Etiqueta: México

  • Sembrar maíz en Sinaloa ya costaría más de $60,000

    Sembrar maíz en Sinaloa ya costaría más de $60,000

    Los productores de maíz de Sinaloa se preparan para un nuevo ciclo con una presión adicional sobre sus cuentas. De acuerdo con la Organización Agropecuaria Sustentable para el Desarrollo de Sinaloa (Agrosin), producir una hectárea podría superar los 60,000 pesos, después de que el ciclo anterior ya cerrara con costos superiores a los 50,000 pesos.

    La advertencia parte de un posible aumento en varios insumos. Agrosin señala que las semillas podrían encarecerse entre 200 y 250 pesos por bolsa, aunque ese ajuste todavía no ha sido confirmado oficialmente. A esto se suma un incremento cercano al 10% en los costos de los insumos agrícolas en términos generales.

    El problema no está únicamente en cuánto cuesta producir una hectárea. También importa cuándo debe pagarse ese dinero. Semillas, fertilizantes y otros insumos se compran antes de cosechar y antes de saber qué rendimiento se obtendrá o a qué precio podrá venderse el grano. Eso significa que cada aumento eleva desde el inicio el capital que el productor necesita para sostener el mismo nivel de siembra.

    La diferencia puede ser importante. Si una hectárea pasa de costar más de 50,000 pesos a más de 60,000 pesos, el productor necesita al menos 10,000 pesos adicionales por hectárea respecto al nivel señalado para el ciclo anterior. Esa presión crece conforme aumenta la superficie sembrada y puede ser especialmente sensible para las unidades pequeñas y medianas, que tienen menos margen para absorber incrementos simultáneos.

    El amoníaco es otro foco de atención. Agrosin recordó que durante el año pasado su precio aumentó y advirtió que una menor disponibilidad en momentos de alta demanda suele trasladarse con rapidez a los precios que pagan los agricultores. Si semillas y fertilizantes suben al mismo tiempo, el costo total puede aumentar antes de que comience plenamente el ciclo productivo.

    Esto también modifica la escala del riesgo financiero. Mantener la misma superficie obliga a movilizar más recursos antes de generar ingresos, mientras reducirla puede limitar el volumen final de producción. La organización no asegura que ese ajuste vaya a ocurrir, pero sí advierte que una estructura de costos más pesada influye directamente en las decisiones de siembra.

    Por eso, la discusión también se mueve hacia la vigilancia de precios y el respaldo a la comercialización. Agrosin pidió que las autoridades observen la formación de precios de los insumos y eviten aumentos que considere desproporcionados. Además, plantea que exista una partida federal para apoyar la comercialización del maíz y reducir la presión sobre los productores.

    Ese segundo punto es relevante porque un mayor costo de producción no garantiza un mayor ingreso. El productor puede invertir más y aun así enfrentar un precio de venta insuficiente para recuperar ese desembolso. El riesgo, por tanto, no está solamente en producir más caro, sino en hacerlo con márgenes cada vez más estrechos.

    Sinaloa tiene al maíz entre sus cultivos agrícolas centrales. Por eso, si los costos continúan subiendo, el efecto puede reflejarse en decisiones sobre superficie sembrada, financiamiento y capacidad de sostener el siguiente ciclo. Por ahora, la cifra de más de 60,000 pesos por hectárea es una estimación. Las próximas semanas mostrarán si el comportamiento de semillas, fertilizantes y amoníaco confirma ese nuevo nivel de costos.

    Fuentes: AgroLatam

  • Exportar aguacate exigirá acreditar derechos laborales

    Exportar aguacate exigirá acreditar derechos laborales

    El aguacate mexicano entra a una nueva etapa de control laboral. La Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) incorporó este producto al Certificado Laboral para la Agroexportación, un mecanismo que permitirá revisar si quienes participan en la cadena cumplen con obligaciones laborales y de seguridad social.

    La medida llega en un momento de fuerte dinamismo comercial. Entre enero y abril de 2026, México exportó 501,824 toneladas de aguacate, frente a 370,551 toneladas en el mismo periodo de 2025. La STPS destacó que las exportaciones hacia Estados Unidos crecieron 35% durante ese lapso, pero menciona que el valor económico generado por el aguacate no siempre se refleja en salarios dignos ni en acceso a seguridad social para quienes trabajan en el campo.

    El nuevo certificado busca introducir una verificación laboral dentro de una cadena que tradicionalmente se ha evaluado por aspectos productivos, sanitarios y comerciales. Esto cambia el alcance de lo que significa cumplir para exportar. La revisión no se limitará a la empresa que coloca el producto en el mercado internacional. También abarcará a productores, huertos y otros participantes de la cadena de valor.

    Ese punto es relevante porque el aguacate pasa a tratarse como una cadena completa y no solo como un producto que cruza la frontera. La STPS sostiene que los beneficios del comercio internacional se generan desde el pequeño productor hasta las empacadoras y comercializadoras. Bajo esa lógica, la responsabilidad laboral también debe poder rastrearse a lo largo del proceso.

    La implementación comenzará con un programa piloto y será progresiva. Desde el 15 hasta el 30 de septiembre de 2026, los solicitantes deberán registrarse en la plataforma VELAGRO y entregar información estadística de sus operaciones durante los últimos 12 meses. Después, entre el 1 de octubre y el 7 de noviembre, deberán incorporar información de productores, huertos y demás participantes vinculados con su cadena.

    Con esos datos, la autoridad podrá verificar el cumplimiento de obligaciones laborales y de seguridad social antes de emitir el certificado correspondiente. El programa piloto también servirá para ajustar los componentes operativos y de verificación antes de que el esquema pase a un régimen permanente.

    La implicación más clara es que la competitividad exportadora del aguacate comienza a relacionarse de forma más visible con las condiciones laborales bajo las cuales se produce. Para las empresas, el certificado añade una capa de trazabilidad que ya no se concentra únicamente en el origen y movimiento del producto, sino también en el cumplimiento de quienes participan en su producción.

    La STPS considera que este mecanismo puede dar mayor certeza a las empresas y responder a exigencias internacionales relacionadas con trabajo digno y derechos humanos. El alcance real dependerá de cómo funcione el piloto y de los ajustes que se hagan después. Por ahora, el mensaje regulatorio es claro. El crecimiento del aguacate mexicano en los mercados internacionales estará acompañado por una revisión más estructurada de las condiciones laborales dentro de su cadena de valor.

    Esto incorpora una nueva variable al acceso exportador.

    Fuente: La Jornada

  • El presupuesto agrícola crecería 13.4% en México para 2027

    El presupuesto agrícola crecería 13.4% en México para 2027

    El presupuesto federal destinado a agricultura y desarrollo rural podría registrar uno de sus mayores aumentos recientes en 2027. El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación contempla 88,758 millones de pesos para el sector, frente a los 75,836 millones aprobados para 2026.

    La diferencia es de 12,922 millones de pesos. En términos nominales representa un crecimiento de 17%, pero al descontar el efecto de la inflación el incremento sería de 13.4%. Este último dato permite dimensionar mejor el cambio, porque muestra cuánto aumentaría realmente la capacidad de gasto del sector.

    El crecimiento propuesto destaca dentro del presupuesto federal. Entre los ramos administrativos, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural tendría el segundo mayor incremento real para 2027. Solo la Secretaría de Marina tendría un aumento superior, con 19.4%.

    Sin embargo, el incremento no significa que todos los organismos vinculados con el campo vayan a disponer de más recursos en la misma proporción.

    El proyecto plantea diferencias importantes entre instituciones. Entre las que recibirían mayores aumentos aparece el Colegio de Postgraduados (COLPOS), dedicado a investigación y vinculación en ciencias agrícolas, pecuarias, forestales y agroalimentarias. Sus recursos pasarían de 2.2 millones de pesos ejercidos durante 2026 a 6.2 millones en 2027, lo que representa un incremento nominal de 181%.

    También aumentarían los recursos del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), que pasaría de 7.2 a 10.6 millones de pesos, con un crecimiento de 45%. La Comisión Nacional de Zonas Áridas (CONAZA) subiría de 4.3 a 5.8 millones, equivalente a 34%, mientras el Fideicomiso de Riesgo Compartido avanzaría de 8.7 a 10.9 millones, un aumento de 24.8%.

    La distribución también incluye reducciones. El Instituto Nacional para el Desarrollo de Capacidades del Sector Rural tendría una disminución nominal de 0.36%, al pasar de 2,094 a 2,086 millones de pesos.

    Además, existen instituciones cuyos presupuestos aumentarían ligeramente en pesos, pero perderían capacidad de gasto una vez considerada la inflación. Ese sería el caso de la Universidad Autónoma Chapingo, con una disminución real de 0.25%, y del Colegio Superior Agropecuario del Estado de Guerrero, con una baja real de 0.48%.

    Por eso, la cifra de 88,758 millones de pesos debe leerse en dos niveles. El primero muestra una expansión relevante del gasto federal destinado al sector agrícola. El segundo revela que el aumento no se distribuiría de manera uniforme y que las prioridades presupuestarias cambiarían entre instituciones.

    También es importante considerar que estas cifras todavía forman parte del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2027. El documento fue enviado por el Ejecutivo a la Cámara de Diputados, por lo que los montos aún pueden modificarse durante la discusión y aprobación del presupuesto.

    Si se mantiene la propuesta, el sector agrícola comenzaría 2027 con una capacidad de gasto federal claramente superior a la de 2026. El tamaño del incremento es relevante, pero su efecto dependerá finalmente de dónde se concentren esos recursos y de los programas e instituciones que terminen recibiéndolos.

    Fuentes: La Jornada

  • México acelera sus compras de maíz en Estados Unidos

    México acelera sus compras de maíz en Estados Unidos

    México volvió al mercado estadounidense de maíz con una compra de 264,000 toneladas para la campaña 2026/27. El volumen fue reportado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y supera con amplitud el umbral de 100,000 toneladas que obliga a informar este tipo de operaciones de gran tamaño.

    La compra importa menos por su tamaño aislado que por el momento en que ocurre. México está asegurando grano con anticipación para una campaña que apenas comienza a tomar forma, mientras el USDA proyecta que las importaciones mexicanas podrían alcanzar alrededor de 27 millones de toneladas. El movimiento apunta a una necesidad estructural de abastecimiento externo y no a una operación ocasional.

    El principal motor señalado es la demanda del sector pecuario y de alimentación animal. El maíz es un insumo central para producir alimento balanceado, por lo que una mayor necesidad de grano en ese segmento obliga a asegurar disponibilidad con suficiente anticipación. Para los compradores, esperar hasta que la demanda sea inmediata puede significar enfrentar menos opciones de suministro o condiciones comerciales menos favorables.

    La operación del 11 de septiembre también se suma a una serie de compras reportadas durante los últimos meses. El 18 de junio se informó una venta de 285,775 toneladas para 2026/27. El 5 de agosto aparecieron otras 120,000 toneladas repartidas entre 2026/27 y 2027/28. Dos días después se anunciaron 286,097 toneladas adicionales, con la mayor parte destinada a 2027/28.

    Esa secuencia muestra algo importante. Los compradores mexicanos no solo están cubriendo necesidades de corto plazo. También están tomando posiciones para campañas futuras. Esto reduce parte de la incertidumbre sobre el suministro y, al mismo tiempo, confirma que Estados Unidos mantiene un papel central como proveedor del mercado mexicano.

    El sistema de reporte diario ayuda a entender por qué estas operaciones reciben tanta atención. Cuando una venta de maíz a un mismo destino alcanza 100,000 toneladas en un solo día, los exportadores deben reportarla. Por eso, cada anuncio ofrece una señal rápida sobre la actividad de los grandes compradores internacionales.

    Para el mercado estadounidense, estas compras también tienen peso. Los grandes compromisos de exportación ayudan a medir la fortaleza de la demanda externa y pueden influir en la percepción sobre cuánto maíz encontrará salida fuera del país. México, por su volumen de compra, aparece así como una referencia importante para seguir el ritmo comercial de la nueva campaña.

    La lectura para México es distinta. Un mayor volumen importado permite atender una demanda interna que no se cubre por completo con producción nacional, pero también amplía la exposición del país a las condiciones del mercado internacional. Disponibilidad, precios, logística y ritmo de exportación en Estados Unidos pasan a tener mayor relevancia para quienes dependen del grano como insumo.

    La nueva compra de 264,000 toneladas no cambia por sí sola el panorama del maíz mexicano. Lo que sí hace es reforzar una tendencia que ya venía tomando forma. México está asegurando grano estadounidense con más anticipación y para campañas cada vez más lejanas. Si las importaciones se acercan a los niveles proyectados por el USDA, el vínculo comercial entre ambos mercados seguirá siendo decisivo para el abastecimiento mexicano.

    Fuentes: AgroLatam

  • Primavera-Verano rebasa la mitad del área cosechada

    Primavera-Verano rebasa la mitad del área cosechada

    La superficie agrícola cosechada en México casi no cambió entre 2024 y 2025, pero dentro de ese total sí ocurrió un movimiento relevante. El ciclo Primavera-Verano pasó de representar 49.4% del área cosechada nacional a 50.4%. En otras palabras, dentro de esta comparación de dos años, dejó de estar por debajo de la mitad y se convirtió en el ciclo con mayor peso territorial.

    El cambio no se explica por una expansión general de la agricultura. La superficie cosechada del país bajó apenas 0.4%, al pasar de 19.19 millones de hectáreas en 2024 a 19.12 millones en 2025. Lo que cambió fue la distribución entre ciclos. Primavera-Verano aumentó 1.7%, desde 9.48 millones hasta 9.64 millones de hectáreas cosechadas. Al mismo tiempo, Otoño-Invierno retrocedió 7.3%, desde 3.21 millones hasta 2.97 millones.

    Esa diferencia equivale a un movimiento importante dentro de una superficie nacional prácticamente estable. Primavera-Verano sumó cerca de 157,212 hectáreas cosechadas, mientras Otoño-Invierno perdió alrededor de 232,840. Los cultivos perennes se mantuvieron casi sin cambio, con un incremento de apenas 0.1%. Por eso, el avance relativo de Primavera-Verano no surge de un crecimiento uniforme, sino de trayectorias muy distintas entre los principales ciclos agrícolas.

    Hay otro dato que ayuda a entender lo ocurrido. En Primavera-Verano, la superficie sembrada se mantuvo prácticamente igual, con una disminución de 0.1%, pero la superficie cosechada sí creció 1.7%. Esto significa que una proporción mayor de las hectáreas sembradas llegó a cosecha. En 2024 se cosechó cerca de 96.9% de la superficie sembrada en ese ciclo. En 2025 la proporción subió a 98.5%.

    La modalidad también muestra dónde se concentró el cambio. Primavera-Verano depende principalmente del temporal. En 2024, 82.4% de su superficie cosechada correspondió a esta modalidad. En 2025 aumentó a 83.8%. Las hectáreas de temporal cosechadas en Primavera-Verano crecieron alrededor de 3.4%, mientras las de riego disminuyeron cerca de 6.5%. El mayor peso del ciclo, por tanto, estuvo acompañado por una mayor participación relativa de superficies dependientes de las lluvias.

    Otoño-Invierno siguió una trayectoria diferente. Su superficie sembrada cayó 7.9% y la cosechada 7.3%. La reducción apareció tanto en riego como en temporal, aunque fue más marcada en riego. Así, el ciclo perdió presencia dentro del mapa agrícola nacional sin que otro ciclo necesitara expandir de forma equivalente la superficie total del país.

    Los datos permiten identificar el cambio, pero no atribuirlo a una sola causa. Los datos del cierre agrícola registran superficie, producción, rendimiento, precio y valor, pero no explica decisiones de siembra ni condiciones meteorológicas específicas. Por eso, el dato central no es que haya ocurrido una sustitución directa entre ciclos, sino que el peso territorial de cada uno cambió de manera clara entre 2024 y 2025.

    La principal lectura es que la estabilidad nacional puede ocultar cambios relevantes en la estructura productiva. México cosechó casi la misma cantidad de hectáreas en ambos años, pero no bajo la misma distribución temporal. Primavera-Verano ganó espacio y otoño invierno lo perdió. Ese cambio importa porque modifica cuándo se concentra una mayor parte de la superficie cosechada y aumenta el peso de un ciclo fuertemente ligado al temporal.

    Fuente: DGSIAP

  • El riego genera 60% del valor con solo 27% del área

    El riego genera 60% del valor con solo 27% del área

    En 2025, el temporal cubrió casi tres de cada cuatro hectáreas sembradas en México. Su peso en el campo fue enorme. Aun así, no tuvo el mismo peso en el valor generado. El temporal reunió 72.9% del área sembrada, pero aportó 40.1% del valor agrícola. El riego hizo lo contrario. Con 27.1% del área, generó 59.9% del valor.

    La brecha se ve mejor en el área cosechada. Cada hectárea bajo riego generó en promedio 94,213 pesos. En temporal, el promedio fue de 23,322 pesos. Es una relación de poco más de cuatro a uno.

    Ese dato requiere una lectura cuidadosa. No quiere decir que toda hectárea con riego valga cuatro veces más. Tampoco compara el mismo cultivo bajo dos formas de manejo. El promedio reúne productos muy distintos. Por eso mezcla cambios en rendimiento, precio y tipo de cultivo.

    El temporal se apoya en grandes áreas de granos y forrajes. Maíz grano, pastos y praderas, frijol y sorgo grano sumaron cerca de 10 millones de hectáreas cosechadas. Eso equivale a más de 71% del área cosechada de temporal. Su valor por hectárea fue mucho menor que el promedio del riego.

    El riego también tiene granos y forrajes. Sin embargo, su mezcla incluye cultivos de alto valor en áreas más pequeñas. Ahí está una parte clave de la brecha. Chile verde, tomate rojo, aguacate, papa, uva y espárrago ocuparon solo 7.7% del área cosechada bajo riego. Pero juntos aportaron 27.9% del valor de esa modalidad.

    El contraste es claro. El tomate rojo bajo riego generó 747,326 pesos por hectárea cosechada. El espárrago alcanzó 407,819 pesos. La uva llegó a 373,912 pesos. La papa registró 305,246 pesos. El chile verde sumó 285,962 pesos. El aguacate alcanzó 255,634 pesos. Son áreas pequeñas frente a los grandes cultivos de temporal, pero pesan mucho más en valor.

    Los ciclos también muestran esa diferencia. En temporal, Primavera-Verano reunió 8.1 millones de hectáreas cosechadas. Su valor medio fue de 15,529 pesos por hectárea. En riego, los cultivos perennes llegaron a 121,607 pesos por hectárea. Primavera-Verano alcanzó 81,468 pesos. Otoño-Invierno llegó a 74,547 pesos.

    El patrón no nació en 2025. En 2024, el riego tuvo 27.5% del área sembrada y 60.9% del valor. El temporal tuvo 72.5% del área y 39.1% del valor. Un año después, la relación fue casi la misma.

    La diferencia no depende solo del tamaño del área. La señal de fondo es simple. Contar hectáreas no basta para medir el peso económico del campo. El temporal domina el área sembrada del país. El riego concentra menos tierra, pero una mezcla con mayor valor por hectárea. Por eso genera casi 60% del valor agrícola con poco más de una cuarta parte del área.

    Fuente: DGSIAP

  • Chihuahua tomó el liderato de sandía gracias a Julimes

    Chihuahua tomó el liderato de sandía gracias a Julimes

    El liderazgo nacional de la sandía cambió de manos en 2025. Chihuahua produjo 288,396.82 toneladas, un aumento de 27.8% frente a las 225,741 toneladas de 2024. Con ese avance superó a Sonora, que pasó de 304,443.45 a 227,829.35 toneladas y registró una caída de 25.2%.

    El cambio no se explica por un crecimiento general de la producción mexicana. La cosecha nacional bajó 1.4%, de 1.27 millones a 1.25 millones de toneladas. Lo que ocurrió fue una redistribución del peso entre los principales estados. Chihuahua elevó su participación de 17.8% a 23.0%, mientras Sonora redujo la suya de 24.0% a 18.2%.

    Dentro de Chihuahua hay un municipio que modifica por completo la lectura del resultado. Julimes produjo apenas 1,880 toneladas en 2024, pero un año después alcanzó 88,900 toneladas. Su superficie sembrada pasó de 47 a 1,380 hectáreas. Es decir, el municipio multiplicó casi 30 veces el área destinada al cultivo y convirtió a la sandía en una actividad de una escala muy distinta a la del año previo.

    El efecto sobre el estado fue decisivo. Julimes añadió cerca de 87,020 toneladas entre ambos años, mientras que toda la producción de Chihuahua aumentó alrededor de 62,656 toneladas. La diferencia indica que el avance de Julimes fue mayor que el crecimiento estatal completo. En conjunto, los demás municipios de Chihuahua produjeron unas 24,364 toneladas menos que en 2024.

    Visto de otra manera, si se excluye Julimes, la producción estatal habría pasado de 223,861 a 199,497 toneladas, lo que representa una caída cercana a 10.9%. Por eso, el ascenso de Chihuahua al primer lugar nacional no fue resultado de un crecimiento uniforme en todo el territorio. Estuvo concentrado en una expansión extraordinaria de Julimes que compensó el retroceso agregado del resto.

    La superficie sembrada de Chihuahua, además, aumentó solo 3.8%, de 5,640 a 5,856.5 hectáreas. Como la producción creció mucho más, el rendimiento agregado pasó de cerca de 40.0 a 49.2 toneladas por hectárea. El cambio muestra que el resultado estatal combinó una ligera expansión de superficie con una producción mucho mayor por hectárea.

    También cambió el peso interno del municipio. En 2024 Julimes aportaba menos de 1% de la sandía producida en Chihuahua. Para 2025 concentró 30.8%. En solo un año pasó de ser un participante menor a generar casi una de cada tres toneladas cosechadas en el estado.

    El valor económico acompañó ese movimiento. La sandía de Chihuahua pasó de 963.3 millones a 1,512.3 millones de pesos, un incremento de 57.0%. Este avance fue mucho mayor que el crecimiento del volumen, lo que muestra que el aumento productivo estuvo acompañado por un mayor valor promedio por tonelada en el conjunto estatal.

    Sonora siguió siendo un productor de gran escala, pero su retroceso abrió el espacio para el cambio de liderazgo. Su producción cayó 25.2% y la superficie sembrada disminuyó 17.5%, de 5,725 a 4,722 hectáreas. Aun así, el valor total solo bajó 4.2%, de 1,668.5 a 1,598.9 millones de pesos.

    La nueva posición de Chihuahua, por tanto, tiene una característica muy concreta. El liderazgo nacional de 2025 depende en buena medida de un salto productivo localizado. Julimes no solo creció con rapidez. Su expansión fue suficientemente grande para cambiar el resultado estatal y, con ello, alterar la posición de los dos mayores productores de sandía del país.

    Fuente: DGSIAP

  • El arándano cambia de líderes entre estados productores

    El arándano cambia de líderes entre estados productores

    El mercado mexicano de arándano cambió de forma clara entre 2024 y 2025. No porque un solo estado haya disparado su producción, sino porque volumen y precio se movieron en direcciones muy distintas entre las principales zonas productoras.

    En 2024, Baja California era el estado con mayor valor de producción. Sus 5,795 toneladas generaron 1,522 millones de pesos. Un año después produjo 4,924 toneladas y su valor cayó a 846 millones. Eso representa una baja de 15.0% en volumen y de 44.4% en valor.

    La diferencia se explica también por el precio. El valor promedio por tonelada en Baja California pasó de unos 262,687 pesos a 171,836 pesos, una reducción de 34.6%. Además, la superficie cosechada creció de 308 a 338 hectáreas. Es decir, hubo más área cosechada, pero menos fruta. El rendimiento calculado cayó de 18.8 a 14.6 toneladas por hectárea, una disminución de 22.6%.

    Este contraste ayuda a entender por qué Baja California perdió tanto peso económico. En 2024 aportaba solo 7.2% del volumen nacional, pero concentraba 30.7% del valor. Esa diferencia reflejaba un precio promedio muy superior al del resto de los grandes productores. En 2025 su participación bajó a 5.7% del volumen y 17.3% del valor. La caída, por tanto, no fue solo productiva. También se redujo la ventaja de precio que sostenía su posición.

    Ese cambio abrió espacio para Jalisco. El estado ya era el mayor productor en 2024, con 28,565 toneladas, pero ocupaba el segundo lugar por valor. En 2025 elevó su cosecha a 32,371 toneladas, un avance de 13.3%, mientras la superficie cosechada se mantuvo casi sin cambio.

    Ese dato es relevante porque el crecimiento no vino de ampliar el área. El rendimiento pasó de 13.8 a 15.6 toneladas por hectárea. Aunque el precio promedio por tonelada bajó 3.6%, el mayor volumen permitió que el valor estatal creciera 9.3%, hasta 1,472 millones de pesos. Con ello, Jalisco pasó a encabezar el valor del arándano nacional.

    Sinaloa siguió una ruta diferente. Su producción cayó 6.9%, de 26,287 a 24,478 toneladas. Sin embargo, el precio promedio subió de 22,000 a 36,769 pesos por tonelada, un aumento de 67.1%. Ese salto compensó con amplitud la menor cosecha y llevó el valor de producción de 578 a 900 millones de pesos, un crecimiento de 55.6%.

    El efecto conjunto fue una redistribución del peso económico entre estados. Baja California pasó del primer al cuarto lugar por valor. Jalisco tomó el primero. Michoacán quedó segundo y Sinaloa avanzó al tercero. Sinaloa incluso redujo su participación en el volumen nacional, de 32.6% a 28.4%, pero elevó su participación en el valor de 11.7% a 18.4%.

    A nivel nacional, la producción de arándano aumentó 7.1%, de 80,537 a 86,284 toneladas. Sin embargo, el valor total bajó 1.5%, de 4,958 a 4,884 millones de pesos. El precio promedio nacional descendió cerca de 8.1%.

    Por eso, el cambio de liderazgo no se entiende solo mirando toneladas. En 2025, producir más ayudó a Jalisco, pero el precio fue decisivo para Sinaloa y castigó con fuerza a Baja California. El mapa económico del arándano cambió porque cada estado combinó de forma distinta productividad, volumen y precio.

    Fuente: DGSIAP

  • El mapa de la cebada cambia con Guanajuato al frente

    El mapa de la cebada cambia con Guanajuato al frente

    La producción de cebada en México cambió de líder en 2025. Guanajuato alcanzó 246,483 toneladas y desplazó a Hidalgo, que cerró con 204,567 toneladas. Un año antes la posición era inversa. Hidalgo encabezaba el cultivo con 195,413 toneladas, mientras Guanajuato registraba 137,113. La diferencia está en la velocidad del crecimiento. La producción guanajuatense aumentó 79.8%, frente a un avance de 4.7% en Hidalgo.

    El salto de Guanajuato no respondió a un solo factor. La superficie sembrada y cosechada pasó de 29,588 a 39,812 hectáreas, un aumento de 34.6%. Al mismo tiempo, el rendimiento promedio subió de 4.63 a 6.19 toneladas por hectárea, lo que representa un crecimiento de 33.6%. La combinación de más hectáreas productivas y una mayor cantidad obtenida por hectárea explica por qué el volumen final avanzó mucho más que la superficie.

    Con ese resultado, Guanajuato pasó de aportar 16.6% de la cebada nacional en 2024 a 27.4% en 2025. Hidalgo redujo ligeramente su participación, de 23.6% a 22.8%, a pesar de producir más. Esto muestra que perder el liderazgo no implicó una contracción productiva en Hidalgo. Su cosecha creció, pero lo hizo muy por debajo del ritmo registrado en Guanajuato y del avance de otros estados.

    Tlaxcala es el otro movimiento relevante. Su producción aumentó 33.3% y llegó a 171,763 toneladas. Lo hizo incluso con una superficie cosechada 8.4% menor, porque su rendimiento promedio creció 45.5%, de 2.47 a 3.59 toneladas por hectárea. Con ello superó a Puebla y pasó a ocupar el tercer lugar nacional. El crecimiento de Guanajuato y Tlaxcala concentró una parte importante del cambio observado en la estructura productiva del cultivo. Puebla también perdió terreno relativo. Su producción bajó 15.6%, de 133,353 a 112,494 toneladas, aunque la superficie cosechada prácticamente no cambió. En este caso, el ajuste se explica por un rendimiento 15.9% menor, que redujo su participación nacional y facilitó el ascenso de Tlaxcala.

    En el extremo contrario aparece Chihuahua. Su producción cayó 66.8%, de 67,799 a 22,528 toneladas. La superficie cosechada disminuyó 56.1% y el rendimiento promedio retrocedió 24.4%. La reducción simultánea de ambas variables explica la magnitud de la caída y llevó al estado del quinto al sexto lugar entre los principales productores.

    El resultado nacional ayuda a dimensionar estos movimientos. México produjo 899,128 toneladas de cebada en 2025, 8.7% más que las 827,491 toneladas de 2024. Sin embargo, la superficie cosechada bajó 2.6%. El rendimiento nacional pasó de 2.75 a 3.07 toneladas por hectárea, un aumento de 11.6%. Por tanto, el crecimiento del cultivo provino de una mayor productividad promedio y no de una expansión general de la superficie.

    También cambió el valor económico. La cebada generó 5,282.5 millones de pesos en 2025, 5.0% más que el año anterior, un avance menor al del volumen producido. En Guanajuato el valor creció 67.9% hasta 1,459.8 millones de pesos. Hidalgo, en cambio, produjo más toneladas pero su valor cayó 12.4%. Los datos muestran así una redistribución que no solo alteró el liderazgo territorial, sino también la participación de cada estado dentro del valor y el volumen nacional.

    Fuente: DGSIAP

  • Mapimí impulsa a Durango a la cima nacional del melón

    Mapimí impulsa a Durango a la cima nacional del melón

    El mapa mexicano del melón cambió de forma radical en 2025. Durango produjo 174,980 toneladas, un aumento de 170.8% frente a las 64,604.6 toneladas de 2024. Con ese avance superó a Michoacán, que bajó de 138,078 a 131,081 toneladas. Así, Durango pasó de aportar 11.2% del volumen nacional a concentrar 29.1%.

    El dato cobra más importancia al observar el mercado completo. La producción mexicana solo creció 3.9%, al pasar de 579,007 a 601,438 toneladas. Esto significa que el ascenso de Durango no fue parte de una expansión uniforme. Mientras ese estado añadió 110,375 toneladas, otros productores importantes retrocedieron. Coahuila perdió 51.4% de su cosecha y quedó en 53,346 toneladas. Sonora disminuyó 40.0% y Michoacán bajó 5.1%.

    De hecho, el avance duranguense cambió el resultado nacional. Si se excluye a Durango, la producción conjunta de las demás entidades habría caído 17.1%, de 514,402 a 426,458 toneladas. Guerrero creció 9.5%, hasta 111,680 toneladas, pero ese aumento no compensó las reducciones observadas en Coahuila, Sonora y Michoacán. La estabilidad del total nacional ocultó, por ello, movimientos muy amplios entre las principales zonas productoras.

    La clave estadística del cambio está en la superficie. Durango amplió el área sembrada de 1,669 a 4,322 hectáreas, un incremento de 158.9%. Su rendimiento también mejoró, pero de manera mucho más moderada, al pasar de 38.71 a 40.49 toneladas por hectárea. Por tanto, el salto productivo se explica ante todo por el fuerte aumento del terreno cultivado y, en menor medida, por una mayor producción en cada hectárea.

    Mapimí fue el centro de esa transformación. El municipio elevó su producción de 53,505 a 168,090 toneladas, lo que equivale a un crecimiento de 214.2%. Al mismo tiempo, la superficie sembrada avanzó de 1,358 a 4,110 hectáreas. Su rendimiento pasó de 39.40 a 40.90 toneladas por hectárea. De nuevo, el factor decisivo fue la escala sembrada y no un cambio extraordinario en la productividad.

    La concentración es notable. Mapimí generó 96.1% del melón cosechado en Durango durante 2025 y cerca de 28.0% de toda la producción mexicana. Por sí solo produjo más que Michoacán completo, que quedó como segundo estado del país. Esto convierte el liderazgo duranguense en una historia estrechamente ligada al desempeño de un solo municipio. También hace que cualquier variación futura en esa zona tenga mayor peso sobre el balance nacional del cultivo.

    El valor económico también avanzó, aunque menos que el volumen. La cosecha de Durango pasó de 320 a 828 millones de pesos, un crecimiento de 158.6%. La diferencia se entiende porque el precio promedio calculado con el valor y la producción bajó de cerca de 4,959 a 4,734 pesos por tonelada. Hubo mucho más melón, pero cada tonelada tuvo un valor medio menor.

    En el conjunto nacional ocurrió algo similar. El volumen aumentó 3.9%, mientras el valor total descendió 1.6%, de 3,951 a 3,889 millones de pesos. El nuevo liderazgo de Durango describe, entonces, una redistribución profunda de la producción más que un auge general del cultivo. También revela una mayor concentración territorial, pues casi tres de cada diez toneladas mexicanas salieron de Mapimí.

    Fuente: DGSIAP