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  • Más agua en Sinaloa reactiva el debate maíz-frijol

    Más agua en Sinaloa reactiva el debate maíz-frijol

    Las presas de Sinaloa llegaron a agosto con un panorama que hace un año parecía lejano. Los embalses acumulan cerca de 5,600 millones de metros cúbicos, un volumen que más que duplica los 2,241.7 millones registrados en la misma fecha del año anterior. Ese cambio no es un detalle menor, porque en un estado donde el riego define qué se puede sembrar y dónde, tener más agua disponible abre opciones que antes estaban cerradas.

    El contexto en el que llega esta recuperación importa tanto como el dato mismo. El maíz, cultivo histórico de la región, viene arrastrando precios bajos y dudas sobre su rentabilidad. Esa combinación empuja a los productores a hacer números distintos para el ciclo otoño-invierno 2026-2027, y ahí es donde el frijol empieza a sonar como alternativa. Sin embargo, ningún análisis disponible hasta ahora asegura que esto se traduzca en un aumento real de hectáreas sembradas con la leguminosa. El agua es una condición necesaria, pero no suficiente.

    Conviene detenerse en algo que suele perderse quando se habla de porcentajes promedio. El 35% de almacenamiento general de las presas sinaloenses esconde diferencias enormes entre un embalse y otro. Mientras las presas Aurelio Benassini y Eustaquio Buelna superan el 70% de su capacidad, la Miguel Hidalgo apenas llega al 19% y la Josefa Ortiz de Domínguez ronda el 14%. Estas dos últimas son clave para el norte de Sinaloa, así que la mejora general del sistema no significa que todos los productores tengan el mismo margen para decidir qué sembrar. Algunos podrán planificar con holgura, otros seguirán limitados por la disponibilidad local de agua.

    El otro factor que puede inclinar la balanza son las lluvias de agosto y septiembre. El Consejo Mexicano del Frijol identifica una franja de actividad de precipitaciones que va desde Sonora y Sinaloa hasta Nayarit, Jalisco y Michoacán, vinculada a la Sierra Madre Occidental y al Pacífico centro. Si esas lluvias siguen alimentando las cuencas, los embalses podrían llegar al momento de programar el ciclo agrícola en una posición todavía mejor que la actual, lo cual ampliaría el margen para decidir cuánta superficie sembrar y con qué cultivo.

    Aun así, el agua por sí sola no convierte al frijol en la opción más rentable. Los productores también deben considerar los precios esperados al momento de cosechar, los costos de implantación, la disponibilidad de semillas y las posibilidades reales de venta. Si el maíz sigue ofreciendo márgenes estrechos y el frijol mantiene mejores perspectivas comerciales, es probable que parte de la superficie cambie de cultivo. Pero si la relación de precios se mueve en sentido contrario, el escenario puede revertirse con la misma rapidez con la que se armó.

    Lo que está en juego es que Sinaloa es una pieza central de la producción agrícola mexicana, así que cualquier cambio importante en su patrón de siembra puede sentirse más allá de las propias parcelas. Más hectáreas de frijol podrían mover la oferta nacional de ese grano, mientras que una reducción del maíz tendría efectos sobre uno de los cultivos más relevantes del estado.

    Por ahora, lo concreto es que los productores sinaloenses tienen un margen de decisión bastante más amplio que el que tenían hace un año. Las próximas semanas de lluvia dirán cuánta agua termina llegando realmente a los campos, y los precios de mercado decidirán después si ese margen se convierte, efectivamente, en más hectáreas de frijol.

    Fuente: Agrolatam

  • Gobierno mexicano impulsa crédito para el jitomate

    Gobierno mexicano impulsa crédito para el jitomate

    Entre el 3 de junio y el 14 de agosto de este año, el gobierno de México canalizó más de 248 millones de pesos hacia productores de jitomate. El dato lo confirmó la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), que detalló que ese monto se repartió en 48 créditos gestionados a través de los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) y entregados mediante distintos bancos e intermediarios financieros.

    Por ahora, la entrega se ha concentrado en cuatro estados, Baja California, Sonora, Estado de México y Oaxaca, que encabezan la lista de beneficiarios en esta primera etapa. Eso no significa que el resto del país quede fuera, sino que estas entidades fueron las primeras en recibir los recursos dentro de un esquema que apenas comienza a desplegarse.

    Este financiamiento no aparece de forma aislada. Forma parte del Acuerdo Nacional para el Ordenamiento de la Producción, Abasto, Comercialización y Precio Justo del Jitomate, un pacto voluntario firmado por la presidenta Claudia Sheinbaum junto con representantes de productores, comercializadores, centrales de abasto y tiendas de autoservicio. La idea detrás de este acuerdo es coordinar a todos los actores de la cadena para evitar que el mercado del jitomate se mueva de forma errática, algo que afecta tanto a quien lo cultiva como a quien lo compra en el mercado.

    Lo interesante aquí es quién está detrás de la ejecución. No es solo SADER la que participa, también está la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) y FIRA como brazo financiero. Esa combinación no es casual. Hacienda aporta la parte fiscal y de financiamiento, Profeco vigila que los precios lleguen justos al consumidor y FIRA pone el dinero en movimiento a través de la banca. Es, en otras palabras, un intento de atacar el problema del jitomate desde varios frentes a la vez, en lugar de limitarse a repartir crédito y esperar que el mercado se ordene solo.

    También suman fuerzas equipos técnicos como el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA), el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), las Escuelas de Campo y el programa Sembrando Vida. Esto sugiere que el acuerdo no se limita a inyectar liquidez, sino que busca acompañar a los productores con conocimiento técnico y sanitario, además de incluir a productores de pequeña escala que participan en programas sociales como Sembrando Vida.

    Para un productor de jitomate, esto puede traducirse en acceso a capital que antes era más difícil de conseguir, ya sea para renovar infraestructura, comprar insumos o sostener la producción durante temporadas complicadas. Para el consumidor, la apuesta es que un sector mejor financiado y coordinado con la autoridad de protección al consumidor derive en precios más estables en el mercado.

    El hecho de que el acuerdo sea voluntario también dice algo. En lugar de imponer reglas desde arriba, el gobierno optó por sentar a la mesa a todos los eslabones de la cadena, desde quien siembra hasta quien vende en el supermercado. Si este modelo funciona con el jitomate, no sería extraño verlo replicado en otros cultivos donde la volatilidad de precios también genera fricciones entre productores y consumidores.

    Fuente: Redagrícola

  • Estados Unidos golpea con arancel a la fresa mexicana

    Estados Unidos golpea con arancel a la fresa mexicana

    Estados Unidos está asentando un golpe comercial a uno de los productos agrícolas más importantes de México. El Departamento de Comercio del país norteamericano estableció un margen preliminar de dumping de 4.83% para la mayoría de los exportadores mexicanos de fresa. La medida surge de una investigación que arrancó el 31 de diciembre de 2025, luego de que productores de Florida presentaran una petición formal contra la fresa mexicana.

    Para entender la gravedad del asunto, hay que fijarse en cómo se construyó el caso. La investigación cubre fresas cosechadas o importadas entre el 1 de noviembre y el 31 de marzo, sin importar si son convencionales u orgánicas, enteras o cortadas, con o sin tallo. Pero lo que más incomoda a México no es tanto el arancel en sí, sino la forma en que se llegó a él. La petición original propuso dos criterios que la Secretaría de Economía considera cuestionables. Por un lado, separar las llamadas “fresas de invierno” del resto del producto, como si se tratara de una categoría distinta. Por otro, medir el daño únicamente sobre un mercado regional del este de Estados Unidos, en lugar de evaluar el mercado nacional completo.

    El punto más delicado de todo el caso es que la Comisión de Comercio Internacional (ITC) ya había concluido en su reporte preliminar de marzo que no existían bases para tratar las fresas de invierno como un producto aparte, ni tampoco para reconocer ese mercado regional separado. Sin embargo, el Departamento de Comercio decidió mantener ambos criterios en su resolución. Esa contradicción es justamente lo que la Secretaría de Economía califica como una aplicación arbitraria, y por eso sostiene que los supuestos usados no encajan con el Acuerdo Antidumping de la Organización Mundial del Comercio ni con varias disposiciones del T-MEC.

    El impacto económico no es menor. La cadena productiva involucrada suma casi 5,000 productores mexicanos, y el 97% de ellos cultiva superficies de 10 hectáreas o menos, es decir, se trata mayoritariamente de pequeños y medianos agricultores. Esta actividad genera alrededor de 151,000 empleos entre permanentes y temporales. Durante 2025, México exportó a Estados Unidos 263,000 toneladas de fresa, con un valor de 1,000 millones de dólares.

    Lo que realmente preocupa a las autoridades mexicanas va más allá de este caso puntual. Si el criterio de dividir un producto por temporadas o delimitar mercados regionales queda validado, se abre una puerta peligrosa. Otros productores estadounidenses podrían usar la misma estrategia para impulsar investigaciones similares contra distintas exportaciones hortofrutícolas mexicanas, replicando el mismo esquema en otros cultivos.

    Por ahora, esto sigue siendo una resolución preliminar. La determinación final de la ITC se espera para principios de 2027, y solo se podría aplicar una orden antidumping definitiva si tanto el Departamento de Comercio como la ITC emiten resoluciones afirmativas. Es decir, todavía hay un tramo del proceso por recorrer, y el resultado final dependerá de si las autoridades estadounidenses corrigen o mantienen los criterios que México ya calificó como arbitrarios.

    Y solo para aclarar: El CBP empezará a exigir depósitos en efectivo por el margen antidumping sobre las fresas mexicanas “de invierno” que entren a partir de la publicación en el Registro Federal. Si al final la tasa definitiva es menor (o no hay tasa, lo que se ve difícil), se reembolsa la diferencia o el valor total. Pero la determinación final está programada para el 8 de enero de 2027.

    Fuente: FreshPlaza

  • Michoacán cierra temporada de aguacate con menos volumen

    Michoacán cierra temporada de aguacate con menos volumen

    Michoacán terminó la temporada 2025/26 con una cosecha de 1.46 millones de toneladas de aguacate, según cifras del gobierno del estado. La cifra representa una caída de 27% frente a las 2 millones de toneladas reportadas en la temporada anterior, de acuerdo con un informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA).

    El dato llega justo una semana después de que Estados Unidos reanudara sus actividades oficiales en Michoacán, incluidas las inspecciones necesarias para exportar aguacate cruzando la frontera. Esa reanudación importa porque Michoacán es uno de los dos únicos estados mexicanos autorizados por el Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal (APHIS) de Estados Unidos para exportar aguacate al mercado estadounidense. Sin esa autorización activa, ningún volumen puede cruzar hacia el norte, así que cada pausa o reactivación en las inspecciones repercute de forma directa en el comercio.

    Durante la temporada pasada, Michoacán envió más de 85% de su producción a Estados Unidos, es decir 1.25 millones de toneladas. Esa cifra convirtió al ciclo en un récord para las importaciones estadounidenses de aguacate mexicano, con un incremento de 32% frente a la campaña anterior. Aquí aparece un contraste que vale la pena entender bien. La producción total michoacana bajó, pero el volumen exportado a Estados Unidos subió con fuerza en el ciclo previo. Esto sugiere que el mercado estadounidense absorbió una proporción cada vez mayor de una cosecha que, en términos absolutos, fue menor este año.

    ¿Por qué importa esta caída de 27%? Michoacán no es un productor más dentro del mapa aguacatero mexicano, es la pieza central. El estado concentra más de 70% de la superficie plantada de aguacate en todo el país, que suma 672,000 acres distribuidos en 30 entidades. Cuando la cosecha michoacana baja, el efecto no se queda en el estado, se siente en toda la cadena de abasto que depende de este cultivo, desde los empacadores hasta los distribuidores en Estados Unidos.

    El aguacate tampoco es un negocio menor para México. La industria mueve 56,000 millones de dólares. Con ese peso económico, cualquier variación de doble dígito en la cosecha de su principal región productora tiene consecuencias que van más allá del campo. Afecta precios, disponibilidad y las decisiones de compra de las cadenas de supermercados que dependen del aguacate mexicano durante todo el año.

    De cara a la temporada 2026 y 2027, la pregunta que queda abierta es si la menor cosecha fue un evento puntual o el inicio de una tendencia. La reactivación de las inspecciones estadounidenses despeja al menos una parte de la incertidumbre operativa, pero no resuelve la duda sobre qué tan estable será el volumen que Michoacán pueda ofrecer en los próximos ciclos. Mientras tanto, el hecho de que el estado siga siendo uno de solo dos autorizados para exportar a Estados Unidos confirma que buena parte del abasto aguacatero de ese mercado sigue dependiendo de una sola región mexicana.

    Fuente: FreshFruitPortal

  • China mira más allá del sorgo y quiere carne mexicana

    China mira más allá del sorgo y quiere carne mexicana

    China acaba de mandar una señal clara sobre lo que quiere del campo mexicano y no se trata solo de sorgo. La gobernadora de Sinaloa, Yeraldine Bonilla Valverde, informó que tras reunirse con empresarios de Chengdu, compradores chinos mostraron interés en adquirir también cacahuate, carne y alfalfa producidos en el estado. Esto ocurre poco después de que salieran los primeros cinco contenedores de sorgo rojo rumbo a China, un embarque de prueba que busca confirmar si el producto sinaloense cumple con los estándares exigidos por ese mercado.

    Lo interesante es que esta conversación no comenzó como una negociación amplia. Todo arrancó con el sorgo, pensado como una operación puntual, pero podría terminar abriendo la puerta a otros productos. Los representantes de Sichuan Yourong Group, la empresa china involucrada, dejaron claro que su interés en Sinaloa va más allá de los granos.

    Para entender por qué esto importa, hay que ver el contexto en el que se mueven los productores sinaloenses. Muchos agricultores enfrentan mercados con problemas de rentabilidad y opciones limitadas para colocar sus cosechas. Cuando aparece un comprador del tamaño de China, capaz de absorber grandes volúmenes, cambia el panorama de decisiones para quienes hoy dudan qué sembrar o qué producir según lo que el mercado local les paga.

    Aquí es donde entra la diversificación, que en realidad es una estrategia de reducción de riesgo. Depender de un solo cultivo o de un solo comprador deja a los productores expuestos a cualquier vaivén de precios o demanda. Si Sinaloa logra sumar a China como destino para varias cadenas productivas al mismo tiempo (sorgo, cacahuate, carne y alfalfa), los agricultores ganan margen de maniobra y una referencia adicional para planificar sus siembras.

    Sin embargo, conviene no adelantar conclusiones. El acuerdo todavía depende de que los contenedores de sorgo superen las evaluaciones sanitarias y de calidad que exige China. Ese resultado será determinante, porque de él depende si la relación comercial se consolida o si queda apenas en un intento fallido.

    Para la carne, el camino es aún más largo, ya que este tipo de producto suele requerir habilitaciones sanitarias específicas antes de poder exportarse. Cacahuate y alfalfa, por su parte, también tendrán que cumplir con protocolos fitosanitarios y estándares de trazabilidad antes de que exista un flujo comercial real.

    La magnitud de lo que está en juego se entiende mejor con una cifra que dio el secretario de agricultura estatal, Ismael Bello, quien señaló que el esquema ligado al sorgo podría convertirse en una alternativa de reconversión productiva para hasta 10,000 agricultores. Eso da una idea de la escala que podría alcanzar este acercamiento comercial si las negociaciones avanzan más allá del primer embarque.

    Por ahora, lo único confirmado es el envío de prueba y el interés expresado en la reunión con los empresarios chinos. El resto dependerá de resultados técnicos y de negociaciones que apenas comienzan. Aun así, la señal es relevante porque muestra que China no está viendo a Sinaloa como un proveedor ocasional de un solo producto, sino como una región con potencial para abastecer varias de sus necesidades agropecuarias al mismo tiempo.

    Fuente: Agrolatam

  • Trigo mexicano recibe apoyo extra ante clima adverso

    Trigo mexicano recibe apoyo extra ante clima adverso

    A partir del 20 de agosto de 2026, México pondrá en marcha un incentivo de hasta 2,000 pesos por tonelada de trigo panificable comercializado, dirigido a productores de 13 estados que participaron en el ciclo Otoño-Invierno 2025/26.

    El programa, impulsado por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), busca aliviar el ingreso de un sector que enfrentó costos de producción altos, condiciones de mercado exigentes y, en algunas zonas, problemas climáticos durante el ciclo agrícola.

    El esquema funciona con dos componentes. El primero es una base de 1,800 pesos por tonelada, disponible para todos los productores que cumplan los requisitos de elegibilidad. El segundo suma otros 200 pesos por tonelada, pero solo para quienes hayan sido afectados por la falta de horas frío, un fenómeno climático que altera el desarrollo normal del cultivo. Así, el tope de 2,000 pesos no llega a todos por igual, sino que depende de la ubicación y de las condiciones específicas de cada campo.

    La cobertura incluye a productores de Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Coahuila, Durango, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nuevo León, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas y Zacatecas, siempre que estén inscritos en el padrón correspondiente y cumplan las Reglas de Operación del Programa Comercio Justo para el ejercicio fiscal 2026.

    Para entender la magnitud de esta cifra conviene pensarla a escala. Un productor que comercialice 100 toneladas con el incentivo máximo recibiría 200,000 pesos, mientras que uno con 500 toneladas alcanzaría un millón de pesos. Es un monto que, sumado al precio de venta habitual, puede cambiar de forma notable el resultado final de una campaña, sobre todo para quienes operan con márgenes ajustados.

    Este tipo de apoyo no es nuevo. Durante el primer trimestre de 2026 ya se habían pagado incentivos por la cosecha del ciclo anterior (2024/25), beneficiando a 14,684 productores de 14 estados con una inversión superior a 1,755 millones de pesos. En Baja California, por ejemplo, 446 productores ya recibieron 104.5 millones de pesos bajo este tipo de política.

    La relevancia del trigo panificable va más allá del bolsillo de cada agricultor, ya que es la materia prima de la harina y de numerosos productos de consumo diario. Por eso, cuando el sector enfrenta dificultades económicas, el efecto puede sentirse también en la disponibilidad del grano dentro del país.

    El componente extraordinario vinculado al frío insuficiente pone en evidencia algo que suele quedar en segundo plano y es que el clima no solo afecta el volumen cosechado, sino también el ingreso final del productor. Un incentivo mejora el precio que recibe cada tonelada, aunque no elimina la presión de los costos ni asegura por sí solo que la explotación sea rentable.

    El verdadero valor de esta medida se conocerá con el tiempo, en función de cuántos productores logren acceder al programa, qué volumen resulte elegible y qué tan significativo sea el monto frente a los gastos reales de producir trigo en cada región. Para miles de trigueros mexicanos, la pregunta ya no es solo cuánto van a cosechar, sino cuánto dinero les queda después de vender cada tonelada.

    Fuente: Agrolatam

  • Sinaloa gana tiempo con lluvias frente a la mosquita blanca

    Sinaloa gana tiempo con lluvias frente a la mosquita blanca

    En Sinaloa, las lluvias recientes lograron algo que muchos productores esperaban con ansias, reducir la presencia de la mosquita blanca justo antes de que arranque el ciclo agrícola otoño invierno 2026/27, previsto para el 1 de septiembre. Así lo confirmó el Comité Estatal de Sanidad Vegetal del Estado (Cesavesin), que ve en este fenómeno climático una condición favorable para una de las regiones agrícolas más importantes de México.

    ¿Por qué la lluvia afecta a un insecto tan pequeño? La explicación es que el impacto físico de las gotas puede desprender a los ejemplares de las plantas, dificultando su establecimiento y creando un ambiente menos propicio para que se reproduzcan. Esto no elimina a la plaga, pero sí reduce temporalmente sus poblaciones en los lotes.

    Leonel Murillo Cárdenas, presidente de Cesavesin, subrayó que estas precipitaciones están jugando a favor de la agricultura del estado. El momento no podría ser más oportuno, ya que ocurre justo en las semanas previas al inicio de una nueva campaña, cuando las condiciones sanitarias del suelo influyen directamente en cómo arrancan los cultivos.

    La relevancia de este insecto (conocido científicamente como Bemisia tabaci) va más allá de lo que muchos imaginan. Puede atacar tomate, tomatillo, chile, berenjena, pepino, calabaza, frijol, soya, maíz y garbanzo, es decir, una parte sustancial de lo que se produce en Sinaloa. Se alimenta de la savia de las plantas y, cuando la infestación es fuerte, provoca pérdida de vigor, amarillamiento y defoliación.

    Pero el verdadero riesgo no está solo en su alimentación, sino en su capacidad de transmitir virus vegetales, entre ellos los begomovirus. Esto significa que incluso una población relativamente pequeña puede volverse peligrosa si existen plantas infectadas cerca que actúen como fuente de contagio.

    Los antecedentes también acompañan esta buena noticia. Durante el ciclo 2025/26, los niveles de plagas se mantuvieron por debajo del umbral de riesgo económico, con una afectación menor al 5%. Este dato importa porque ese umbral es el que permite a los productores decidir cuándo vale la pena intervenir frente al daño potencial de una plaga.

    Sin embargo, conviene no confundir un alivio temporal con una solución definitiva. Si las lluvias pierden fuerza y regresan las temperaturas elevadas, las poblaciones de mosquita blanca pueden recuperarse con rapidez. Por eso, las autoridades fitosanitarias insisten en mantener el monitoreo constante, sobre todo en zonas con antecedentes del insecto o con plantas hospedantes que puedan sostenerlo entre campañas.

    Entre las medidas recomendadas destacan el manejo integrado de plagas, el respeto de las ventanas fitosanitarias y la destrucción oportuna de socas y residuos de cultivos anteriores, que de otro modo funcionan como refugio para el insecto. La idea es evitar que el control dependa únicamente de productos químicos, combinando observación, prácticas culturales y control biológico cuando sea posible.

    En definitiva, Sinaloa llega al inicio del ciclo 2026/27 con un escenario favorable, aunque todavía no garantizado. Si el clima acompaña y el monitoreo funciona a tiempo, el estado podría arrancar la campaña con menos presión sanitaria. Pero si el calor regresa, la mosquita blanca puede volver rápidamente al centro de la conversación agrícola.

    Fuente: Agrolatam

  • En México se fabricará el primer biofungicida basado en RNA

    En México se fabricará el primer biofungicida basado en RNA

    México acaba de convertirse en el primer país del mundo en aprobar un biofungicida basado en RNA. La empresa detrás del desarrollo es GreenLight Biosciences, fundada por el mexicano Andrey Zarur, y el gobierno tardó apenas nueve meses en dar luz verde al registro (un plazo que normalmente toma mucho más tiempo en este tipo de productos). La compañía instalará una planta en la Ciudad de México con una inversión de entre 50 y 100 millones de dólares, generará 500 empleos y comenzará operaciones a partir de 2027.

    Un biofungicida de este tipo no funciona como los químicos tradicionales. En lugar de rociar un compuesto que ataca de forma general, utiliza moléculas de ARN que “desactivan” un gen específico que el hongo necesita para sobrevivir. Es, en otras palabras, un tratamiento de precisión, dirigido únicamente al patógeno que se quiere controlar, sin afectar a otros organismos ni dejar residuos en el suelo, el agua o los frutos.

    La diferencia en eficacia es lo que más llama la atención. Según Zarur, con solo dos litros de producto por hectárea se logra controlar el hongo en más del 99%, mientras que los fungicidas químicos convencionales apenas alcanzan un 80% de control. Esto no solo representa un avance ambiental, también implica menores pérdidas para los productores y menos exposición a sustancias químicas para los trabajadores del campo y las comunidades cercanas.

    La empresa comenzará con dos productos. DarkMite está diseñado para controlar ácaros, una plaga que hoy genera pérdidas superiores a los 20,000 millones de pesos al año y que enfrenta un gasto en plaguicidas químicos de más de 10,000 millones de pesos anuales. Oifirax, por su parte, ataca el oídio, un hongo que afecta cultivos como la uva y que provoca daños por más de 10,000 millones de pesos al año. Los primeros cultivos beneficiados serán aguacate, fresa, uva y pepino, y más adelante se sumarán maíz y algodón.

    Lo que hace especialmente relevante este proyecto es el momento en el que llega. Zarur señaló que la biodiversidad mundial se ha reducido en 60% en los últimos 30 años, y una de las causas es el uso masivo de pesticidas químicos. Un producto que se descompone de forma natural y que ataca solo al organismo objetivo responde directamente a ese problema, sin sacrificar efectividad.

    También hay una lectura económica de fondo. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, subrayó que la decisión de producir en México no responde al nearshoring ni a la incertidumbre arancelaria, sino a la intención de generar una industria de alto valor agregado basada en conocimiento. Si esto se cumple, México dejaría de ser solo un país que ensambla tecnología ajena para convertirse en uno que la desarrolla y la exporta, algo poco común en el sector agrícola latinoamericano.

    El reto ahora será escalar la producción y demostrar que los resultados de laboratorio se sostienen en campo abierto, a gran escala y durante varias temporadas agrícolas. Si eso ocurre, este biofungicida podría marcar el inicio de una nueva generación de insumos agrícolas hechos en México, con menor impacto ambiental y mayor eficacia que los productos que buscan reemplazar.

    Fuente: El Economista

  • Aguacate mexicano exporta menos valor con más cosecha

    Aguacate mexicano exporta menos valor con más cosecha

    El aguacate mexicano vivió un primer semestre complicado en 2026. Según datos del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), las exportaciones sumaron 1,690 millones de dólares entre enero y junio, una caída de casi 25% frente al mismo periodo de 2025. Es una de las bajas más fuertes entre los productos agroalimentarios mexicanos, junto con las berries y el azúcar.

    Lo llamativo es que esta caída no se explica por una menor cosecha. De acuerdo con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), México va camino a producir 2.8 millones de toneladas de aguacate en 2026, es decir 3% más que el año anterior, gracias a lluvias oportunas y temperaturas favorables durante la temporada. Michoacán y Jalisco siguen concentrando la gran mayoría de ese volumen. Entonces el problema no es que falte fruta, sino que cada kilo exportado está generando menos ingresos.

    El propio GCMA atribuye esta contracción a dos factores puntuales, el endurecimiento de las medidas comerciales de Estados Unidos y un menor dinamismo de la demanda externa. En otras palabras, el mercado estadounidense (el principal comprador del aguacate mexicano) se volvió más exigente y compró con menos entusiasmo, mientras las condiciones de acceso se complicaron. El resultado es que el valor total de lo vendido afuera bajó, aunque el campo mexicano siguió produciendo con normalidad.

    Esa combinación (más fruta disponible y menos salida hacia el exterior) tiene un efecto directo dentro del país. Cuando el aguacate no encuentra la misma salida en exportación, una parte mayor de la cosecha se queda circulando en el mercado interno, y eso presiona los precios hacia abajo.

    En Guanajuato, por ejemplo, productores han reportado que intermediarios les ofrecen comprar el kilo en 15 pesos para revenderlo después en 40, cuando a inicios de año el precio llegó a costar hasta 80 pesos el kilo. Es decir, quien produce recibe cada vez menos, aunque el consumidor final no necesariamente pague menos.

    Este fenómeno también se refleja en las cifras generales del comercio agroalimentario. El superávit de esa balanza se redujo 12.1%, hasta 4,533 millones de dólares, porque las exportaciones agroalimentarias crecieron apenas 1.7% (a 27,811 millones de dólares) mientras las importaciones avanzaron 4.9% (a 23,278 millones).

    El aguacate, que suele ser uno de los motores del superávit del campo mexicano, esta vez fue de los que más lo frenaron. Otros productos como el tequila (con un alza de 21.8%), la carne de bovino (8.1% más) y el jitomate (2.4% más) sí lograron crecer, lo que confirma que el freno no fue generalizado, sino concentrado en el aguacate y las berries.

    De cara a la segunda mitad del año, el reto para el sector aguacatero no es producir más, porque ya lo está haciendo. El reto es recuperar el valor que perdió en el mercado externo. Si las condiciones comerciales con Estados Unidos y la demanda internacional no mejoran, es probable que el excedente siga presionando los precios que reciben los productores mexicanos, incluso en un año de cosecha abundante.

    Fuente: El Financiero

  • Escasez de mango en Sinaloa dejó pedidos sin surtir

    Escasez de mango en Sinaloa dejó pedidos sin surtir

    La temporada de exportación de mango en la región de Rosario, en Sinaloa, cerró con los empaques trabajando apenas al 40% de su capacidad. La razón principal no fue un problema de mercado, sino de producción.

    Roberto Crespo Durán, director de campo de Empaque Don Jorge y expresidente de la Asociación de Agricultores del Río Baluarte, explicó que una baja floración en las huertas limitó la cantidad de fruta disponible desde el origen. Es decir, el cuello de botella no estuvo en la demanda ni en la logística, sino en algo que se define meses antes, cuando el árbol decide cuánta flor produce.

    Ese detalle es importante porque significa que ni los precios altos ni la demanda fuerte pudieron compensar lo que ya se había perdido en el huerto. Crespo Durán fue claro en que la oferta simplemente no alcanzó para surtir los pedidos, y que la situación fue especialmente crítica en Estados Unidos, y también en Europa, Canadá y Japón. Cuando un mercado no logra recibir la fruta que pidió, no se trata solo de una venta perdida para un exportador, sino de una señal de que ese proveedor pierde terreno frente a otros orígenes que sí pudieron cumplir.

    A esto se sumó un arranque tardío. Los empaques comenzaron a trabajar hasta la última semana de mayo, cuando lo normal es iniciar entre el 10 y el 15 de ese mes. Ese retraso hizo que la temporada de Sinaloa coincidiera con las de Jalisco y Nayarit, y esa coincidencia saturó el mercado estadounidense en un momento puntual.

    El resultado fue contradictorio con lo que cabría esperar de una producción escasa. Los precios, que llegaron a rondar entre 8 y 12 pesos por kilo, cayeron justo cuando más oferta simultánea entró al mismo destino. Esto muestra que la escasez y los precios bajos pueden convivir si el problema no es solo cuánta fruta hay, sino cuándo llega y con quién compite en el anaquel.

    La inseguridad en la región agregó otra capa de complicación operativa. En Escuinapa, afectó directamente la certificación de empaque, un paso necesario para exportar. En el resto de los municipios, obligó a recortar las horas de trabajo de los ingenieros certificadores, lo que redujo el ritmo al que la fruta podía procesarse y salir hacia los mercados. Como resultado, los empaques operaron con apenas el 60% del personal habitual, un dato que confirma que la caída no fue solo de fruta disponible, sino también de capacidad instalada para moverla.

    La combinación de estos factores llevó a un cierre anticipado. Muchos empaques ya habían detenido labores desde hace un par de semanas, cuando lo habitual es que la temporada se extienda hasta finales de agosto o incluso hasta la primera o segunda semana de septiembre. Crespo Durán la describió como una de las temporadas más cortas que ha visto.

    Lo que deja esta temporada es una lección sobre cómo se acumulan los problemas en una cadena de exportación. Un evento biológico como la baja floración marca el límite superior de lo que se puede vender, sin importar qué tan buena sea la demanda. Luego, el calendario de cosecha determina si esa fruta compite bien o mal en el mercado de destino. Y finalmente, las condiciones operativas en la región de origen deciden si esa fruta, ya limitada, puede procesarse y salir a tiempo.

    Cuando los tres factores se alinean en contra, como ocurrió este año en Rosario, el resultado es una temporada corta, con pedidos sin cumplir y precios que no reflejan la escasez real de la fruta.

    Fuente: Noroeste