Etiqueta: aguacate

  • Michoacán cierra temporada de aguacate con menos volumen

    Michoacán cierra temporada de aguacate con menos volumen

    Michoacán terminó la temporada 2025/26 con una cosecha de 1.46 millones de toneladas de aguacate, según cifras del gobierno del estado. La cifra representa una caída de 27% frente a las 2 millones de toneladas reportadas en la temporada anterior, de acuerdo con un informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA).

    El dato llega justo una semana después de que Estados Unidos reanudara sus actividades oficiales en Michoacán, incluidas las inspecciones necesarias para exportar aguacate cruzando la frontera. Esa reanudación importa porque Michoacán es uno de los dos únicos estados mexicanos autorizados por el Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal (APHIS) de Estados Unidos para exportar aguacate al mercado estadounidense. Sin esa autorización activa, ningún volumen puede cruzar hacia el norte, así que cada pausa o reactivación en las inspecciones repercute de forma directa en el comercio.

    Durante la temporada pasada, Michoacán envió más de 85% de su producción a Estados Unidos, es decir 1.25 millones de toneladas. Esa cifra convirtió al ciclo en un récord para las importaciones estadounidenses de aguacate mexicano, con un incremento de 32% frente a la campaña anterior. Aquí aparece un contraste que vale la pena entender bien. La producción total michoacana bajó, pero el volumen exportado a Estados Unidos subió con fuerza en el ciclo previo. Esto sugiere que el mercado estadounidense absorbió una proporción cada vez mayor de una cosecha que, en términos absolutos, fue menor este año.

    ¿Por qué importa esta caída de 27%? Michoacán no es un productor más dentro del mapa aguacatero mexicano, es la pieza central. El estado concentra más de 70% de la superficie plantada de aguacate en todo el país, que suma 672,000 acres distribuidos en 30 entidades. Cuando la cosecha michoacana baja, el efecto no se queda en el estado, se siente en toda la cadena de abasto que depende de este cultivo, desde los empacadores hasta los distribuidores en Estados Unidos.

    El aguacate tampoco es un negocio menor para México. La industria mueve 56,000 millones de dólares. Con ese peso económico, cualquier variación de doble dígito en la cosecha de su principal región productora tiene consecuencias que van más allá del campo. Afecta precios, disponibilidad y las decisiones de compra de las cadenas de supermercados que dependen del aguacate mexicano durante todo el año.

    De cara a la temporada 2026 y 2027, la pregunta que queda abierta es si la menor cosecha fue un evento puntual o el inicio de una tendencia. La reactivación de las inspecciones estadounidenses despeja al menos una parte de la incertidumbre operativa, pero no resuelve la duda sobre qué tan estable será el volumen que Michoacán pueda ofrecer en los próximos ciclos. Mientras tanto, el hecho de que el estado siga siendo uno de solo dos autorizados para exportar a Estados Unidos confirma que buena parte del abasto aguacatero de ese mercado sigue dependiendo de una sola región mexicana.

    Fuente: FreshFruitPortal

  • Aguacate mexicano exporta menos valor con más cosecha

    Aguacate mexicano exporta menos valor con más cosecha

    El aguacate mexicano vivió un primer semestre complicado en 2026. Según datos del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), las exportaciones sumaron 1,690 millones de dólares entre enero y junio, una caída de casi 25% frente al mismo periodo de 2025. Es una de las bajas más fuertes entre los productos agroalimentarios mexicanos, junto con las berries y el azúcar.

    Lo llamativo es que esta caída no se explica por una menor cosecha. De acuerdo con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), México va camino a producir 2.8 millones de toneladas de aguacate en 2026, es decir 3% más que el año anterior, gracias a lluvias oportunas y temperaturas favorables durante la temporada. Michoacán y Jalisco siguen concentrando la gran mayoría de ese volumen. Entonces el problema no es que falte fruta, sino que cada kilo exportado está generando menos ingresos.

    El propio GCMA atribuye esta contracción a dos factores puntuales, el endurecimiento de las medidas comerciales de Estados Unidos y un menor dinamismo de la demanda externa. En otras palabras, el mercado estadounidense (el principal comprador del aguacate mexicano) se volvió más exigente y compró con menos entusiasmo, mientras las condiciones de acceso se complicaron. El resultado es que el valor total de lo vendido afuera bajó, aunque el campo mexicano siguió produciendo con normalidad.

    Esa combinación (más fruta disponible y menos salida hacia el exterior) tiene un efecto directo dentro del país. Cuando el aguacate no encuentra la misma salida en exportación, una parte mayor de la cosecha se queda circulando en el mercado interno, y eso presiona los precios hacia abajo.

    En Guanajuato, por ejemplo, productores han reportado que intermediarios les ofrecen comprar el kilo en 15 pesos para revenderlo después en 40, cuando a inicios de año el precio llegó a costar hasta 80 pesos el kilo. Es decir, quien produce recibe cada vez menos, aunque el consumidor final no necesariamente pague menos.

    Este fenómeno también se refleja en las cifras generales del comercio agroalimentario. El superávit de esa balanza se redujo 12.1%, hasta 4,533 millones de dólares, porque las exportaciones agroalimentarias crecieron apenas 1.7% (a 27,811 millones de dólares) mientras las importaciones avanzaron 4.9% (a 23,278 millones).

    El aguacate, que suele ser uno de los motores del superávit del campo mexicano, esta vez fue de los que más lo frenaron. Otros productos como el tequila (con un alza de 21.8%), la carne de bovino (8.1% más) y el jitomate (2.4% más) sí lograron crecer, lo que confirma que el freno no fue generalizado, sino concentrado en el aguacate y las berries.

    De cara a la segunda mitad del año, el reto para el sector aguacatero no es producir más, porque ya lo está haciendo. El reto es recuperar el valor que perdió en el mercado externo. Si las condiciones comerciales con Estados Unidos y la demanda internacional no mejoran, es probable que el excedente siga presionando los precios que reciben los productores mexicanos, incluso en un año de cosecha abundante.

    Fuente: El Financiero

  • El aguacate mexicano vuelve a cruzar hacia Estados Unidos

    El aguacate mexicano vuelve a cruzar hacia Estados Unidos

    Todo parece indicar que las negociaciones entre México y Estados Unidos rindieron fruto. Las inspecciones de aguacate en Michoacán comenzaron a reanudarse después de una interrupción relacionada con la seguridad del personal estadounidense encargado de verificar la fruta antes de su exportación.

    La pausa encendió alertas porque Michoacán es el principal origen del aguacate mexicano que llega a Estados Unidos. Sin inspecciones, la fruta puede estar cosechada, empacada y lista para viajar, pero no puede avanzar normalmente hacia su principal mercado.

    La solución implicó reforzar la seguridad alrededor de esta industria. El Gobierno de México desplegó alrededor de 1,500 elementos adicionales del Ejército y la Guardia Nacional para proteger empacadoras, vigilar rutas de traslado y resguardar los puntos donde trabaja el personal de inspección.

    El operativo se coordina desde un centro de inteligencia en Uruapan. Estos elementos se suman a los cerca de 8,000 efectivos que ya mantenían presencia permanente en Michoacán. En otras palabras, recuperar el flujo comercial no dependió solamente de un acuerdo administrativo. México tuvo que ofrecer condiciones de seguridad suficientes para que las inspecciones pudieran continuar.

    El acuerdo permitió reactivar parcialmente las revisiones en zonas como Tancítaro, Tacámbaro, Uruapan y el corredor entre Morelia y Pátzcuaro. También permitió liberar más de 1,000 toneladas de aguacate que ya estaban destinadas a exportación.

    La rapidez de la respuesta evitó un problema mayor.

    Eso sí, el mercado estadounidense todavía tenía inventarios suficientes para absorber una interrupción corta. La estimación de participantes del sector era que una suspensión superior a siete o diez días podría comenzar a reducir la disponibilidad y presionar los precios.

    Además, Jalisco continuó exportando porque cuenta con autorización para enviar aguacate a Estados Unidos desde 2022. Eso ayudó a mantener parte del suministro mientras Michoacán enfrentaba la suspensión.

    El fondo del asunto es el tamaño de lo que estaba en riesgo. México produce cerca de 1.5 millones de toneladas de aguacate al año y sus exportaciones tienen un peso dominante dentro del mercado estadounidense. Esa posición convierte cualquier interrupción en Michoacán en un problema que puede trasladarse rápidamente a empacadores, transportistas, importadores, distribuidores y compradores.

    También explica la magnitud de la respuesta federal. Lo que se está protegiendo no es solamente una cadena agrícola. Se está protegiendo el acceso de uno de los productos mexicanos más importantes a su principal mercado de exportación.

    El episodio también deja claro que el riesgo comercial del aguacate ya no puede analizarse únicamente desde la producción, los precios o la demanda. La seguridad se ha convertido en una variable operativa. Si las condiciones impiden trabajar a los inspectores, el comercio puede detenerse aunque exista fruta disponible y compradores dispuestos a recibirla.

    Por ahora, la interrupción fue suficientemente corta para evitar un choque visible de oferta. El aguacate mexicano vuelve a cruzar hacia Estados Unidos, pero lo hace bajo un esquema de vigilancia reforzada. El comercio se reactivó y, al mismo tiempo, quedó expuesto el costo operativo de mantener abierta una de las rutas agrícolas más importantes entre ambos países.

    Fuentes: FreshPlaza y FreshPlaza

  • El aguacate mexicano pierde fuerza durante el verano

    El aguacate mexicano pierde fuerza durante el verano

    México sigue siendo el gran proveedor de aguacate para Estados Unidos durante el año, pero esa posición cambia de forma notable en verano. Resulta que nuestro país abastece cerca del 85% de la demanda estadounidense en términos generales. Sin embargo, durante los meses de verano su participación cae hasta 35%. La diferencia no significa que México haya perdido de forma permanente su posición, sino que en esta parte del año enfrenta una combinación distinta de oferta, tamaños de fruta y competencia.

    El mercado atraviesa además un momento de abundancia. En la semana 29 de 2026 cruzaron hacia Estados Unidos casi 1,000 camiones de aguacate mexicano. Al 22 de julio existía un excedente de oferta frente a la demanda cercano a 10.9 millones de kilos. A esto se suma que los supermercados estadounidenses cuentan con calibres grandes procedentes de Perú y California a precios estables. En ese escenario, el aguacate mexicano tiene menos espacio para dominar el mercado como lo hace durante otras épocas del año.

    La composición de la cosecha mexicana también ayuda a explicar la presión. México está enviando fruta de la cosecha de flor loca y 60% de la producción corresponde a calibres 60 y menores. Dentro de ese volumen, 30% corresponde al calibre 60, 20% al calibre 70 y 10% al calibre 84. Esto importa porque el tamaño de la fruta influye directamente en su valor comercial. Cuando una proporción elevada de la oferta se concentra en calibres pequeños y el mercado dispone al mismo tiempo de fruta grande procedente de otros orígenes, las diferencias de precio se vuelven más marcadas.

    El efecto está llegando a las empacadoras mexicanas. Algunas están aceptando pérdidas en ciertos calibres para mantener la operación y conservar a su personal. Los precios recibidos por los productores se acercan a sus costos de producción en varios tamaños. El calibre 60 se ubica alrededor de 18 pesos por kilo, el 70 en 15 pesos y el 84 en 12 pesos. En la semana 30, además, una caja de calibre 48 tenía una diferencia de 22.00 dólares frente a una de calibre 60.

    La presión no proviene únicamente del mercado estadounidense. pues existen aproximadamente 100 empacadoras más que hace 15 años. Esa mayor competencia obliga a las empresas a disputar fruta y puede llevarlas a pagar más por determinados calibres incluso cuando el resultado comercial no es favorable. El problema entonces no es solo vender menos caro, sino sostener una operación donde productores y empacadores enfrentan presiones distintas dentro de la misma cadena.

    La expectativa es que esta situación cambie conforme avance la temporada. Si la fruta continúa creciendo, habrá una mayor disponibilidad de calibres grandes y las empacadoras buscarán recuperar parte de las pérdidas acumuladas. Esto podría traducirse en precios más altos en las siguientes semanas.

    Lo relevante es que la caída de 85% a 35% muestra el carácter estacional del dominio mexicano. México conserva una posición estructural muy fuerte en Estados Unidos, pero durante el verano comparte mucho más el mercado. En ese periodo, el tamaño de la fruta, la llegada de producto de Perú y California, el nivel de oferta y la competencia entre empacadoras pueden modificar de forma considerable la rentabilidad de toda la cadena.

    Fuente: FreshPlaza

  • California exige frenar la ola aguacatera mexicana

    California exige frenar la ola aguacatera mexicana

    La Comisión de Aguacate de California (CAC, por sus siglas en inglés) volvió a subir el tono frente a las autoridades comerciales de Estados Unidos. Su petición es concreta y no es nueva, pero ahora llega con más urgencia porque se suma a un hallazgo reciente que reactivó las alarmas fitosanitarias.

    Las exportaciones de aguacate mexicano hacia Estados Unidos crecieron 35% durante los primeros cuatro meses de 2026, comparado con el mismo periodo del año anterior. Ese incremento golpea justo cuando los productores californianos están en plena cosecha, así que la presión sobre los precios locales se siente doble.

    Por si el tema comercial no fuera suficiente, el 4 de agosto de 2026 una inspección en una empacadora mexicana detectó una larva que se sospecha podría ser una plaga regulada, aunque no pudo colectarse ni identificarse con certeza; los especialistas creen que podría tratarse del barrenador de rama del aguacate (Macrocopturus aguacatae).

    Ese hallazgo, junto con la suspensión temporal de las inspecciones del USDA y APHIS en Michoacán ese mismo día por temas de seguridad, reforzó el argumento de la CAC para exigir una revisión más estricta del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

    La propuesta central de la comisión es establecer una cuota arancelaria estacional (TRQ) para el aguacate mexicano. Esto significaría que un volumen definido entraría con el arancel estándar entre marzo y septiembre, mientras que los envíos adicionales enfrentarían una tarifa más alta. La idea es que esa cuota funcione junto con el regreso de inspecciones más rigurosas del USDA antes de que cualquier aguacate mexicano llegue al mercado estadounidense.

    El trasfondo de seguridad tiene peso propio en esta historia. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha descrito la extorsión como un problema particularmente extendido en la agricultura de Michoacán, y ha señalado que los cárteles extorsionan de forma rutinaria a productores, empacadores y otros actores involucrados en cultivos como el aguacate. Esa situación ha interrumpido inspecciones y ha reducido la vigilancia en los huertos, lo cual, según la CAC, abre la puerta a que las plagas circulen con menos control.

    Ken Melban, presidente de la CAC, resumió la postura de la organización con dureza. “Nuestros productores no tienen esperanza de sobrevivir cuando las reglas normales del mercado son reemplazadas por el Viejo Oeste”, dijo, y agregó que este es el momento para una cuota arancelaria estacional y para restablecer por completo las inspecciones rigurosas del USDA antes de permitir la entrada de aguacates mexicanos.

    Vale la pena entender que esta no es solo una respuesta a un riesgo biológico puntual. La CAC lleva años buscando reducir las importaciones mexicanas para contrarrestar lo que considera una sobreoferta de aguacate en el mercado estadounidense, y a inicios de julio incluso lanzó un video promocional en el que voces de la industria hablaban de resolver un “desastre culinario”. Aun así, Melban ha insistido en que su gremio no busca detener el comercio, sino competir en condiciones que considera más equilibradas dentro de su propio mercado.

    El momento tampoco es casual. Todo esto ocurre en medio de la revisión del TMEC, un proceso donde estas posturas pesan en las decisiones sobre el futuro del tratado. Para México, el mensaje es claro, la seguridad en zonas productoras como Michoacán ya no es solo un asunto interno, sino una pieza que influye directamente en las condiciones de acceso de sus exportaciones agrícolas al mercado más importante para el sector.

    Fuentes: Perishable News y FreshFruitPortal

  • EE.UU. detiene a su personal y paraliza al aguacate

    EE.UU. detiene a su personal y paraliza al aguacate

    Este miércoles 5 de agosto, el gobierno de Estados Unidos suspendió temporalmente las actividades de su personal en Michoacán. La medida surgió por una amenaza contra intereses estadounidenses en la entidad, aunque hasta ahora ni la Embajada de Estados Unidos ni las autoridades mexicanas han detallado en qué consistió esa amenaza.

    La suspensión golpea directamente a la industria aguacatera del estado, porque paraliza el trabajo de los Oficiales Regulatorios del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), quienes son los encargados de verificar que los empaques michoacanos cumplan con el Plan de Trabajo Operativo necesario para exportar la fruta.

    La Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (APEAM) confirmó la situación mediante un comunicado oficial. Ahí explicó que, por ahora, solo se autoriza procesar la fruta que fue recibida el martes 4 de agosto bajo supervisión estadounidense. El aguacate que se descargue este miércoles podrá ingresar a los empaques, pero no podrá procesarse ni embarcarse hacia el mercado estadounidense, algo similar a lo que ocurre normalmente los domingos. Ante esto, cada empaque tendrá que decidir por su cuenta si vale la pena seguir con los cortes en el campo durante esta jornada.

    La directiva y el director general de APEAM ya viajaron a la Ciudad de México para reunirse con autoridades federales y buscar formas de reducir el impacto económico. Esto no es un simple trámite administrativo, porque cada día sin exportación representa fruta que se queda sin salida, jornales que igual hay que pagar y compromisos comerciales que corren el riesgo de incumplirse.

    Lo que hace distinta esta pausa es su origen. Estados Unidos ha emitido antes advertencias de no viajar a Michoacán por la inseguridad general del estado (de hecho, la entidad sigue clasificada en el nivel más alto de riesgo, el Nivel 4). Sin embargo, esta vez no se trata solo de una recomendación para turistas o ciudadanos estadounidenses, sino de un freno directo a las labores oficiales de inspección, que es justamente el mecanismo que permite exportar aguacate a ese país.

    Este tipo de suspensiones no son nuevas. En febrero de 2022, una amenaza contra un inspector detuvo los envíos por una semana. En junio de 2024, la retención de dos inspectores en un bloqueo cerca de Paracho paralizó las exportaciones durante varios días, con pérdidas estimadas entonces en 52 millones de dólares por semana, según cálculos de productores consultados en su momento. El patrón se repite porque el sistema de exportación depende de que el personal extranjero pueda moverse con libertad y seguridad dentro del territorio michoacano, algo que no siempre está garantizado.

    La implicación de fondo es que el aguacate mexicano funciona bajo una especie de contrato de confianza binacional, donde la seguridad de los inspectores estadounidenses pesa tanto para el negocio como la calidad de la fruta misma. Cada vez que ese contrato se pone en duda, aunque sea por un incidente aislado, todo el sector paga el costo, desde el productor hasta el consumidor en Estados Unidos, que podría ver menos oferta y precios más altos en los próximos días. Por ahora, ni la Embajada ni APEAM han dado una fecha para que las operaciones regresen a la normalidad.

    Fuente: APEAM

  • Aguacate mexiquense espera luz verde de Estados Unidos

    Aguacate mexiquense espera luz verde de Estados Unidos

    El Estado de México podría convertirse pronto en el tercer estado mexicano autorizado para exportar aguacate a Estados Unidos, después de Michoacán y Jalisco. La región cuenta con alrededor de 13 mil 500 hectáreas sembradas y una producción anual cercana a las 145 mil toneladas, lo que la ubica entre los tres principales productores del fruto en el país.

    Sin embargo, después de cuatro años de trabajo, certificaciones y preparación sanitaria, los productores siguen a la espera de una autorización que depende exclusivamente del gobierno estadounidense.

    Según Luis Eduardo Juárez, director general de la Asociación de Productores y Exportadores de Aguacate del Estado de México (APEAMEX), la zona de Temascaltepec ya cumple con los requisitos del plan bilateral de trabajo y su superficie de 1.880 hectáreas será propuesta para exportar. Las autoridades mexicanas, a través de SENASICA, ya validaron el cumplimiento del Plan de Trabajo Operativo Binacional, e incluso existen dos empaques listos para recibir la autorización del USDA/APHIS. En otras palabras, la parte mexicana ya terminó su tarea y ahora todo depende de una firma en Washington.

    Lo interesante (y también lo más incierto) es que nadie del sector sabe con certeza por qué se ha tardado tanto la aprobación. Juárez sugiere que el retraso podría estar relacionado con otros temas prioritarios de la agenda bilateral, como negociaciones comerciales y asuntos ligados al T-MEC.

    Esto revela algo importante sobre este tipo de procesos, ya que aunque la certificación técnica de un producto agrícola puede estar lista, su autorización final termina sujeta a la dinámica política y comercial más amplia entre los dos países.

    El impacto de esta apertura, si finalmente llega, tendría un carácter muy particular. A diferencia de otros procesos de expansión agrícola que suelen beneficiar primero a grandes empresas, en este caso más del 90% de los productores de la zona poseen menos de cinco hectáreas, por lo que se trata de una actividad mayoritariamente familiar.

    Y aunque la entrada al mercado estadounidense podría atraer capital e interesados de mayor escala, Juárez considera que la estructura productiva difícilmente cambiará, en buena medida porque existe un fuerte sentido de identidad y pertenencia en torno al aguacate mexiquense.

    En términos de volumen, el Estado de México no busca competir con Michoacán, que se encuentra a poco menos de 280 kilómetros de distancia. Las proyecciones apuntan a que aportaría apenas entre 1.5% y 2% de lo que produce actualmente ese estado, por lo que el objetivo real es consolidarse como un origen adicional de suministro, no como un competidor directo. Hoy, 96% del aguacate producido en la entidad se vende en el mercado interno, mientras que Canadá recibe 3% y Japón 1%.

    Otro elemento relevante es el cuidado ambiental que reivindica el sector, ya que se asegura que las nuevas plantaciones no invadan zonas forestales, verificando que los terrenos estén clasificados como agrícolas antes de autorizar cualquier huerta.

    A esto se suma el registro de la marca “Aguacate Mexiquense”, con la que buscan fortalecer su identidad comercial y avanzar hacia un reconocimiento similar a una denominación de origen.

    Mientras se resuelve el tema en Estados Unidos, los productores seguirán fortaleciendo la sanidad y calidad del cultivo, con la mirada puesta en el próximo periodo de certificaciones previsto para otoño.

    Fuente: Portal Frutícola

  • 90% del aguacate mexicano a EE.UU. ya tiene sello forestal

    90% del aguacate mexicano a EE.UU. ya tiene sello forestal

    Durante años, el aguacate mexicano cargó con una reputación incómoda. Detrás de cada aguacate que llegaba a un supermercado en Estados Unidos podía haber un pedazo de bosque talado en Michoacán, el estado que concentra la mayor parte de la producción del país.

    De hecho, un reporte de 2023 de la organización Climate Rights International, llamado “Unholy Guacamole”, documentó cómo esta cadena de exportación había impulsado deforestación, escasez de agua y violencia en comunidades locales.

    Sin embargo, en apenas dos años, un programa de certificación llamado Pro-Forest Agriculture (PFA) logró que más del 90% del aguacate mexicano exportado a Estados Unidos provenga de huertos verificados como libres de deforestación reciente. El programa nació en 2024 gracias a la organización mexicana Guardián Forestal, con el respaldo del gobierno de Michoacán, y hoy ya cubre los seis estados productores de aguacate del país, con más de 53,000 huertos monitoreados en una superficie superior a 200,000 hectáreas.

    La forma en que funciona es lo interesante. En lugar de depender de inspecciones tradicionales, el sistema combina imágenes satelitales, inteligencia artificial y análisis geoespacial para detectar si un huerto se estableció sobre tierra deforestada después de 2018 o si tiene sanciones ambientales pendientes. Con esa información, las empresas exportadoras pueden decidir, con datos concretos, de qué huertos comprar y de cuáles no.

    Aquí es donde entra la parte que realmente aceleró el proceso, que son los propios compradores. Cadenas como Costco se comprometieron en 2025 a reducir la deforestación en su cadena de suministro de aguacate, y en mayo de 2026 Sprouts Farmers Market anunció que todo el aguacate mexicano que compra debe venir de proveedores certificados por PFA. Incluso las cuatro grandes comercializadoras señaladas en 2024 por seguir comprando a huertos deforestados (Calavo Growers, Fresh Del Monte, Mission Produce y West Pak Avocado) ya participan en el programa.

    Esto muestra algo que va más allá del aguacate. Cuando los grandes compradores exigen trazabilidad, la industria se mueve rápido, incluso más rápido que muchas regulaciones gubernamentales. El poder de compra de unas cuantas cadenas comerciales terminó funcionando como una especie de política ambiental de facto, aplicada de forma voluntaria pero efectiva.

    Sin embargo, todavía queda un punto pendiente. La certificación no es obligatoria y eso significa que el aguacate proveniente de huertos con deforestación reciente aún puede entrar a Estados Unidos, siempre que se venda a través de empresas que no adoptaron el esquema. Por eso, en junio, más de 50 organizaciones ambientales y de alimentación pidieron públicamente a más supermercados estadounidenses que exijan proveedores certificados por PFA.

    En otras palabras, el modelo ya demostró que puede funcionar a gran escala en poco tiempo, pero su éxito total depende de que el resto de la cadena comercial (los supermercados que todavía no se han pronunciado) decida sumarse. Mientras eso no ocurra, una parte del mercado seguirá abierta para el aguacate ligado a la tala reciente de bosques mexicanos.

    Fuente: Perishable News

  • Aguacate mexicano de exportación al 90% de certificación

    Aguacate mexicano de exportación al 90% de certificación

    Durante años, el aguacate que llega a Estados Unidos desde México cargó con una etiqueta incómoda, de ser uno de los cultivos más asociados a la pérdida de bosques.

    Eso empieza a cambiar gracias a un programa de certificación llamado Pro-Forest Agriculture (PFA), creado apenas en 2024, pero que ya cubre a más del 90% de las exportaciones de aguacate mexicano hacia Estados Unidos. Y lo logró en menos de dos años.

    El programa nació de una alianza entre la organización ambiental mexicana Guardián Forestal y el gobierno del estado de Michoacán, la región que concentra la mayor parte de la producción. Su funcionamiento es, en esencia, un sistema de vigilancia satelital.

    Usa imágenes satelitales, inteligencia artificial y análisis geoespacial para identificar qué huertas han talado bosque desde 2018 o tienen sanciones ambientales pendientes. Con esa información, empacadoras, procesadoras de guacamole y productoras de aceite de aguacate pueden excluir a esos proveedores de su cadena de suministro.

    Hoy participan de forma voluntaria unas 80 empresas mexicanas, y el sistema de monitoreo ya cubre más de 53 mil huertas repartidas en más de 200 mil hectáreas, en los seis estados donde se produce aguacate a escala relevante.

    Lo interesante aquí no es solo la tecnología, sino quién empujó el cambio. Las cadenas minoristas estadounidenses fueron el motor principal de esta adopción tan rápida. Costco se comprometió en 2025 a reducir la deforestación en su cadena de aguacate y a impulsar a sus proveedores hacia la certificación PFA. Sprouts Farmers Market fue más lejos y en mayo de 2026 anunció que todo su aguacate mexicano debe venir de proveedores certificados. Ese tipo de exigencia, viniendo de compradores grandes, es lo que obliga a toda la cadena (desde el huerto hasta la empacadora) a moverse.

    Hay un antecedente que ayuda a entender por qué esto importa tanto. En 2023, la organización Climate Rights International publicó un reporte llamado “Unholy Guacamole”, donde documentó cómo la producción de aguacate para exportación había alimentado deforestación, escasez de agua y violencia en comunidades locales de Michoacán.

    Un año después, otro reporte de la misma organización señaló que cuatro grandes comercializadoras seguían comprando aguacate de huertas recién deforestadas, pese a tener compromisos corporativos de sostenibilidad. Esas mismas cuatro empresas ahora participan en el programa PFA.

    Esto muestra algo relevante sobre cómo cambian las cadenas de suministro agrícolas. No fue una ley la que movió la aguja, sino la presión combinada de organizaciones civiles, reportes públicos y, sobre todo, decisiones de compra de los grandes minoristas. Cuando una cadena como Costco o Sprouts pone una condición de este tipo, los proveedores no tienen mucho margen para ignorarla si quieren seguir vendiéndoles.

    Aun así, el trabajo no está terminado. La certificación sigue siendo voluntaria, lo que significa que los productores vinculados a deforestación reciente todavía pueden vender en el mercado estadounidense a través de compañías que no han adoptado el sistema PFA.

    En junio pasado, más de 50 organizaciones ambientales y de alimentación pidieron públicamente a más supermercados estadounidenses que exijan esta certificación a sus proveedores. La lógica es simple, mientras no todas las grandes cadenas lo exijan, siempre habrá una puerta abierta para el aguacate ligado a la tala reciente.

    Lo que sí queda claro es que este caso se está usando como modelo. Si un sistema de monitoreo satelital y presión de retail logró transformar en menos de dos años una cadena de suministro tan grande y compleja como la del aguacate mexicano, la pregunta que queda flotando es si algo similar podría replicarse en otros cultivos con problemas parecidos.

    Fuente: Perishable News

  • El comercio de aguacate crece pero con más incertidumbre

    El comercio de aguacate crece pero con más incertidumbre

    Durante los últimos 15 años, las exportaciones globales de aguacate se multiplicaron por más de cuatro. Pasaron de cerca de 730 mil toneladas en 2010 a una proyección de 3.8 millones de toneladas para 2029. Es un crecimiento enorme, impulsado por una demanda que sigue subiendo en todo el mundo.

    México y Perú siguen siendo los proveedores más importantes. Sin embargo, países como Colombia, Kenia, Marruecos, España y Sudáfrica están ganando terreno poco a poco. Esto es positivo para la estabilidad del mercado, ya que reduce la dependencia de unos pocos orígenes. Al mismo tiempo, también genera más competencia, sobre todo cuando varios países exportan a los mismos destinos en las mismas fechas.

    Estados Unidos sigue siendo el mercado más grande del mundo para esta fruta. Este año, las exportaciones récord de México, sumadas a una cosecha muy fuerte en California, llevaron la oferta a niveles históricos. Esto provocó precios más normalizados y menos diferencia entre los precios de las distintas tallas de fruta. Los aguacates orgánicos, en cambio, mantienen su precio premium. Hacia adelante, factores como la sensibilidad del consumidor a los precios y la incertidumbre sobre el tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá podrían cambiar el panorama.

    En Europa la historia es distinta. El mayor flujo de aguacates llega justo cuando Perú tiene su temporada alta de exportación. En julio de 2025, las importaciones europeas superaron las 110 mil toneladas, lo que equivale a más de 6.5 millones de cajas de 8.8 libras por semana, comparado con un promedio cercano a 4.4 millones de cajas durante el invierno. Esta diferencia tan marcada suele presionar los precios hacia abajo, hasta que baja el volumen proveniente de Perú.

    Sudamérica es, sin duda, el motor de este crecimiento. En 2025 superó por primera vez el millón de toneladas exportadas, con Perú y Colombia a la cabeza, además de una industria chilena que se está recuperando. Perú va en camino de superar el millón de toneladas hacia 2030, mientras que Colombia espera crecer 16% en la temporada 2025 y 2026. Brasil, por su parte, podría aumentar sus exportaciones cerca de 60% en 2026.

    El problema es que el clima se ha vuelto más impredecible. El fenómeno de El Niño podría traer clima más cálido y húmedo a Perú, lo que aumenta el riesgo de enfermedades, caída de fruta y problemas de calidad y tamaño. En Colombia, en cambio, se esperan condiciones más cálidas y secas durante la floración, lo que también podría afectar el rendimiento.

    África también está creciendo con fuerza. Sus exportaciones llegaron a cerca de 450 mil toneladas en 2025, un 16% más que el año anterior, gracias a Kenia, Marruecos y Sudáfrica, mientras Tanzania y Burundi siguen expandiéndose. El problema es que esta región depende mucho del transporte marítimo, y las tensiones en el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz han encarecido el flete y complicado la logística.

    A todo esto se suma la presión de los costos. En Perú, los fertilizantes y productos para el cultivo llegaron a costar 18% más en mayo de 2026 que en febrero del mismo año, lo que llevaría los costos totales de producción a subir cerca de 4% en el año.

    Con tanta oferta creciendo al mismo tiempo, el reto para toda la cadena ya no es solamente producir más. Ahora se trata de saber diversificar mercados, tener logística flexible y planear con cuidado durante todo el año para sostener precios estables.

    Fuente: FreshFruitPortal