Etiqueta: México

  • Mexico es clave para el mercado del arándano en EE.UU.

    Mexico es clave para el mercado del arándano en EE.UU.

    Durante la edición 16 del Congreso Aneberries, celebrado en Guadalajara, Kasey Cronquist (presidente del US Highbush Blueberry Council, conocido como USHBC) subió al escenario principal para hablar sobre el futuro del arándano en Norteamérica.

    Su mensaje combinó dos ideas que, a primera vista, parecen contradictorias. Por un lado, la demanda de arándanos en Estados Unidos sigue creciendo de forma sostenida. Por otro, esa expansión depende cada vez más de un socio comercial que hoy enfrenta incertidumbre política, Mexico.

    Los números que compartió Cronquist son contundentes. El consumo se ha multiplicado 2.5 veces desde 2011 y se espera que vuelva a duplicarse en la próxima década. Sin embargo, el crecimiento no debería medirse solo en volumen, ya que la mitad de los hogares estadounidenses ni siquiera ha comprado arándanos en el último año. Y entre quienes sí lo hacen, apenas el 20% concentra el 60% del gasto total. Esto significa que la industria depende de un grupo reducido de consumidores leales, mientras el resto del mercado sigue sin explorarse.

    Para revertir esa concentración, el USHBC está apostando por estrategias de mercadotecnia poco convencionales, entre ellas una alianza con la revista People que convirtió al arándano en el “alimento más sexy” del año, como complemento al tradicional número del hombre más sexy.

    También busca resolver otro problema de consumo, la fruta domina el desayuno pero prácticamente desaparece de la dieta durante la tarde. Cronquist puso como ejemplo a Avocados from Mexico, que logró posicionar al aguacate como un alimento apto para reuniones y eventos deportivos, no solo para el almuerzo.

    La parte más relevante de su presentación, no obstante, llegó al hablar de Mexico. En el contexto de la reciente decisión de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) de retirar a ese país del Tratado entre Mexico, Estados Unidos y Canada (T-MEC), Cronquist defendió con datos el papel que juega la fruta mexicana en el abasto estadounidense. Explicó que las importaciones desde Mexico llegan justo cuando la producción local es baja, lo que permite mantener oferta durante todo el año y evita que la demanda se desplome en temporadas bajas.

    “No podemos hacerlo solos”, afirmó, subrayando que la industria ha construido relaciones con otros países para sostener el crecimiento de la categoría. El dato que respalda esa dependencia es claro, las importaciones mexicanas representan casi una tercera parte del impacto económico anual de la industria en Estados Unidos, valuado en 9,100 millones de dólares.

    Cronquist también reveló que el USHBC ha participado en misiones comerciales junto a la secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke Rollins, y el subsecretario Luke Lindberg, además de mantener comunicación directa con el gobierno de Trump y con la USTR.

    El mensaje que ha compartido con las autoridades es directo, cualquier decisión comercial que afecte a Mexico repercute directamente en la estabilidad del mercado interno estadounidense. En otras palabras, el crecimiento que celebra la industria depende de que ambos países sigan negociando en términos favorables para el comercio bilateral.

    Fuente: Fresh Fruit Portal

  • La demanda de berries sigue creciendo pese al caos global

    La demanda de berries sigue creciendo pese al caos global

    La industria de los berries en México atraviesa un momento curioso. Por un lado, la demanda internacional sigue firme y con espacio para crecer. Por otro, el entorno que rodea a los productores se ha vuelto cada vez más complicado. Esa fue la lectura que compartió David Magaña, especialista senior de Rabobank, durante el Congreso Internacional Aneberries 2026, uno de los foros más relevantes para el sector.

    Según explicó, los últimos años han estado marcados por los aranceles, las tensiones comerciales y la revisión del T-MEC (el tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá). Todo esto ha hecho que planear a largo plazo sea mucho más difícil para los productores, ya que sus decisiones de inversión dependen de variables que cambian constantemente, como las tasas de interés, el tipo de cambio, la inflación y la confianza del consumidor.

    Uno de los puntos más interesantes que mencionó tiene que ver con el dólar. La depreciación de esta moneda frente a otras divisas ha golpeado la competitividad de las exportaciones mexicanas casi como si fuera un arancel encubierto, ya que reduce los ingresos de quienes exportan y, al mismo tiempo, encarece los costos de producción. Es un doble golpe que no aparece en los titulares sobre política comercial, pero que afecta directamente el bolsillo de los productores.

    A pesar de este panorama, hay una razón de peso para mantener el optimismo y tiene que ver con Estados Unidos. Ese país depende cada vez más de las importaciones para mantener su oferta de arándanos, frambuesas y zarzamoras, porque el consumidor estadounidense ya no acepta la estacionalidad. Quiere fruta fresca los 12 meses del año, y eso vuelve indispensables a los países exportadores, entre ellos México.

    Los arándanos siguen siendo la fruta con mayor crecimiento en consumo a nivel mundial. Además, se espera que Europa gane más peso como mercado de exportación hacia el final de la década, mientras que Asia, en especial China, acelera tanto su producción como su consumo. En el caso de Estados Unidos, las tendencias hacia una alimentación más saludable, junto con programas gubernamentales de nutrición y el uso creciente de medicamentos para controlar la obesidad, están inclinando las preferencias de compra hacia alimentos con más fibra y mejor perfil nutricional, algo que favorece directamente a las berries.

    Sin embargo, no todo es tan sencillo. El consumo en Estados Unidos se está polarizando. Los hogares con mayores ingresos compran cada vez más productos premium, mientras otro segmento busca opciones más económicas. Esto deja cada vez menos espacio para los productos de gama media, lo que obliga a las empresas a definir con claridad en qué segmento quieren competir.

    Las fresas mexicanas mantienen una demanda sólida, aunque enfrentan investigaciones antidumping en Estados Unidos, un proceso que podría afectar su acceso a ese mercado. Las frambuesas y zarzamoras, en tanto, crecen en volumen, pero sus precios internacionales están prácticamente congelados, lo que presiona la rentabilidad justo cuando los costos de producción suben.

    La conclusión de Magaña resume bien el momento actual del sector. Ya no se trata de generar más demanda, porque esa ya existe. El reto ahora es sostener la competitividad a través de mayor eficiencia, innovación y calidad constante. Para México, la oportunidad sigue estando ahí, pero solo se aprovechará si logra ofrecer una experiencia de consumo uniforme, con fruta de alta calidad los 365 días del año.

    Fuente: Portal Frutícola

  • Aguacate mexiquense espera luz verde de Estados Unidos

    Aguacate mexiquense espera luz verde de Estados Unidos

    El Estado de México podría convertirse pronto en el tercer estado mexicano autorizado para exportar aguacate a Estados Unidos, después de Michoacán y Jalisco. La región cuenta con alrededor de 13 mil 500 hectáreas sembradas y una producción anual cercana a las 145 mil toneladas, lo que la ubica entre los tres principales productores del fruto en el país.

    Sin embargo, después de cuatro años de trabajo, certificaciones y preparación sanitaria, los productores siguen a la espera de una autorización que depende exclusivamente del gobierno estadounidense.

    Según Luis Eduardo Juárez, director general de la Asociación de Productores y Exportadores de Aguacate del Estado de México (APEAMEX), la zona de Temascaltepec ya cumple con los requisitos del plan bilateral de trabajo y su superficie de 1.880 hectáreas será propuesta para exportar. Las autoridades mexicanas, a través de SENASICA, ya validaron el cumplimiento del Plan de Trabajo Operativo Binacional, e incluso existen dos empaques listos para recibir la autorización del USDA/APHIS. En otras palabras, la parte mexicana ya terminó su tarea y ahora todo depende de una firma en Washington.

    Lo interesante (y también lo más incierto) es que nadie del sector sabe con certeza por qué se ha tardado tanto la aprobación. Juárez sugiere que el retraso podría estar relacionado con otros temas prioritarios de la agenda bilateral, como negociaciones comerciales y asuntos ligados al T-MEC.

    Esto revela algo importante sobre este tipo de procesos, ya que aunque la certificación técnica de un producto agrícola puede estar lista, su autorización final termina sujeta a la dinámica política y comercial más amplia entre los dos países.

    El impacto de esta apertura, si finalmente llega, tendría un carácter muy particular. A diferencia de otros procesos de expansión agrícola que suelen beneficiar primero a grandes empresas, en este caso más del 90% de los productores de la zona poseen menos de cinco hectáreas, por lo que se trata de una actividad mayoritariamente familiar.

    Y aunque la entrada al mercado estadounidense podría atraer capital e interesados de mayor escala, Juárez considera que la estructura productiva difícilmente cambiará, en buena medida porque existe un fuerte sentido de identidad y pertenencia en torno al aguacate mexiquense.

    En términos de volumen, el Estado de México no busca competir con Michoacán, que se encuentra a poco menos de 280 kilómetros de distancia. Las proyecciones apuntan a que aportaría apenas entre 1.5% y 2% de lo que produce actualmente ese estado, por lo que el objetivo real es consolidarse como un origen adicional de suministro, no como un competidor directo. Hoy, 96% del aguacate producido en la entidad se vende en el mercado interno, mientras que Canadá recibe 3% y Japón 1%.

    Otro elemento relevante es el cuidado ambiental que reivindica el sector, ya que se asegura que las nuevas plantaciones no invadan zonas forestales, verificando que los terrenos estén clasificados como agrícolas antes de autorizar cualquier huerta.

    A esto se suma el registro de la marca “Aguacate Mexiquense”, con la que buscan fortalecer su identidad comercial y avanzar hacia un reconocimiento similar a una denominación de origen.

    Mientras se resuelve el tema en Estados Unidos, los productores seguirán fortaleciendo la sanidad y calidad del cultivo, con la mirada puesta en el próximo periodo de certificaciones previsto para otoño.

    Fuente: Portal Frutícola

  • 90% del aguacate mexicano a EE.UU. ya tiene sello forestal

    90% del aguacate mexicano a EE.UU. ya tiene sello forestal

    Durante años, el aguacate mexicano cargó con una reputación incómoda. Detrás de cada aguacate que llegaba a un supermercado en Estados Unidos podía haber un pedazo de bosque talado en Michoacán, el estado que concentra la mayor parte de la producción del país.

    De hecho, un reporte de 2023 de la organización Climate Rights International, llamado “Unholy Guacamole”, documentó cómo esta cadena de exportación había impulsado deforestación, escasez de agua y violencia en comunidades locales.

    Sin embargo, en apenas dos años, un programa de certificación llamado Pro-Forest Agriculture (PFA) logró que más del 90% del aguacate mexicano exportado a Estados Unidos provenga de huertos verificados como libres de deforestación reciente. El programa nació en 2024 gracias a la organización mexicana Guardián Forestal, con el respaldo del gobierno de Michoacán, y hoy ya cubre los seis estados productores de aguacate del país, con más de 53,000 huertos monitoreados en una superficie superior a 200,000 hectáreas.

    La forma en que funciona es lo interesante. En lugar de depender de inspecciones tradicionales, el sistema combina imágenes satelitales, inteligencia artificial y análisis geoespacial para detectar si un huerto se estableció sobre tierra deforestada después de 2018 o si tiene sanciones ambientales pendientes. Con esa información, las empresas exportadoras pueden decidir, con datos concretos, de qué huertos comprar y de cuáles no.

    Aquí es donde entra la parte que realmente aceleró el proceso, que son los propios compradores. Cadenas como Costco se comprometieron en 2025 a reducir la deforestación en su cadena de suministro de aguacate, y en mayo de 2026 Sprouts Farmers Market anunció que todo el aguacate mexicano que compra debe venir de proveedores certificados por PFA. Incluso las cuatro grandes comercializadoras señaladas en 2024 por seguir comprando a huertos deforestados (Calavo Growers, Fresh Del Monte, Mission Produce y West Pak Avocado) ya participan en el programa.

    Esto muestra algo que va más allá del aguacate. Cuando los grandes compradores exigen trazabilidad, la industria se mueve rápido, incluso más rápido que muchas regulaciones gubernamentales. El poder de compra de unas cuantas cadenas comerciales terminó funcionando como una especie de política ambiental de facto, aplicada de forma voluntaria pero efectiva.

    Sin embargo, todavía queda un punto pendiente. La certificación no es obligatoria y eso significa que el aguacate proveniente de huertos con deforestación reciente aún puede entrar a Estados Unidos, siempre que se venda a través de empresas que no adoptaron el esquema. Por eso, en junio, más de 50 organizaciones ambientales y de alimentación pidieron públicamente a más supermercados estadounidenses que exijan proveedores certificados por PFA.

    En otras palabras, el modelo ya demostró que puede funcionar a gran escala en poco tiempo, pero su éxito total depende de que el resto de la cadena comercial (los supermercados que todavía no se han pronunciado) decida sumarse. Mientras eso no ocurra, una parte del mercado seguirá abierta para el aguacate ligado a la tala reciente de bosques mexicanos.

    Fuente: Perishable News

  • Uva mexicana enfrenta su reto climático más grande

    Uva mexicana enfrenta su reto climático más grande

    La temporada 2026 de uva de mesa en México terminó muy lejos de lo que se esperaba. En lugar de las 19 a 20 millones de cajas proyectadas, los exportadores se quedaron cortos, y Sergio Lugo, director de Mexico Table Grapes y de la Asociación Sonorense de Productores de Uva de Mesa, describió el ciclo como difícil y muy complejo.

    Su explicación va directo al origen del problema: El clima se comportó de forma completamente distinta a lo previsto.

    Todo comenzó en invierno, cuando temperaturas más cálidas de lo normal impidieron que los viñedos acumularan las horas frío necesarias para su desarrollo. Después, cuando el cultivo requería calor para avanzar, llegaron temperaturas bajas en su lugar. Y en marzo, justo durante la floración y la brotación (etapas críticas para la planta), se registró una ola de calor extremo que alcanzó casi 40°C.

    Este desorden climático adelantó la cosecha de forma inusual. Mientras que normalmente el corte arranca en la última semana de abril, este año comenzó a mediados de mes, entre dos y tres semanas antes de lo habitual según la variedad. Esto concentró una parte enorme de la producción en mayo, mes que casi duplicó su volumen típico (de alrededor de cinco millones de cajas a casi diez millones).

    Las variedades Sweet Globe, Sweet Celebration y Flame fueron las más golpeadas en términos de rendimiento. Además, el calor de marzo afectó la calidad de una parte de la fruta, sobre todo en Sweet Globe y Sweet Celebration, lo que ya llevó a los productores a trabajar junto con obtentores para mejorar el desempeño de estas variedades.

    El adelanto de la cosecha también trajo consecuencias comerciales. Cuando arrancó la temporada mexicana, Estados Unidos (su principal destino) ya recibía una fuerte oferta de Chile y de Jalisco, lo que presionó los precios de las variedades tempranas de Sonora hacia abajo. El mercado terminó por equilibrarse, pero para entonces ya se había comercializado gran parte de la cosecha sonorense en condiciones desfavorables.

    A esto se sumó que las exportaciones semanales nunca superaron los 2.8 millones de cajas, por debajo del consumo base estimado en Estados Unidos, que ronda los 3 millones de cajas semanales. En otras palabras, la industria no logró abastecer su propio mercado objetivo ni siquiera en su mejor momento de la temporada.

    De cara al futuro, el sector ya está reaccionando con un cambio de fondo en las variedades que planta. Flame, que llegó a representar hasta 10 millones de cajas exportadas, hoy se ubica cerca de 3.7 millones, y su participación seguirá cayendo. En su lugar crece la superficie de Sweet Globe, Sweet Celebration, Timson, Cotton Candy, Summer Royal y Ruby Rose.

    Para la próxima temporada, entre 70-75% de la superficie total estará ocupada por variedades propias o nuevas, dejando a las tradicionales apenas entre 25-30%.

    La apuesta no se limita a las variedades. Los productores también exploran agricultura protegida, ajustes en el manejo agronómico y pruebas de campo, además de dar seguimiento cercano a expertos en clima. Para Lugo, el cambio climático ya es una realidad y representa el próximo gran desafío para toda la industria de la uva de mesa, no solo en México, sino en todo el hemisferio.

    Fuente: FreshFruitPortal.com

  • Precios bajos del agave dejan la puerta abierta al picudo

    Precios bajos del agave dejan la puerta abierta al picudo

    El agave mexicano atraviesa uno de sus peores momentos en años recientes, y esta vez el problema no es solo económico. El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA) advirtió que la caída sostenida en el precio de esta planta está llevando a muchos productores a dejar de atender sus parcelas, algo que abre la puerta a una plaga que puede volverse muy difícil de controlar, el picudo del agave.

    Para entender por qué está pasando esto hay que regresar a 2019 y 2022, cuando el agave alcanzó precios históricamente altos gracias al auge exportador del tequila. Miles de productores, atraídos por esas ganancias, sembraron nuevas superficies pensando que la tendencia se mantendría.

    El problema es que la demanda de la industria tequilera no creció al mismo ritmo que la producción, así que hoy existe un excedente enorme de agave que nadie está comprando al precio que los productores necesitan.

    Los números son contundentes. En 2023, la tonelada de agave llegó a costar 18,730 pesos, su máximo histórico. Para 2025 el precio promedio ya había bajado a 12,500 pesos (una caída de 29.5%), y las proyecciones del GCMA apuntan a que en 2026 podría desplomarse hasta 4,500 pesos por tonelada, es decir, una baja acumulada de 63.8% frente al pico de 2023.

    El GCMA calcula que la industria terminó 2025 con 17 millones de piñas de agave almacenadas, y que ese inventario podría crecer hasta 50 millones de piñas en 2026 (un salto de 194%). Con reservas suficientes para cubrir 18 meses de demanda, las empresas tequileras simplemente no tienen motivo para comprar más materia prima, lo que deja a los productores sin ingresos suficientes para mantener sus cultivos.

    Ahí es donde entra el riesgo sanitario. Sin manejo adecuado, las plantaciones descuidadas se convierten en un ambiente ideal para que el picudo del agave (Scyphophorus acupunctatus) se reproduzca sin control.

    Esta plaga no solo amenaza los cultivos abandonados, sino que puede extenderse hacia parcelas vecinas que sí están recibiendo seguimiento, poniendo en riesgo a toda la cadena productiva, no solo a quienes decidieron dejar de invertir.

    Guanajuato tiene mucho que perder en este escenario. El estado es el segundo productor nacional de agave tequilero, con más de 401,000 toneladas registradas en 2024, un volumen que generó más de 7,000 millones de pesos. Junto con Jalisco y Michoacán, concentra 81% de toda la producción del país bajo la Denominación de Origen del Tequila. En 2025, además, Guanajuato exportó más de 1.1 millones de litros de tequila, con un valor superior a 13.7 millones de dólares.

    Lo que está en juego, entonces, no es solo el ingreso inmediato de los productores agaveros, sino la salud futura de una agroindustria que sostiene miles de empleos y una parte importante de las exportaciones agroalimentarias del estado.

    Si la plaga avanza sin control mientras los precios siguen deprimidos, el ciclo se vuelve más difícil de romper, porque cada vez habrá menos incentivos económicos para invertir en el manejo fitosanitario que evitaría el problema.

    Por ahora solo tenemos una advertencia, pero el margen para actuar antes de que la plaga se vuelva incontrolable depende de decisiones que muchos productores, sin ingresos suficientes, difícilmente pueden tomar.

    Fuente: Líder Empresarial

  • Aguacate mexicano de exportación al 90% de certificación

    Aguacate mexicano de exportación al 90% de certificación

    Durante años, el aguacate que llega a Estados Unidos desde México cargó con una etiqueta incómoda, de ser uno de los cultivos más asociados a la pérdida de bosques.

    Eso empieza a cambiar gracias a un programa de certificación llamado Pro-Forest Agriculture (PFA), creado apenas en 2024, pero que ya cubre a más del 90% de las exportaciones de aguacate mexicano hacia Estados Unidos. Y lo logró en menos de dos años.

    El programa nació de una alianza entre la organización ambiental mexicana Guardián Forestal y el gobierno del estado de Michoacán, la región que concentra la mayor parte de la producción. Su funcionamiento es, en esencia, un sistema de vigilancia satelital.

    Usa imágenes satelitales, inteligencia artificial y análisis geoespacial para identificar qué huertas han talado bosque desde 2018 o tienen sanciones ambientales pendientes. Con esa información, empacadoras, procesadoras de guacamole y productoras de aceite de aguacate pueden excluir a esos proveedores de su cadena de suministro.

    Hoy participan de forma voluntaria unas 80 empresas mexicanas, y el sistema de monitoreo ya cubre más de 53 mil huertas repartidas en más de 200 mil hectáreas, en los seis estados donde se produce aguacate a escala relevante.

    Lo interesante aquí no es solo la tecnología, sino quién empujó el cambio. Las cadenas minoristas estadounidenses fueron el motor principal de esta adopción tan rápida. Costco se comprometió en 2025 a reducir la deforestación en su cadena de aguacate y a impulsar a sus proveedores hacia la certificación PFA. Sprouts Farmers Market fue más lejos y en mayo de 2026 anunció que todo su aguacate mexicano debe venir de proveedores certificados. Ese tipo de exigencia, viniendo de compradores grandes, es lo que obliga a toda la cadena (desde el huerto hasta la empacadora) a moverse.

    Hay un antecedente que ayuda a entender por qué esto importa tanto. En 2023, la organización Climate Rights International publicó un reporte llamado “Unholy Guacamole”, donde documentó cómo la producción de aguacate para exportación había alimentado deforestación, escasez de agua y violencia en comunidades locales de Michoacán.

    Un año después, otro reporte de la misma organización señaló que cuatro grandes comercializadoras seguían comprando aguacate de huertas recién deforestadas, pese a tener compromisos corporativos de sostenibilidad. Esas mismas cuatro empresas ahora participan en el programa PFA.

    Esto muestra algo relevante sobre cómo cambian las cadenas de suministro agrícolas. No fue una ley la que movió la aguja, sino la presión combinada de organizaciones civiles, reportes públicos y, sobre todo, decisiones de compra de los grandes minoristas. Cuando una cadena como Costco o Sprouts pone una condición de este tipo, los proveedores no tienen mucho margen para ignorarla si quieren seguir vendiéndoles.

    Aun así, el trabajo no está terminado. La certificación sigue siendo voluntaria, lo que significa que los productores vinculados a deforestación reciente todavía pueden vender en el mercado estadounidense a través de compañías que no han adoptado el sistema PFA.

    En junio pasado, más de 50 organizaciones ambientales y de alimentación pidieron públicamente a más supermercados estadounidenses que exijan esta certificación a sus proveedores. La lógica es simple, mientras no todas las grandes cadenas lo exijan, siempre habrá una puerta abierta para el aguacate ligado a la tala reciente.

    Lo que sí queda claro es que este caso se está usando como modelo. Si un sistema de monitoreo satelital y presión de retail logró transformar en menos de dos años una cadena de suministro tan grande y compleja como la del aguacate mexicano, la pregunta que queda flotando es si algo similar podría replicarse en otros cultivos con problemas parecidos.

    Fuente: Perishable News

  • Los mayores retos para el comercio agrícola norteamericano

    Los mayores retos para el comercio agrícola norteamericano

    Jalisco acaba de poner en marcha un plan que podría cambiar el futuro del mango mexicano. La Agencia de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria de Jalisco (ASICA) lidera un programa integral que busca mejorar el estatus fitosanitario del cultivo, con foco especial en la mosca de la fruta, que hoy es la principal barrera para exportar sin restricciones.

    ASICA no trabaja sola. Se coordina con la Asociación de Exportadores de Mango de México (EMEX), la Secretaría de Agricultura de Jalisco y las Juntas Locales de Sanidad Vegetal. Esta alianza es relevante porque el problema de la mosca de la fruta no se resuelve solo con sanidad vegetal (también hay que atender productividad, nutrición del cultivo y organización de los productores). Es un enfoque más completo que atacar la plaga de forma aislada.

    El proyecto piloto arranca en 2026 sobre aproximadamente 1,500 hectáreas en Tomatlán, una de las zonas mangueras más importantes del estado. Ahí se instalarán estaciones cebo, se intensificará el trampeo (monitoreo constante de la plaga) y se aplicarán tratamientos localizados con drones. La meta tiene fechas concretas: Para 2027 se espera identificar huertos temporalmente libres de mosca y para 2028 buscar el reconocimiento oficial como zona de baja prevalencia. Después vendría el paso más ambicioso, que es la declaración de zona libre.

    Aquí está el corazón del asunto. Cuando una zona logra estatus fitosanitario superior, deja de depender tanto de tratamientos cuarentenarios como el hidrotérmico, que Estados Unidos exige actualmente para el mango mexicano. Ese tratamiento tiene un costo, un tiempo de proceso y puede afectar la calidad de la fruta. Si Jalisco reduce esa dependencia, los exportadores ahorran dinero y ganan velocidad, lo que se traduce en mejor posición frente a competidores de otros países que ya avanzan en la misma dirección (Guatemala, por ejemplo, también apunta a exportar mango libre de mosca de la fruta).

    Lo interesante es que el presupuesto inicial es bajo (unos 650,000 pesos mexicanos solo para las estaciones cebo), pero el proyecto se sostiene combinando recursos estatales, federales y de los propios productores, además del apoyo técnico y tecnológico de ASICA. Esto muestra que no se trata de una inversión aislada, sino de un esfuerzo colectivo donde cada actor pone algo.

    También hay una dosis de realismo en el discurso oficial. El director de ASICA reconoce que eliminar por completo las plagas es prácticamente imposible, porque forman parte del equilibrio de los ecosistemas agrícolas. La meta es mantenerlas por debajo del umbral que causa daño económico, y eso exige vigilancia permanente, no una solución de una sola vez.

    Además, advierte que el cambio climático puede generar nuevas plagas o modificar el comportamiento de las que ya existen, lo que obliga a mantener esa vigilancia de forma sostenida en el tiempo.

    Si el plan funciona como se espera, el impacto no sería solo fitosanitario. Se abriría la puerta a nuevos mercados internacionales y Jalisco reforzaría su posición como una de las principales regiones productoras de mango en México.

    Este un ejemplo de cómo la sanidad agrícola, cuando se planifica con visión de mediano plazo, termina siendo también una estrategia comercial.

    Fuente: Portal Frutícola

  • Jalisco tiene un plan contra la mosca de la fruta en mango

    Jalisco tiene un plan contra la mosca de la fruta en mango

    Jalisco acaba de poner en marcha un plan que podría cambiar el futuro del mango mexicano. La Agencia de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria de Jalisco (ASICA) lidera un programa integral que busca mejorar el estatus fitosanitario del cultivo, con foco especial en la mosca de la fruta, que hoy es la principal barrera para exportar sin restricciones.

    ASICA no trabaja sola. Se coordina con la Asociación de Exportadores de Mango de México (EMEX), la Secretaría de Agricultura de Jalisco y las Juntas Locales de Sanidad Vegetal. Esta alianza es relevante porque el problema de la mosca de la fruta no se resuelve solo con sanidad vegetal (también hay que atender productividad, nutrición del cultivo y organización de los productores). Es un enfoque más completo que atacar la plaga de forma aislada.

    El proyecto piloto arranca en 2026 sobre aproximadamente 1,500 hectáreas en Tomatlán, una de las zonas mangueras más importantes del estado. Ahí se instalarán estaciones cebo, se intensificará el trampeo (monitoreo constante de la plaga) y se aplicarán tratamientos localizados con drones. La meta tiene fechas concretas: Para 2027 se espera identificar huertos temporalmente libres de mosca y para 2028 buscar el reconocimiento oficial como zona de baja prevalencia. Después vendría el paso más ambicioso, que es la declaración de zona libre.

    Aquí está el corazón del asunto. Cuando una zona logra estatus fitosanitario superior, deja de depender tanto de tratamientos cuarentenarios como el hidrotérmico, que Estados Unidos exige actualmente para el mango mexicano. Ese tratamiento tiene un costo, un tiempo de proceso y puede afectar la calidad de la fruta. Si Jalisco reduce esa dependencia, los exportadores ahorran dinero y ganan velocidad, lo que se traduce en mejor posición frente a competidores de otros países que ya avanzan en la misma dirección (Guatemala, por ejemplo, también apunta a exportar mango libre de mosca de la fruta).

    Lo interesante es que el presupuesto inicial es bajo (unos 650,000 pesos mexicanos solo para las estaciones cebo), pero el proyecto se sostiene combinando recursos estatales, federales y de los propios productores, además del apoyo técnico y tecnológico de ASICA. Esto muestra que no se trata de una inversión aislada, sino de un esfuerzo colectivo donde cada actor pone algo.

    También hay una dosis de realismo en el discurso oficial. El director de ASICA reconoce que eliminar por completo las plagas es prácticamente imposible, porque forman parte del equilibrio de los ecosistemas agrícolas. La meta es mantenerlas por debajo del umbral que causa daño económico, y eso exige vigilancia permanente, no una solución de una sola vez.

    Además, advierte que el cambio climático puede generar nuevas plagas o modificar el comportamiento de las que ya existen, lo que obliga a mantener esa vigilancia de forma sostenida en el tiempo.

    Si el plan funciona como se espera, el impacto no sería solo fitosanitario. Se abriría la puerta a nuevos mercados internacionales y Jalisco reforzaría su posición como una de las principales regiones productoras de mango en México.

    Este un ejemplo de cómo la sanidad agrícola, cuando se planifica con visión de mediano plazo, termina siendo también una estrategia comercial.

    Fuente: Portal Frutícola

  • Las guerras globales impulsan al pepino mexicano en EE.UU.

    Las guerras globales impulsan al pepino mexicano en EE.UU.

    México podría convertirse en el principal proveedor de pepino para Estados Unidos, y la razón no tiene que ver con mejores cosechas ni con nueva tecnología agrícola. Tiene que ver con la guerra (o las guerras).

    Rusia, Ucrania e Irán figuran entre los mayores productores de pepino del mundo, pero los tres países están atravesando conflictos armados que han trastocado su capacidad de sembrar, cosechar y exportar con normalidad.

    Así lo explicó Ismael Plascencia López (coordinador de la licenciatura en negocios internacionales del programa global de CETYS Universidad Campus Tijuana) durante la conferencia Panorama Económico 2026: De la Geopolítica al Surco. Según el especialista, ese vacío que dejan los países en conflicto abre una oportunidad para que los productores mexicanos, sobre todo los de Baja California, ganen más espacio en el mercado estadounidense.

    Y de hecho, los números ya lo reflejan. De enero a mayo de 2026, las exportaciones mexicanas de pepino y pepinillo hacia Estados Unidos, Canadá y el resto del mundo crecieron 6.66%, según cifras del Banco de México. En ese periodo, los productores vendieron 378.7 millones de dólares en pepino y pepinillo a Estados Unidos y Canadá, cifra superior a los 355.0 millones de dólares registrados en el mismo lapso del año anterior.

    México llega a este escenario con una posición ya dominante. Actualmente es el mayor exportador de pepino del planeta, con casi 880 mil toneladas colocadas en distintos mercados, y abastece alrededor del 80% de todo el pepino que Estados Unidos importa. Esa dependencia convierte al cultivo en una pieza relevante para la seguridad alimentaria de Norteamérica, porque cualquier tropiezo en la producción mexicana repercutiría directamente en el abasto del vecino del norte.

    Ensenada y San Quintín concentran buena parte de ese liderazgo, sobre todo en las variedades persa e italiana, que son las más pedidas por los consumidores estadounidenses. Ahí también se cultivan otras variedades como el blanco, el europeo, el pickle y el americano chino (este último, el de mayor producción en el país).

    Ahora bien, la ventaja mexicana no depende únicamente de la guerra ajena. En 2024 se produjeron más de 959 mil toneladas de pepino en territorio nacional (el 6% de toda la producción de hortalizas del país), y ese mismo año las exportaciones superaron los 800 millones de dólares, siendo el mejor periodo registrado con 895.8 millones de dólares. El segundo mejor año fue 2023, con 804.9 millones de dólares. Esto confirma que el crecimiento venía ya en marcha antes de que se agravaran los conflictos en Europa y Medio Oriente.

    Lo que sí cambia con la guerra es el ritmo y la firmeza de esa tendencia. Si Rusia, Ucrania e Irán mantienen limitada su capacidad exportadora, Estados Unidos tendrá menos opciones fuera de México para cubrir su demanda, y eso le da a los productores mexicanos mayor margen para negociar precios y ampliar contratos.

    Al mismo tiempo, esa concentración también trae un riesgo, porque cualquier problema climático, sanitario o comercial en Baja California golpearía directamente el abasto estadounidense, sin un proveedor alterno de ese tamaño a la vista.

    Fuente: Forbes México