El Estado de México podría convertirse pronto en el tercer estado mexicano autorizado para exportar aguacate a Estados Unidos, después de Michoacán y Jalisco. La región cuenta con alrededor de 13 mil 500 hectáreas sembradas y una producción anual cercana a las 145 mil toneladas, lo que la ubica entre los tres principales productores del fruto en el país.
Sin embargo, después de cuatro años de trabajo, certificaciones y preparación sanitaria, los productores siguen a la espera de una autorización que depende exclusivamente del gobierno estadounidense.
Según Luis Eduardo Juárez, director general de la Asociación de Productores y Exportadores de Aguacate del Estado de México (APEAMEX), la zona de Temascaltepec ya cumple con los requisitos del plan bilateral de trabajo y su superficie de 1.880 hectáreas será propuesta para exportar. Las autoridades mexicanas, a través de SENASICA, ya validaron el cumplimiento del Plan de Trabajo Operativo Binacional, e incluso existen dos empaques listos para recibir la autorización del USDA/APHIS. En otras palabras, la parte mexicana ya terminó su tarea y ahora todo depende de una firma en Washington.
Lo interesante (y también lo más incierto) es que nadie del sector sabe con certeza por qué se ha tardado tanto la aprobación. Juárez sugiere que el retraso podría estar relacionado con otros temas prioritarios de la agenda bilateral, como negociaciones comerciales y asuntos ligados al T-MEC.
Esto revela algo importante sobre este tipo de procesos, ya que aunque la certificación técnica de un producto agrícola puede estar lista, su autorización final termina sujeta a la dinámica política y comercial más amplia entre los dos países.
El impacto de esta apertura, si finalmente llega, tendría un carácter muy particular. A diferencia de otros procesos de expansión agrícola que suelen beneficiar primero a grandes empresas, en este caso más del 90% de los productores de la zona poseen menos de cinco hectáreas, por lo que se trata de una actividad mayoritariamente familiar.
Y aunque la entrada al mercado estadounidense podría atraer capital e interesados de mayor escala, Juárez considera que la estructura productiva difícilmente cambiará, en buena medida porque existe un fuerte sentido de identidad y pertenencia en torno al aguacate mexiquense.
En términos de volumen, el Estado de México no busca competir con Michoacán, que se encuentra a poco menos de 280 kilómetros de distancia. Las proyecciones apuntan a que aportaría apenas entre 1.5% y 2% de lo que produce actualmente ese estado, por lo que el objetivo real es consolidarse como un origen adicional de suministro, no como un competidor directo. Hoy, 96% del aguacate producido en la entidad se vende en el mercado interno, mientras que Canadá recibe 3% y Japón 1%.
Otro elemento relevante es el cuidado ambiental que reivindica el sector, ya que se asegura que las nuevas plantaciones no invadan zonas forestales, verificando que los terrenos estén clasificados como agrícolas antes de autorizar cualquier huerta.
A esto se suma el registro de la marca “Aguacate Mexiquense”, con la que buscan fortalecer su identidad comercial y avanzar hacia un reconocimiento similar a una denominación de origen.
Mientras se resuelve el tema en Estados Unidos, los productores seguirán fortaleciendo la sanidad y calidad del cultivo, con la mirada puesta en el próximo periodo de certificaciones previsto para otoño.
Fuente: Portal Frutícola

