la categoría.

    Fuente: FreshPlaza

  • Más agua en Sinaloa reactiva el debate maíz-frijol

    Más agua en Sinaloa reactiva el debate maíz-frijol

    Las presas de Sinaloa llegaron a agosto con un panorama que hace un año parecía lejano. Los embalses acumulan cerca de 5,600 millones de metros cúbicos, un volumen que más que duplica los 2,241.7 millones registrados en la misma fecha del año anterior. Ese cambio no es un detalle menor, porque en un estado donde el riego define qué se puede sembrar y dónde, tener más agua disponible abre opciones que antes estaban cerradas.

    El contexto en el que llega esta recuperación importa tanto como el dato mismo. El maíz, cultivo histórico de la región, viene arrastrando precios bajos y dudas sobre su rentabilidad. Esa combinación empuja a los productores a hacer números distintos para el ciclo otoño-invierno 2026-2027, y ahí es donde el frijol empieza a sonar como alternativa. Sin embargo, ningún análisis disponible hasta ahora asegura que esto se traduzca en un aumento real de hectáreas sembradas con la leguminosa. El agua es una condición necesaria, pero no suficiente.

    Conviene detenerse en algo que suele perderse quando se habla de porcentajes promedio. El 35% de almacenamiento general de las presas sinaloenses esconde diferencias enormes entre un embalse y otro. Mientras las presas Aurelio Benassini y Eustaquio Buelna superan el 70% de su capacidad, la Miguel Hidalgo apenas llega al 19% y la Josefa Ortiz de Domínguez ronda el 14%. Estas dos últimas son clave para el norte de Sinaloa, así que la mejora general del sistema no significa que todos los productores tengan el mismo margen para decidir qué sembrar. Algunos podrán planificar con holgura, otros seguirán limitados por la disponibilidad local de agua.

    El otro factor que puede inclinar la balanza son las lluvias de agosto y septiembre. El Consejo Mexicano del Frijol identifica una franja de actividad de precipitaciones que va desde Sonora y Sinaloa hasta Nayarit, Jalisco y Michoacán, vinculada a la Sierra Madre Occidental y al Pacífico centro. Si esas lluvias siguen alimentando las cuencas, los embalses podrían llegar al momento de programar el ciclo agrícola en una posición todavía mejor que la actual, lo cual ampliaría el margen para decidir cuánta superficie sembrar y con qué cultivo.

    Aun así, el agua por sí sola no convierte al frijol en la opción más rentable. Los productores también deben considerar los precios esperados al momento de cosechar, los costos de implantación, la disponibilidad de semillas y las posibilidades reales de venta. Si el maíz sigue ofreciendo márgenes estrechos y el frijol mantiene mejores perspectivas comerciales, es probable que parte de la superficie cambie de cultivo. Pero si la relación de precios se mueve en sentido contrario, el escenario puede revertirse con la misma rapidez con la que se armó.

    Lo que está en juego es que Sinaloa es una pieza central de la producción agrícola mexicana, así que cualquier cambio importante en su patrón de siembra puede sentirse más allá de las propias parcelas. Más hectáreas de frijol podrían mover la oferta nacional de ese grano, mientras que una reducción del maíz tendría efectos sobre uno de los cultivos más relevantes del estado.

    Por ahora, lo concreto es que los productores sinaloenses tienen un margen de decisión bastante más amplio que el que tenían hace un año. Las próximas semanas de lluvia dirán cuánta agua termina llegando realmente a los campos, y los precios de mercado decidirán después si ese margen se convierte, efectivamente, en más hectáreas de frijol.

    Fuente: Agrolatam