México y EE.UU. reabren el debate comercial por el maíz

México y EE.UU. reabren el debate comercial por el maíz

El maíz amarillo genéticamente modificado vuelve a colocarse en un punto sensible de la relación agrícola entre México y Estados Unidos. La nueva ronda de conversaciones vinculadas al T-MEC está prevista para el 28 y 29 de septiembre en Washington. Aunque la revisión del acuerdo abarca muchos temas, el maíz concentra atención porque combina comercio, regulación agrícola y seguridad de abastecimiento.

Para Estados Unidos, México es un mercado estratégico para su maíz amarillo. Ese grano se utiliza sobre todo en alimentación animal y en distintos procesos industriales. Mantener abierto ese flujo importa a productores y exportadores estadounidenses porque cualquier nueva restricción puede afectar uno de sus principales destinos comerciales.

Para México, la discusión es distinta pero igual de sensible. El país busca proteger sus variedades nativas y al mismo tiempo depende de importaciones de maíz amarillo para abastecer parte de su sector pecuario. Eso obliga a separar dos asuntos que suelen mezclarse en el debate público. Una cosa es el cultivo de maíz genéticamente modificado dentro de México y otra es la importación de grano destinado a alimentación animal o uso industrial. Por eso, una decisión regulatoria sobre el maíz puede terminar teniendo efectos que alcancen tanto al comercio como al abastecimiento pecuario.

La tensión actual no apareció de la nada. En 2023, el gobierno mexicano estableció medidas sobre ciertos usos del maíz genéticamente modificado. Estados Unidos llevó el tema al mecanismo de solución de controversias del T-MEC al considerar que algunas restricciones carecían de sustento suficiente y afectaban compromisos comerciales. El panel emitió su decisión en diciembre de 2024 y ese antecedente sigue condicionando cualquier nueva regulación mexicana con impacto sobre las importaciones.

Después llegó otro cambio importante. En 2025, México aprobó una reforma constitucional que reforzó la protección del maíz nativo. La modificación también estableció restricciones relacionadas con el cultivo de maíz genéticamente modificado y obligaciones públicas para conservar e investigar semillas nativas. Por eso, la discusión de ahora no gira solamente alrededor de lo que México quiere proteger, sino de cómo aplicará esas reglas sin reabrir un conflicto comercial dentro del T-MEC.

Estados Unidos busca mantener dentro de la negociación los compromisos sobre acceso a mercados, agricultura y medidas sanitarias y fitosanitarias. La preocupación es que futuras disposiciones mexicanas puedan convertirse otra vez en obstáculos para el ingreso de maíz amarillo destinado a usos pecuarios e industriales.

A esa presión se suma un problema logístico. Organizaciones agrícolas estadounidenses también han señalado demoras en el movimiento ferroviario de granos hacia México. Las inspecciones y los tiempos de ingreso de los cargamentos forman parte de las preocupaciones que el sector quiere colocar sobre la mesa.

Lo que ocurra en Washington será relevante porque obligará a ambos países a precisar hasta dónde llega cada prioridad. México intenta proteger su patrimonio de maíces nativos sin afectar el abastecimiento que necesita su sector pecuario. Estados Unidos busca preservar el acceso a un mercado clave. El punto delicado no es solo cuánto maíz cruza la frontera. Es cómo ambos gobiernos convierten sus objetivos internos en reglas compatibles con una relación comercial que sigue siendo profundamente interdependiente.

Fuentes: AgroLatam

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