Arándanos frescos ahora compiten por calidad y no volumen

Arándanos frescos ahora compiten por calidad y no volumen

La industria mundial del arándano está viviendo un momento de quiebre. Durante años, el crecimiento se midió casi exclusivamente en toneladas y hectáreas nuevas, pero esa lógica está perdiendo fuerza. Así lo dejó ver el reciente webinar de lanzamiento del Informe Global del Arándano, elaborado por la International Blueberry Organization (IBO), que reunió cifras que muestran una producción en plena expansión, aunque con una advertencia clara sobre hacia dónde se dirige realmente el negocio.

Los números por sí solos son contundentes. La producción mundial se ha más que duplicado en la última década y hoy la superficie cultivada llega a cerca de 299,872 hectáreas, con una cosecha de 2.3 millones de toneladas. Las proyecciones apuntan a que ese volumen podría subir hasta 3.4 millones de toneladas en los próximos cuatro o cinco años.

Sin embargo, el mapa de quién produce ha cambiado por completo. Por primera vez, América reúne menos del 50% de la oferta mundial, mientras que la región Asia Pacífico, empujada sobre todo por China, ya concentra cerca de un tercio del total. China cuenta hoy con más del doble de la superficie plantada que Estados Unidos, con 99,957 hectáreas. En Europa, Marruecos superó a España en área cultivada, y en Latinoamérica, Perú sigue siendo el mayor exportador de fruta fresca, aunque el clima sigue complicando la estabilidad de sus cosechas.

Ese crecimiento acelerado trae consigo un desafío que va más allá de producir más. Como la fruta fresca ya representa el 75% de la producción mundial, tanto los supermercados como los consumidores finales exigen cada vez más consistencia. El calibre jumbo, la firmeza y los altos niveles de azúcar (medidos en grados Brix) se han convertido en los rasgos que realmente definen el precio.

Court Brazelton, editor jefe del informe de la IBO, lo resumió al decir que la fruta premium tiene un piso de precio que la sostiene, mientras que la fruta común enfrenta un precipicio. Es decir, ya no basta con cosechar volumen, porque la diferencia entre ganar dinero o perderlo pasa por la calidad entregada.

Esto genera un fenómeno curioso que Brazelton describió como escasez sin desabastecimiento. Aunque la oferta total sigue creciendo, el mercado se comporta como si estuviera corto de fruta, porque la demanda por productos de alta gama sube más rápido que la capacidad de entregarlos. Las variedades antiguas, menos competitivas, están siendo desviadas hacia la industria procesadora, que empieza a estabilizarse gracias a esa fruta que ya no cumple los estándares del mercado fresco.

De cara a los próximos años, el mensaje de la IBO es que el aumento de los costos de insumos y mano de obra está apretando los márgenes en todo el mundo, así que el éxito ya no dependerá de sembrar más, sino de renovar variedades a tiempo, ejecutar bien y segmentar la oferta según calidad. Brazelton fue enfático al señalar que lo que funcionó hasta ahora no será suficiente para lo que viene, y que la etapa fácil del negocio quedó atrás. Su conclusión resume el momento que atraviesa toda la cadena, ya que todos los actores del sector tendrán que subir su nivel de exigencia para mantenerse competitivos.

Fuentes: Portal Frutícola

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