La oferta de limón persa mexicano en Estados Unidos atraviesa un periodo de escasez que podría prolongarse hasta finales de este mes de septiembre. El problema no es solamente que haya menos fruta disponible. También coincide con una transición de cosecha en la que buena parte del limón todavía no alcanza el tamaño ni la madurez necesarios para entrar al mercado.
La disponibilidad ya era limitada y varios factores han reducido aún más el flujo. La celebración de la Independencia de México interrumpió temporalmente las labores de productores y empacadores. A esto se suman las lluvias previstas, que pueden retrasar la cosecha y, con ello, el cruce de mercancía hacia Estados Unidos. Son pausas cortas, pero llegan en un momento en que el mercado tiene poco margen para absorber cualquier retraso adicional.
El punto central está en el calibre. La nueva cosecha ofrece una perspectiva favorable en calidad para los próximos meses, pero gran parte de la fruta sigue en desarrollo. Los productores están esperando que el limón gane tamaño antes de aumentar la recolección. En este momento, la cosecha se concentra principalmente en los calibres 250, 230 y 200.
Esto ayuda a explicar por qué el aumento de volumen no puede ocurrir de inmediato. Cosechar antes permitiría colocar más fruta en el mercado, pero también significaría hacerlo cuando todavía no ha alcanzado el tamaño esperado. La restricción actual, por tanto, no depende solamente de la cantidad de fruta en los árboles. Depende de cuándo esa fruta llega a condiciones adecuadas para ser recolectada y comercializada.
Además, la transición hacia la nueva cosecha ocurre casi un mes más tarde que el año pasado. La falta de lluvia durante el periodo de floración podría haber contribuido a que los calibres sean más pequeños. Ahora las lluvias están presentes, pero su efecto es doble. Por un lado, favorecen el desarrollo del fruto. Por otro, pueden frenar temporalmente las labores de cosecha.
La expectativa es que entre finales de septiembre y mediados de octubre aparezca un volumen considerable. Hasta entonces, la combinación de fruta aún inmadura, menor calibre y posibles retrasos de cosecha mantiene limitada la oferta. Esa presión ya se refleja en los precios de campo, que están subiendo ante la menor disponibilidad.
En otras palabras, el mercado enfrenta una escasez que no se corrige con rapidez porque el límite está dentro del propio cultivo. El volumen puede aumentar cuando la fruta avance en tamaño y madurez, no simplemente cuando exista mayor intención de cosechar.
Para el mercado, esto significa que la normalización depende más del desarrollo físico de la fruta que de una decisión inmediata de cosechar más. Los productores tienen pocos incentivos para acelerar la recolección mientras buena parte del limón siga sin madurar. Hacerlo no resolvería de fondo la restricción de oferta y podría comprometer el tamaño de la fruta disponible.
El escenario descrito apunta a una presión temporal y vinculada al ciclo productivo. La nueva cosecha está en marcha y no se anticipan problemas importantes de calidad, pero el mercado necesita esperar a que el limón gane calibre. Mientras eso ocurre, cualquier interrupción adicional en cosecha o logística puede sentirse con mayor fuerza porque la oferta disponible ya es reducida.
Fuentes: FreshPlaza

