Todo parece indicar que las negociaciones entre México y Estados Unidos rindieron fruto. Las inspecciones de aguacate en Michoacán comenzaron a reanudarse después de una interrupción relacionada con la seguridad del personal estadounidense encargado de verificar la fruta antes de su exportación.
La pausa encendió alertas porque Michoacán es el principal origen del aguacate mexicano que llega a Estados Unidos. Sin inspecciones, la fruta puede estar cosechada, empacada y lista para viajar, pero no puede avanzar normalmente hacia su principal mercado.
La solución implicó reforzar la seguridad alrededor de esta industria. El Gobierno de México desplegó alrededor de 1,500 elementos adicionales del Ejército y la Guardia Nacional para proteger empacadoras, vigilar rutas de traslado y resguardar los puntos donde trabaja el personal de inspección.
El operativo se coordina desde un centro de inteligencia en Uruapan. Estos elementos se suman a los cerca de 8,000 efectivos que ya mantenían presencia permanente en Michoacán. En otras palabras, recuperar el flujo comercial no dependió solamente de un acuerdo administrativo. México tuvo que ofrecer condiciones de seguridad suficientes para que las inspecciones pudieran continuar.
El acuerdo permitió reactivar parcialmente las revisiones en zonas como Tancítaro, Tacámbaro, Uruapan y el corredor entre Morelia y Pátzcuaro. También permitió liberar más de 1,000 toneladas de aguacate que ya estaban destinadas a exportación.
La rapidez de la respuesta evitó un problema mayor.
Eso sí, el mercado estadounidense todavía tenía inventarios suficientes para absorber una interrupción corta. La estimación de participantes del sector era que una suspensión superior a siete o diez días podría comenzar a reducir la disponibilidad y presionar los precios.
Además, Jalisco continuó exportando porque cuenta con autorización para enviar aguacate a Estados Unidos desde 2022. Eso ayudó a mantener parte del suministro mientras Michoacán enfrentaba la suspensión.
El fondo del asunto es el tamaño de lo que estaba en riesgo. México produce cerca de 1.5 millones de toneladas de aguacate al año y sus exportaciones tienen un peso dominante dentro del mercado estadounidense. Esa posición convierte cualquier interrupción en Michoacán en un problema que puede trasladarse rápidamente a empacadores, transportistas, importadores, distribuidores y compradores.
También explica la magnitud de la respuesta federal. Lo que se está protegiendo no es solamente una cadena agrícola. Se está protegiendo el acceso de uno de los productos mexicanos más importantes a su principal mercado de exportación.
El episodio también deja claro que el riesgo comercial del aguacate ya no puede analizarse únicamente desde la producción, los precios o la demanda. La seguridad se ha convertido en una variable operativa. Si las condiciones impiden trabajar a los inspectores, el comercio puede detenerse aunque exista fruta disponible y compradores dispuestos a recibirla.
Por ahora, la interrupción fue suficientemente corta para evitar un choque visible de oferta. El aguacate mexicano vuelve a cruzar hacia Estados Unidos, pero lo hace bajo un esquema de vigilancia reforzada. El comercio se reactivó y, al mismo tiempo, quedó expuesto el costo operativo de mantener abierta una de las rutas agrícolas más importantes entre ambos países.
Fuentes: FreshPlaza y FreshPlaza

