Etiqueta: Estados Unidos

  • 40% de estadounidenses están comprando menos verduras

    40% de estadounidenses están comprando menos verduras

    Estados Unidos enfrenta uno de sus brotes más grandes de cyclosporiasis en años recientes. Ya son más de 16,000 personas contagiadas en más de 40 estados, con Michigan como el más afectado (supera los 9,200 casos). Al menos 300 personas han sido hospitalizadas, aunque hasta ahora no se han reportado muertes.

    La enfermedad la provoca el parásito cyclospora, que llega al cuerpo a través de agua o comida contaminada con restos fecales. Sus síntomas son bastante desagradables (diarrea explosiva, fiebre, fatiga y deshidratación) y por eso las autoridades siguen investigando el origen exacto del brote. Por ahora, algunos casos se han vinculado con lechuga iceberg, perejil y cilantro contaminados, aunque la fuente definitiva todavía no está confirmada.

    Lo interesante (y lo que realmente importa entender) es cómo está reaccionando la gente ante esta noticia. Una encuesta de CBS News aplicada a más de 2,000 adultos encontró que 40% de los estadounidenses ya está comprando o comiendo menos frutas y verduras frescas por miedo al contagio. Y eso ocurre incluso cuando 43% de las personas dice apenas seguir la noticia “de forma moderada”, así que la reacción no necesariamente corresponde con qué tan informada está la población.

    Aquí es donde el análisis se vuelve relevante. Reducir el consumo de productos frescos suena como una decisión lógica frente a un brote de este tamaño, pero varios expertos en salud advierten que esta reacción puede generar un daño distinto, quizás incluso mayor a largo plazo.

    La doctora Leana Wen, médica de urgencias, señaló en una columna que 90% de los estadounidenses ya come muy pocas verduras y 80% muy poca fruta. Es decir, el punto de partida ya era insuficiente antes del brote. Si el miedo hace que la gente evite todavía más estos alimentos, el riesgo no desaparece, simplemente cambia de forma (menos casos de cyclosporiasis, pero más casos de obesidad, enfermedades cardiacas o problemas digestivos ligados a una mala alimentación).

    Por eso los especialistas en seguridad alimentaria insisten en un mensaje distinto al del pánico generalizado. En lugar de dejar de comprar frutas y verduras por completo, recomiendan estar al pendiente de los productos específicos que sí se han vinculado al brote, revisar alertas y retiros de mercado, lavar los alimentos con agua potable y mantener una dieta balanceada.

    El profesor Darin Detwiler lo resume con claridad al decir que los beneficios nutricionales de las frutas y verduras superan por mucho el riesgo puntual que representa un brote específico.

    También hay una pista relevante sobre cómo pudo originarse un contagio de esta magnitud. El investigador Keith Schneider explicó que, para que se acumule un número tan alto de casos, probablemente se necesitó una gran cantidad de cultivos regados con agua contaminada con cyclospora, lo que apunta más hacia un problema en la cadena de riego agrícola que hacia un caso aislado de contaminación.

    En resumen, el brote no solo es un tema de salud pública inmediato, también está moviendo la confianza del consumidor hacia el sector agrícola completo, incluso hacia productores que no tienen relación alguna con la contaminación original.

    Fuente: The Independent

  • Aguacate mexiquense espera luz verde de Estados Unidos

    Aguacate mexiquense espera luz verde de Estados Unidos

    El Estado de México podría convertirse pronto en el tercer estado mexicano autorizado para exportar aguacate a Estados Unidos, después de Michoacán y Jalisco. La región cuenta con alrededor de 13 mil 500 hectáreas sembradas y una producción anual cercana a las 145 mil toneladas, lo que la ubica entre los tres principales productores del fruto en el país.

    Sin embargo, después de cuatro años de trabajo, certificaciones y preparación sanitaria, los productores siguen a la espera de una autorización que depende exclusivamente del gobierno estadounidense.

    Según Luis Eduardo Juárez, director general de la Asociación de Productores y Exportadores de Aguacate del Estado de México (APEAMEX), la zona de Temascaltepec ya cumple con los requisitos del plan bilateral de trabajo y su superficie de 1.880 hectáreas será propuesta para exportar. Las autoridades mexicanas, a través de SENASICA, ya validaron el cumplimiento del Plan de Trabajo Operativo Binacional, e incluso existen dos empaques listos para recibir la autorización del USDA/APHIS. En otras palabras, la parte mexicana ya terminó su tarea y ahora todo depende de una firma en Washington.

    Lo interesante (y también lo más incierto) es que nadie del sector sabe con certeza por qué se ha tardado tanto la aprobación. Juárez sugiere que el retraso podría estar relacionado con otros temas prioritarios de la agenda bilateral, como negociaciones comerciales y asuntos ligados al T-MEC.

    Esto revela algo importante sobre este tipo de procesos, ya que aunque la certificación técnica de un producto agrícola puede estar lista, su autorización final termina sujeta a la dinámica política y comercial más amplia entre los dos países.

    El impacto de esta apertura, si finalmente llega, tendría un carácter muy particular. A diferencia de otros procesos de expansión agrícola que suelen beneficiar primero a grandes empresas, en este caso más del 90% de los productores de la zona poseen menos de cinco hectáreas, por lo que se trata de una actividad mayoritariamente familiar.

    Y aunque la entrada al mercado estadounidense podría atraer capital e interesados de mayor escala, Juárez considera que la estructura productiva difícilmente cambiará, en buena medida porque existe un fuerte sentido de identidad y pertenencia en torno al aguacate mexiquense.

    En términos de volumen, el Estado de México no busca competir con Michoacán, que se encuentra a poco menos de 280 kilómetros de distancia. Las proyecciones apuntan a que aportaría apenas entre 1.5% y 2% de lo que produce actualmente ese estado, por lo que el objetivo real es consolidarse como un origen adicional de suministro, no como un competidor directo. Hoy, 96% del aguacate producido en la entidad se vende en el mercado interno, mientras que Canadá recibe 3% y Japón 1%.

    Otro elemento relevante es el cuidado ambiental que reivindica el sector, ya que se asegura que las nuevas plantaciones no invadan zonas forestales, verificando que los terrenos estén clasificados como agrícolas antes de autorizar cualquier huerta.

    A esto se suma el registro de la marca “Aguacate Mexiquense”, con la que buscan fortalecer su identidad comercial y avanzar hacia un reconocimiento similar a una denominación de origen.

    Mientras se resuelve el tema en Estados Unidos, los productores seguirán fortaleciendo la sanidad y calidad del cultivo, con la mirada puesta en el próximo periodo de certificaciones previsto para otoño.

    Fuente: Portal Frutícola

  • 90% del aguacate mexicano a EE.UU. ya tiene sello forestal

    90% del aguacate mexicano a EE.UU. ya tiene sello forestal

    Durante años, el aguacate mexicano cargó con una reputación incómoda. Detrás de cada aguacate que llegaba a un supermercado en Estados Unidos podía haber un pedazo de bosque talado en Michoacán, el estado que concentra la mayor parte de la producción del país.

    De hecho, un reporte de 2023 de la organización Climate Rights International, llamado “Unholy Guacamole”, documentó cómo esta cadena de exportación había impulsado deforestación, escasez de agua y violencia en comunidades locales.

    Sin embargo, en apenas dos años, un programa de certificación llamado Pro-Forest Agriculture (PFA) logró que más del 90% del aguacate mexicano exportado a Estados Unidos provenga de huertos verificados como libres de deforestación reciente. El programa nació en 2024 gracias a la organización mexicana Guardián Forestal, con el respaldo del gobierno de Michoacán, y hoy ya cubre los seis estados productores de aguacate del país, con más de 53,000 huertos monitoreados en una superficie superior a 200,000 hectáreas.

    La forma en que funciona es lo interesante. En lugar de depender de inspecciones tradicionales, el sistema combina imágenes satelitales, inteligencia artificial y análisis geoespacial para detectar si un huerto se estableció sobre tierra deforestada después de 2018 o si tiene sanciones ambientales pendientes. Con esa información, las empresas exportadoras pueden decidir, con datos concretos, de qué huertos comprar y de cuáles no.

    Aquí es donde entra la parte que realmente aceleró el proceso, que son los propios compradores. Cadenas como Costco se comprometieron en 2025 a reducir la deforestación en su cadena de suministro de aguacate, y en mayo de 2026 Sprouts Farmers Market anunció que todo el aguacate mexicano que compra debe venir de proveedores certificados por PFA. Incluso las cuatro grandes comercializadoras señaladas en 2024 por seguir comprando a huertos deforestados (Calavo Growers, Fresh Del Monte, Mission Produce y West Pak Avocado) ya participan en el programa.

    Esto muestra algo que va más allá del aguacate. Cuando los grandes compradores exigen trazabilidad, la industria se mueve rápido, incluso más rápido que muchas regulaciones gubernamentales. El poder de compra de unas cuantas cadenas comerciales terminó funcionando como una especie de política ambiental de facto, aplicada de forma voluntaria pero efectiva.

    Sin embargo, todavía queda un punto pendiente. La certificación no es obligatoria y eso significa que el aguacate proveniente de huertos con deforestación reciente aún puede entrar a Estados Unidos, siempre que se venda a través de empresas que no adoptaron el esquema. Por eso, en junio, más de 50 organizaciones ambientales y de alimentación pidieron públicamente a más supermercados estadounidenses que exijan proveedores certificados por PFA.

    En otras palabras, el modelo ya demostró que puede funcionar a gran escala en poco tiempo, pero su éxito total depende de que el resto de la cadena comercial (los supermercados que todavía no se han pronunciado) decida sumarse. Mientras eso no ocurra, una parte del mercado seguirá abierta para el aguacate ligado a la tala reciente de bosques mexicanos.

    Fuente: Perishable News

  • Los consumidores no compran lo que no ven bien

    Los consumidores no compran lo que no ven bien

    Cuando alguien elige fruta en el supermercado, especialmente en Estados Unidos, lo que más pesa en su decisión no es una etiqueta orgánica ni un sello de sostenibilidad. Es algo mucho más simple: Poder ver el producto. Así lo confirma una investigación reciente de la firma Category Partners, que estudió qué elementos del envase realmente influyen en la compra de frutas y hortalizas.

    La conclusión central es que los compradores prefieren envases con la mayor superficie transparente posible, incluso por encima de mensajes sobre certificaciones o prácticas ambientales. Cara Ammon, vicepresidenta senior de Investigación e Inteligencia de Mercado de la firma, lo resume con una frase: Nadie quiere llevar una caja de fruta a casa y descubrir que está llena de fresas podridas.

    Este hallazgo tiene sentido si se piensa en cómo compra la gente. El precio y la calidad siguen siendo los factores decisivos en cualquier caso. Pero la visibilidad funciona como una especie de garantía inmediata de esa calidad. Un consumidor puede leer que un producto es orgánico o reciclable, pero esa información no le dice nada sobre si la fruta está fresca en ese momento. Ver el producto sí lo hace, y de forma instantánea.

    Aquí es donde el estudio aporta un matiz importante para quienes empacan y comercializan frutas y hortalizas. No se trata de eliminar los mensajes del envase, sino de jerarquizarlos. Según Ammon, lo orgánico suele posicionarse por encima de la sostenibilidad y la reciclabilidad en las preferencias del consumidor, y la marca del producto también queda relegada a un nivel similar.

    Además, detectaron algo interesante y es que muchos compradores asocian las etiquetas orgánicas con precios más altos, lo que genera reacciones distintas según el perfil de quien compra.

    Esto tiene una implicación práctica bastante concreta para la industria. Si el espacio en el frente de un envase es limitado (y siempre lo es) entonces cada mensaje que se agrega compite directamente contra la posibilidad de mostrar el producto. Sobrecargar el empaque con textos y sellos puede terminar restándole efectividad, en lugar de sumarle.

    El estudio también identifica una tendencia relacionada con el segmento premium. Los envases con apariencia más cuidada facilitan la venta de productos de mayor valor, sobre todo entre consumidores jóvenes. Ammon explica que esta demanda por experiencias premium en casa se aceleró durante la pandemia y se mantuvo después, particularmente entre la Generación Z y los millennials, que buscan variedades únicas o de especialidad. El crecimiento de uvas de mesa con marca propia es un ejemplo de hacia dónde va este apetito por lo diferenciado.

    Aun así, la firma reconoce que todavía falta investigar más a fondo cómo se relaciona el material del envase con la disposición real de los consumidores a pagar más. No es una fórmula automática donde un empaque más elegante garantiza mejores ventas.

    El mensaje final para los empacadores es que antes de decidir qué va en el frente de una caja o una bolsa, conviene investigar qué le importa realmente a cada categoría de producto y a cada perfil de comprador, porque las prioridades cambian según el caso.

    Y sobre todo, dejar que la fruta hable por sí misma. Como lo plantea Ammon, lo importante es asegurarse de que el consumidor pueda ver el producto, sin dejar de incluir los mensajes verdaderamente relevantes.

    Fuente: Portal Frutícola

  • Uva mexicana enfrenta su reto climático más grande

    Uva mexicana enfrenta su reto climático más grande

    La temporada 2026 de uva de mesa en México terminó muy lejos de lo que se esperaba. En lugar de las 19 a 20 millones de cajas proyectadas, los exportadores se quedaron cortos, y Sergio Lugo, director de Mexico Table Grapes y de la Asociación Sonorense de Productores de Uva de Mesa, describió el ciclo como difícil y muy complejo.

    Su explicación va directo al origen del problema: El clima se comportó de forma completamente distinta a lo previsto.

    Todo comenzó en invierno, cuando temperaturas más cálidas de lo normal impidieron que los viñedos acumularan las horas frío necesarias para su desarrollo. Después, cuando el cultivo requería calor para avanzar, llegaron temperaturas bajas en su lugar. Y en marzo, justo durante la floración y la brotación (etapas críticas para la planta), se registró una ola de calor extremo que alcanzó casi 40°C.

    Este desorden climático adelantó la cosecha de forma inusual. Mientras que normalmente el corte arranca en la última semana de abril, este año comenzó a mediados de mes, entre dos y tres semanas antes de lo habitual según la variedad. Esto concentró una parte enorme de la producción en mayo, mes que casi duplicó su volumen típico (de alrededor de cinco millones de cajas a casi diez millones).

    Las variedades Sweet Globe, Sweet Celebration y Flame fueron las más golpeadas en términos de rendimiento. Además, el calor de marzo afectó la calidad de una parte de la fruta, sobre todo en Sweet Globe y Sweet Celebration, lo que ya llevó a los productores a trabajar junto con obtentores para mejorar el desempeño de estas variedades.

    El adelanto de la cosecha también trajo consecuencias comerciales. Cuando arrancó la temporada mexicana, Estados Unidos (su principal destino) ya recibía una fuerte oferta de Chile y de Jalisco, lo que presionó los precios de las variedades tempranas de Sonora hacia abajo. El mercado terminó por equilibrarse, pero para entonces ya se había comercializado gran parte de la cosecha sonorense en condiciones desfavorables.

    A esto se sumó que las exportaciones semanales nunca superaron los 2.8 millones de cajas, por debajo del consumo base estimado en Estados Unidos, que ronda los 3 millones de cajas semanales. En otras palabras, la industria no logró abastecer su propio mercado objetivo ni siquiera en su mejor momento de la temporada.

    De cara al futuro, el sector ya está reaccionando con un cambio de fondo en las variedades que planta. Flame, que llegó a representar hasta 10 millones de cajas exportadas, hoy se ubica cerca de 3.7 millones, y su participación seguirá cayendo. En su lugar crece la superficie de Sweet Globe, Sweet Celebration, Timson, Cotton Candy, Summer Royal y Ruby Rose.

    Para la próxima temporada, entre 70-75% de la superficie total estará ocupada por variedades propias o nuevas, dejando a las tradicionales apenas entre 25-30%.

    La apuesta no se limita a las variedades. Los productores también exploran agricultura protegida, ajustes en el manejo agronómico y pruebas de campo, además de dar seguimiento cercano a expertos en clima. Para Lugo, el cambio climático ya es una realidad y representa el próximo gran desafío para toda la industria de la uva de mesa, no solo en México, sino en todo el hemisferio.

    Fuente: FreshFruitPortal.com

  • Granja vertical de fresa gestionada con inteligencia artificial

    Granja vertical de fresa gestionada con inteligencia artificial

    En Richmond, Virginia, ya opera la primera granja vertical interior de fresas a gran escala del mundo. La instalación, llamada Plenty Richmond, abrió el 24 de septiembre de 2024 y pertenece a la empresa Plenty Unlimited Inc. Lo que la hace distinta no es solo el hecho de cultivar fresas bajo techo, sino la escala en la que lo hace y la tecnología que usa para lograrlo.

    La granja está diseñada para producir cerca de 2,000 toneladas de fresas al año, todo esto en un espacio menor a una hectárea. Para conseguirlo, las plantas crecen en torres de 9 metros de altura, dentro de un área controlada de menos de 3,800 metros cuadrados. Ese es el primer punto que vale la pena entender. La agricultura vertical no compite por más tierra, compite por usar mejor el espacio que ya existe, apilando el cultivo en lugar de extenderlo.

    El segundo punto es el consumo de recursos. La instalación utiliza 97% menos tierra que un cultivo convencional y consume hasta 90% menos agua. Esto no es un detalle cualquiera, porque significa que la producción deja de depender tanto de las condiciones climáticas o de la disponibilidad de tierra fértil. Las fresas se producen todo el año, sin las variaciones que impone una temporada agrícola tradicional.

    Detrás de este resultado hay una década de investigación en un sistema de cultivo modular (aún pendiente de patente), diseñado para adaptarse a distintos tipos de cultivo. A eso se suma el papel de la inteligencia artificial, que analiza más de 10 millones de puntos de datos al día en 12 salas de cultivo. Con esa información, el sistema ajusta constantemente el entorno (luz, temperatura, riego) para cada etapa del crecimiento de la planta. En otras palabras, la IA no solo vigila el cultivo, lo administra en tiempo real.

    Otro factor que explica por qué este proyecto tiene peso en la industria es la alianza con Driscoll’s, empresa con más de un siglo de experiencia en berries y con genética propia patentada. Esa combinación (la infraestructura de Plenty más la genética de Driscoll’s) busca asegurar que la fruta mantenga el sabor y la calidad que el mercado espera, incluso fuera de temporada. Las primeras fresas de esta alianza ya están disponibles desde principios de 2025.

    El proyecto también tiene un componente económico relevante. La granja generará inicialmente más de 60 empleos, con planes de crecer hasta 300 puestos, dentro de una inversión proyectada de 300 millones de dólares en un campus agrícola de 50 hectáreas. Además, su ubicación permite abastecer a más de 100 millones de consumidores que están a un día de distancia por carretera.

    Lo que este caso deja ver es hacia dónde puede moverse parte de la producción de berries en los próximos años. Con menos tierra cultivable disponible y una población mundial en crecimiento, modelos como este ofrecen una alternativa para producir más fruta, con menor uso de recursos, sin depender del clima.

    No sustituye a la agricultura tradicional, pero sí muestra que la tecnología puede volver viable una producción constante, cercana a los grandes centros de consumo y con calidad predecible durante todo el año.

    Fuente: AgTech América

  • Aguacate mexicano de exportación al 90% de certificación

    Aguacate mexicano de exportación al 90% de certificación

    Durante años, el aguacate que llega a Estados Unidos desde México cargó con una etiqueta incómoda, de ser uno de los cultivos más asociados a la pérdida de bosques.

    Eso empieza a cambiar gracias a un programa de certificación llamado Pro-Forest Agriculture (PFA), creado apenas en 2024, pero que ya cubre a más del 90% de las exportaciones de aguacate mexicano hacia Estados Unidos. Y lo logró en menos de dos años.

    El programa nació de una alianza entre la organización ambiental mexicana Guardián Forestal y el gobierno del estado de Michoacán, la región que concentra la mayor parte de la producción. Su funcionamiento es, en esencia, un sistema de vigilancia satelital.

    Usa imágenes satelitales, inteligencia artificial y análisis geoespacial para identificar qué huertas han talado bosque desde 2018 o tienen sanciones ambientales pendientes. Con esa información, empacadoras, procesadoras de guacamole y productoras de aceite de aguacate pueden excluir a esos proveedores de su cadena de suministro.

    Hoy participan de forma voluntaria unas 80 empresas mexicanas, y el sistema de monitoreo ya cubre más de 53 mil huertas repartidas en más de 200 mil hectáreas, en los seis estados donde se produce aguacate a escala relevante.

    Lo interesante aquí no es solo la tecnología, sino quién empujó el cambio. Las cadenas minoristas estadounidenses fueron el motor principal de esta adopción tan rápida. Costco se comprometió en 2025 a reducir la deforestación en su cadena de aguacate y a impulsar a sus proveedores hacia la certificación PFA. Sprouts Farmers Market fue más lejos y en mayo de 2026 anunció que todo su aguacate mexicano debe venir de proveedores certificados. Ese tipo de exigencia, viniendo de compradores grandes, es lo que obliga a toda la cadena (desde el huerto hasta la empacadora) a moverse.

    Hay un antecedente que ayuda a entender por qué esto importa tanto. En 2023, la organización Climate Rights International publicó un reporte llamado “Unholy Guacamole”, donde documentó cómo la producción de aguacate para exportación había alimentado deforestación, escasez de agua y violencia en comunidades locales de Michoacán.

    Un año después, otro reporte de la misma organización señaló que cuatro grandes comercializadoras seguían comprando aguacate de huertas recién deforestadas, pese a tener compromisos corporativos de sostenibilidad. Esas mismas cuatro empresas ahora participan en el programa PFA.

    Esto muestra algo relevante sobre cómo cambian las cadenas de suministro agrícolas. No fue una ley la que movió la aguja, sino la presión combinada de organizaciones civiles, reportes públicos y, sobre todo, decisiones de compra de los grandes minoristas. Cuando una cadena como Costco o Sprouts pone una condición de este tipo, los proveedores no tienen mucho margen para ignorarla si quieren seguir vendiéndoles.

    Aun así, el trabajo no está terminado. La certificación sigue siendo voluntaria, lo que significa que los productores vinculados a deforestación reciente todavía pueden vender en el mercado estadounidense a través de compañías que no han adoptado el sistema PFA.

    En junio pasado, más de 50 organizaciones ambientales y de alimentación pidieron públicamente a más supermercados estadounidenses que exijan esta certificación a sus proveedores. La lógica es simple, mientras no todas las grandes cadenas lo exijan, siempre habrá una puerta abierta para el aguacate ligado a la tala reciente.

    Lo que sí queda claro es que este caso se está usando como modelo. Si un sistema de monitoreo satelital y presión de retail logró transformar en menos de dos años una cadena de suministro tan grande y compleja como la del aguacate mexicano, la pregunta que queda flotando es si algo similar podría replicarse en otros cultivos con problemas parecidos.

    Fuente: Perishable News

  • Los mayores retos para el comercio agrícola norteamericano

    Los mayores retos para el comercio agrícola norteamericano

    Jalisco acaba de poner en marcha un plan que podría cambiar el futuro del mango mexicano. La Agencia de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria de Jalisco (ASICA) lidera un programa integral que busca mejorar el estatus fitosanitario del cultivo, con foco especial en la mosca de la fruta, que hoy es la principal barrera para exportar sin restricciones.

    ASICA no trabaja sola. Se coordina con la Asociación de Exportadores de Mango de México (EMEX), la Secretaría de Agricultura de Jalisco y las Juntas Locales de Sanidad Vegetal. Esta alianza es relevante porque el problema de la mosca de la fruta no se resuelve solo con sanidad vegetal (también hay que atender productividad, nutrición del cultivo y organización de los productores). Es un enfoque más completo que atacar la plaga de forma aislada.

    El proyecto piloto arranca en 2026 sobre aproximadamente 1,500 hectáreas en Tomatlán, una de las zonas mangueras más importantes del estado. Ahí se instalarán estaciones cebo, se intensificará el trampeo (monitoreo constante de la plaga) y se aplicarán tratamientos localizados con drones. La meta tiene fechas concretas: Para 2027 se espera identificar huertos temporalmente libres de mosca y para 2028 buscar el reconocimiento oficial como zona de baja prevalencia. Después vendría el paso más ambicioso, que es la declaración de zona libre.

    Aquí está el corazón del asunto. Cuando una zona logra estatus fitosanitario superior, deja de depender tanto de tratamientos cuarentenarios como el hidrotérmico, que Estados Unidos exige actualmente para el mango mexicano. Ese tratamiento tiene un costo, un tiempo de proceso y puede afectar la calidad de la fruta. Si Jalisco reduce esa dependencia, los exportadores ahorran dinero y ganan velocidad, lo que se traduce en mejor posición frente a competidores de otros países que ya avanzan en la misma dirección (Guatemala, por ejemplo, también apunta a exportar mango libre de mosca de la fruta).

    Lo interesante es que el presupuesto inicial es bajo (unos 650,000 pesos mexicanos solo para las estaciones cebo), pero el proyecto se sostiene combinando recursos estatales, federales y de los propios productores, además del apoyo técnico y tecnológico de ASICA. Esto muestra que no se trata de una inversión aislada, sino de un esfuerzo colectivo donde cada actor pone algo.

    También hay una dosis de realismo en el discurso oficial. El director de ASICA reconoce que eliminar por completo las plagas es prácticamente imposible, porque forman parte del equilibrio de los ecosistemas agrícolas. La meta es mantenerlas por debajo del umbral que causa daño económico, y eso exige vigilancia permanente, no una solución de una sola vez.

    Además, advierte que el cambio climático puede generar nuevas plagas o modificar el comportamiento de las que ya existen, lo que obliga a mantener esa vigilancia de forma sostenida en el tiempo.

    Si el plan funciona como se espera, el impacto no sería solo fitosanitario. Se abriría la puerta a nuevos mercados internacionales y Jalisco reforzaría su posición como una de las principales regiones productoras de mango en México.

    Este un ejemplo de cómo la sanidad agrícola, cuando se planifica con visión de mediano plazo, termina siendo también una estrategia comercial.

    Fuente: Portal Frutícola

  • Las guerras globales impulsan al pepino mexicano en EE.UU.

    Las guerras globales impulsan al pepino mexicano en EE.UU.

    México podría convertirse en el principal proveedor de pepino para Estados Unidos, y la razón no tiene que ver con mejores cosechas ni con nueva tecnología agrícola. Tiene que ver con la guerra (o las guerras).

    Rusia, Ucrania e Irán figuran entre los mayores productores de pepino del mundo, pero los tres países están atravesando conflictos armados que han trastocado su capacidad de sembrar, cosechar y exportar con normalidad.

    Así lo explicó Ismael Plascencia López (coordinador de la licenciatura en negocios internacionales del programa global de CETYS Universidad Campus Tijuana) durante la conferencia Panorama Económico 2026: De la Geopolítica al Surco. Según el especialista, ese vacío que dejan los países en conflicto abre una oportunidad para que los productores mexicanos, sobre todo los de Baja California, ganen más espacio en el mercado estadounidense.

    Y de hecho, los números ya lo reflejan. De enero a mayo de 2026, las exportaciones mexicanas de pepino y pepinillo hacia Estados Unidos, Canadá y el resto del mundo crecieron 6.66%, según cifras del Banco de México. En ese periodo, los productores vendieron 378.7 millones de dólares en pepino y pepinillo a Estados Unidos y Canadá, cifra superior a los 355.0 millones de dólares registrados en el mismo lapso del año anterior.

    México llega a este escenario con una posición ya dominante. Actualmente es el mayor exportador de pepino del planeta, con casi 880 mil toneladas colocadas en distintos mercados, y abastece alrededor del 80% de todo el pepino que Estados Unidos importa. Esa dependencia convierte al cultivo en una pieza relevante para la seguridad alimentaria de Norteamérica, porque cualquier tropiezo en la producción mexicana repercutiría directamente en el abasto del vecino del norte.

    Ensenada y San Quintín concentran buena parte de ese liderazgo, sobre todo en las variedades persa e italiana, que son las más pedidas por los consumidores estadounidenses. Ahí también se cultivan otras variedades como el blanco, el europeo, el pickle y el americano chino (este último, el de mayor producción en el país).

    Ahora bien, la ventaja mexicana no depende únicamente de la guerra ajena. En 2024 se produjeron más de 959 mil toneladas de pepino en territorio nacional (el 6% de toda la producción de hortalizas del país), y ese mismo año las exportaciones superaron los 800 millones de dólares, siendo el mejor periodo registrado con 895.8 millones de dólares. El segundo mejor año fue 2023, con 804.9 millones de dólares. Esto confirma que el crecimiento venía ya en marcha antes de que se agravaran los conflictos en Europa y Medio Oriente.

    Lo que sí cambia con la guerra es el ritmo y la firmeza de esa tendencia. Si Rusia, Ucrania e Irán mantienen limitada su capacidad exportadora, Estados Unidos tendrá menos opciones fuera de México para cubrir su demanda, y eso le da a los productores mexicanos mayor margen para negociar precios y ampliar contratos.

    Al mismo tiempo, esa concentración también trae un riesgo, porque cualquier problema climático, sanitario o comercial en Baja California golpearía directamente el abasto estadounidense, sin un proveedor alterno de ese tamaño a la vista.

    Fuente: Forbes México

  • La apuesta de Maersk para agilizar la uva chilena a EE.UU.

    La apuesta de Maersk para agilizar la uva chilena a EE.UU.

    Maersk, uno de los operadores de transporte marítimo más grandes del mundo, presentó un nuevo esquema logístico pensado para resolver un problema que lleva años afectando a la fruta chilena que llega a Estados Unidos, que es la falta de capacidad para fumigar en los puertos de entrada.

    La solución nace de un trabajo conjunto con Oppy, empresa proveedora de fruta fresca, y con el Puerto de Wilmington, y busca conectar en un solo flujo las operaciones que hoy suelen estar fragmentadas, es decir el transporte marítimo, la fumigación, el almacenamiento en frío y la distribución terrestre.

    Para entender por qué esto importa hay que partir de un requisito poco visible para el consumidor final, pero determinante para el exportador. La uva de mesa chilena necesita fumigarse antes de ingresar al mercado estadounidense, ya que se trata de un producto regulado desde el punto de vista fitosanitario. Ese paso administrativo tradicionalmente se hacía en origen o en puertos con alta congestión, lo que generaba retrasos, más días de tránsito y un riesgo constante de que la fruta perdiera calidad antes de llegar al anaquel.

    El nuevo modelo que propone Maersk es trasladar ese proceso de fumigación al destino, en lugar de dejarlo atrapado en cuellos de botella portuarios, y lo integra con el resto de la cadena de frío. En palabras de Le Harlin, ejecutivo de Maersk Norteamérica, la propuesta fue diseñada de extremo a extremo (desde las operaciones en Chile hasta la entrega final en territorio estadounidense), coordinando cada eslabón para dar a los clientes mayor visibilidad y control sobre su carga.

    El esquema no se quedó en el papel. Fue probado durante seis meses, periodo en el que se amplió la capacidad de fumigación del Puerto de Wilmington mediante nuevos permisos y mejoras de infraestructura, y se puso a prueba durante toda la temporada 2026 de uva de mesa chilena con servicios marítimos semanales. Según la compañía, el resultado fue una fruta disponible más rápido en el mercado y costos de transporte más bajos frente a las rutas alternativas.

    Aquí es donde el análisis se vuelve relevante para el sector. Wilmington no es uno de los puertos tradicionales de la costa este, y por eso el hecho de que gane capacidad de fumigación no es un dato menor. Le abre al exportador chileno una alternativa real frente a los puertos más congestionados, y de paso ayuda a descongestionarlos, además de facilitar el acceso a los mercados del Atlántico Medio y del Sureste de Estados Unidos, zonas de consumo que antes dependían más de rutas indirectas.

    La otra implicación tiene que ver con el alcance del modelo. Maersk fue clara en señalar que esta mayor capacidad de fumigación no se limitará a la uva, sino que también podrá usarse para otros productos regulados como espárragos, arándanos y cítricos. Esto convierte al piloto en algo más grande que una solución puntual para una fruta y una temporada, ya que sienta las bases de un esquema replicable para buena parte de la fruta chilena que exporta hacia Estados Unidos.

    En un contexto donde la eficiencia logística puede ser la diferencia entre una fruta que llega en condiciones óptimas y otra que pierde valor comercial en el camino, este tipo de alianzas entre navieras, proveedores y puertos apunta a convertirse en un estándar más que en una excepción para la fruta regulada.

    Fuente: Portal Frutícola